|
Y YA Q STAMOS, ESTOS SON EL 5ª Y EL 6ª, JEJEJE.(SQ EL 5ª ES ALGO CORTO) 5Después de lo ocurrido no paré de llorar durante una semana. Me encerré en mi habitación y rechacé todo tipo de comida, ayuda y visita. Cada vez que veía a un Oldawense el fuego de la rabia volvía a arder en mi interior, amenazándome con vengarme por lo que había creído durante toda mi vida. Y aún no había asimilado lo de ser humana. ¿Cómo puedo ser de un planeta del que sólo se hablaba en las leyendas? Supongo que sería la única persona humana que procedía de aquel planeta. ¿Y qué habría pasado con mis padres? Posiblemente me habrían olvidado… o aún sufrían por mi ausencia. Me sentía tan mal por todo lo que había pasado que no podía siquiera levantarme de la cama… aún así lo intenté. Me incorporé, temblorosa, y conseguí acercarme hasta el espejo que se hallaba encima de la mesa. Y me miré la cara. Mi rostro, antes blanco como tiza, ahora estaba enrojecido a causa de las lágrimas, mis ojos, antes de un azul intenso y alegre, se habían transformado en dos trozos de negro y reluciente carbón. Y mi pelo… mi pelo seguía siendo tan rubio y resplandeciente como siempre. Mi mano se deslizó hacia la mesa, y toqué algo frío y delgado. Unas tijeras. No pude evitarlo. Largos mechones rubios cían al suelo, unos tras otros descendiendo lentamente. Y yo empuñaba las tijeras firmemente con una mano, y con la otra agarraba fuertemente el mechón siguiente, esperando así no arrepentirme de mi decisión. De todas formas, ya no había marcha atrás. A partir de ahora la Mentira me había dejado marcada, como indicaba mi nombre. 6 Después de tumbarme en la cama durante lo que me parecieron 2 horas, conseguí por fin que una idea se abriera paso entre la rabia y la frustración. Una idea de venganza. Una idea arriesgada, pero letal… Salí de mi habitación dando pasos pausados, con la cabeza erguida y el semblante serio. No miré a los guardias que me encontraba por el camino, aunque ellos hacían grandes aspavientos al ver mi pelo, o mejor dicho, lo que quedaba de mi pelo. Hasta Egroj se asustó, y tartamudeando, se acercó a mí y trató de averiguar la razón de mi extraño corte. Pero yo le hice callar con un gesto brusco de la mano, y seguí impasible hacia mi destino. Aquél chico de pelo oscuro y ojos grises no tenía de lo que sentía, y por mucho que lo deseara, nunca podría ayudarme… Por fin llegué… a la sala prohibida de mi torre. Las advertencias sobre esta sala resonaban en mis oídos… Y no eran formuladas en vano. Los libros de magia oscura se hallaban abiertos y esparcidos por toda la sala, como incitando al visitante a leerlos. Extraños y terroríficos seres se asomaban desde cuadros y botes de cristal, y las telarañas (que no escaseaban) le daban un aire peligroso y lúgubre a la estancia, si eso era ya posible. Aunque el enfado me cegaba todos los sentidos, tuve el suficiente sentido común para advertir la hostilidad de la habitación… Pero aún así di un paso, y luego otro. Primero temblando, y luego más y más firmemente. Pero una voz sonó detrás de mí, y me hizo dar un salto. -Yo que tú no lo haría. Me volví lentamente, y vi a Egroj, flotando detrás de mí. ¿Flotando? Si, Egroj se hallaba levitando, y lo que era más desconcertante: su piel se había vuelto plateada, casi transparente, como la de un… fantasma. Y su rostro, por primera vez desde que lo conocía, me miraba enfadado. -E…Egroj… -No lo hagas. Eso ya sonaba a amenaza. Pero yo estaba tan conmocionada por verle en ése estado que no pude responderle. Me costó horrores cerrar la boca. Me acerqué un poco a él, e intenté tocarlo, pero mi mano, simplemente… lo atravesó. Me retiré, asustada, mas él me seguía mirando con el mismo deje enfadado. -¿¡Qué te ha pasado!? Egroj continuó con su mirada inexcrutable. -Lo que me pase o me