WENU, POS ESTE ES EL PRIMER CAPÍTULO D OLDAWA, OK? ES MU LARGO...

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Oldawa
1
Oldawa. Un país. Tres reinos. Tres torres. Tres princesas. Tres historias. Tres mentiras. Una verdad. Tres guerreros derrotados. O salvados. Tres meses. Tres horas. Tres minutos. Fin o comienzo. Oldawa.
                                      2
1 torre
Todo comenzó un día cualquiera. Yo estaba tranquilamente jugando con mis muñecas en mi torre, como de costumbre, antes de merendar. Hilda, mi aya, le estaba poniendo su vestido de paseo a Rosita, pues íbamos a dar una vuelta por la Latipac Atnalp, la ciudad que hay al lado de mi torre. Se me hace algo raro decir las palabras al revés, pero es que en este sitio todo es muy extraño…
 

Mi profesora particular me ayuda a estudiar geografía, y también a desenvolverme con el idioma séver, pero es muy difícil acostumbrarme a decir “¡Aloh!” En vez de “¡Hola!”.
Hilda me cogió de la mano y las tres (Hilda, Rosita y yo) fuimos bajando lentamente, y con la pose erguida, como me habían enseñado, las escaleras. “¡Soneub saíd, asecnirp Aritnem!” me saludaron los guardias, como cada mañana. Yo les sonreí y le pedí a Egroj que me prestara su lanza una vez más, y, aunque se lo supliqué mucho, él no me la dejó, se limitó a acariciarme el pelo y a decirme que era demasiado pequeña. Luego, ante la mirada horrorizada de Hilda, le pedí a Egroj que jugara un poco conmigo. Aquello ya fue demasiado para la tonta de mi aya, que me cogió fuertemente de la mano y me arrastró hacia la salida. Los guardias se quedaron allí plantados, intentando disimular la risa. ¡Bah, idiotas¡ Y no sabía porqué se ponía así Hilda… Bueno, según ella, “las princesas como tú no pueden hablar con los plebeyos tuteándoles”, y, por supuesto, nunca debía, BAJO NINGÚN CONCEPTO pedirle nada a un plebeyo…
 

Bueno, después de este pequeño incidente, y después de escapar de la regañida de Hilda (al final me encontró,, escondida en un tronco hueco en compañía de unas ardillas) nos encaminamos hacia Latipac Atnalp por el sendero principal. Por el camino, muchos carros cargados con mercancías para comerciar en Sanud ed Latem se nos cruzaron, haciendo un ruidillo muy agradable cuando las ruedas pisaban la grava.
Los conductores nos saludaban, y yo les respondía  con un elegante movimiento de cabeza, bajo la mirada aprobadora de Hilda.
El paseo fue muy agradable, pues cruzamos muchas praderas cubiertas de hermosas flores… pero claro, estábamos en el país de las plantas.
Yo fui haciendo un gran ramo y Hilda me regaño por mancharme el vestido de tierra. Bueno total, tengo tantos… El cielo era azul y no tenía ni una sola nube. Se oía el bonito trino de los pájaros y el fresco sonido de las olas del mar, el cual teníamos bastante cerca, pues nuestro país era también continente, al igual que el del desierto, y que el helado, así que se podría decir que Oldawa era una isla dividida en muchos países… es algo fácil de asimilar, si no deseas ponerte límites, pues también es cierto que más allá del mar no hay nada. Eso si es difícil de asimilar, pero es la verdad, según mis libros de geografía…
 

En cuanto vislumbramos las casas de la ciudad, yo me puse muy contenta, y eché a correr, seguida de los familiares gritos de Hilda. Pero cuando me fui acercando, me di cuenta de que lo que oía no era el bullicio propio de la Latipac, sino otro tipo de sonido, uno terrible, que me producía escalofríos por todo el cuerpo… el ramo cayó al suelo.
Hilda llegó por fin a mi lado muy sofocada. Temí que me riñera, pero en vez de eso, me agarro e intentó arrastrarme de nuevo al camino por el que habíamos venido.
A mí me venció más la curiosidad que el miedo, y, librándome de las manos de mi aya, me adentré en la antes alegre ciudad.
Conforme más me iba acercando al lugar del que procedía el sonido, una extraña sensación se apoderó de mí.
Me sentí más seria, más digna, más… mayor. Ésa sensación no podía ser buena. Así que concentré todas mis fuerzas para echarla de mi cuerpo. No oía ni los desesperados gritos de Hilda ni el sonido que antes me martirizaba tanto. Sólo estábamos yo y ésa extraña y molesta sensación…
Mis pasos retumbaban por las estrechas calles de la Latipac. No se veía ni un alma. Ya estaba llegando hacia el mercado, que era el lugar del que provenía el sonido que me atraía, y había perdido a mi aya de vista. Sentí miedo…

25/04/2006 19:23 Autor: celiadelgado. Enlace permanente. Tema: RELATOS.

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Autor: lola

mu bn, mu bn. Solo 1 cosita: me he dao cuenta de que Egroj(o como se llame) es tu primo ¿nu?, pues (digo yo) que nu seras tan mala como para no sacarme a mi también!!! De todas maneras esta muy bien jeje.

P.D.-> era coña lo de que me pongas en tu novela.

Fecha: 06/06/2006 15:35.



Autor: Javier Nazgûl Team

¡Muy bien! Sólo me he leído el primer capítulo, pero me ha gustado mucho. Sabes por dónde cortar el capítulo... XD

Fecha: 08/06/2006 14:00.


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