deje de pasar no es asunto tuyo, niña. Sólo he venido aquí para advertirte. -¿Ad… advertirme? Este no era el Egroj de siempre, tan cariñoso y animado. Este fantasma que tenía frente a mí era brusco y frío, y sus fracciones se habían vuelto más delicadas…en mi opinión, le favorecía este aspecto… ¿¡¡¡¡Pero en qué estaba pensando!!!!? El caso es que Egroj estaba raro. Muy raro. Me acerqué a una mesa y, automáticamente, el libro que necesitaba se lanzó a mis manos. Parecía que los libros estos también leían los pensamientos. Para comprobarlo, deseé que el que tenía entre mis manos se abriera, por ejemplo, en la página 56. Deseo concedido. La página 56 apareció limpiamente ante mis ojos. Sonreí y cerré el libro. Luego me lo apreté contra el pecho y me dispuse a salir. Pero Egroj se interpuso entre mí y la salida. Casi me había olvidado de él… Lo miré a los ojos, desafiante. -Déjame pasar. El ni se inmutó. -Egroj, te lo advierto. Me estaba empezando a enfadar. Al fin y al cabo, era un estúpido oldawense que me quería separar de mi propósito. ¡A mí! Egroj habló, pero esta vez sus palabras fueron más amables, aunque no tanto como antaño. -Aritnem, eres sólo una niña. No dejes que el odio influya en ti como lo está haciendo. -¿Influirme? ¿El odio? ¿De qué me estás hablando? ¿Cómo sabía el nada? Por lo que yo suponía, el no podía adivinar mis pensamientos… -Percibo el aura de las personas. En estos momentos, tu aura contiene un odio tan intenso que se ha extendido por todo el castillo. Temo por lo que puedas hacer. - ¿Temer? ¿Qué ibas a temer tú, fantasma? Mira, no sé por qué has adoptado la forma de Egroj, ni qué asuntos te han obligado a molestarme…-me estaba sacando de mis casillas- pero no necesito que te metas en mi vida. Él frunció el ceño y se acercó más a mí. Un escalofrío me recorrió de arriba abajo:-¿De verdad crees que no soy Egroj?- parecía divertido –No tienes pruebas-. -¡Egroj no era un fantasma! ¿Egroj era un…! Había estado a punto de decir “humano”. De repente y sin saber cómo, las lágrimas resbalaban por mis mejillas. Bajé la cabeza para que el fantasma no me viera llorar. -No sé ni quién eres, ni cómo sabes tanto sobre mí… Ni siquiera sé cómo debo llamarte, fantasma. Él me levantó la cabeza y me limpió las lágrimas. -Llámame Enheas. Enheas… ese nombre no tenía ni pies ni cabeza, pero le quedaba bastante bien. -Aritnem, lo único que quiero es protegerte. Dijo mientras me cogía la cabeza con las manos: -Mientes. Tú lo que quieres es ayudar a los oldawenses. -Te equivocas. -Entonces, ¿por qué adoptas la forma de uno de ellos? Su mirada, antes tan dulce, cambió de repente para volverse fría de nuevo. Pero no me soltó. Y, de repente, me di cuenta de algo. -Enheas ¿por qué tú me puedes tocar y yo a ti no? De nuevo, su expresión se dulcificó. -Es una de las “libertades” de ser fantasma. Dijo, como sin darle importancia. Levanté más la cabeza. Sus ojos me atraían, de algún modo. Eran tan…expresivos. Sin darme cuenta me había quedado embobada mirándole. Y él lo percibió. Riéndose, se alejó de mí. Yo me sonrojé hasta la médula y el silencio se volvió algo incómodo. Hasta que me di cuenta de que llevaba un libro entre los brazos. Aprovechando aquel momento de distracción por parte de Enheas, eché a correr hacia la salida y no paré hasta llegar a mi habitación y cerrar la puerta rápidamente. Los gritos de Enheas me persiguieron durante la escapada, pero luego no supe más de él… ni de sus expresivos ojos. Cada vez que los recordaba un escalofrío me erizaba el cabello. Pero había conseguido el libro. Y mi venganza daría comienzo por fin.
Comentarios » Ir a formulario
Hello celia, como te va con lola. Pues nada, estamos aqui mirando tu ´pagina. pero no me has hecho caso.¡no has puesto la letra más grande! bueno, calquier día de estos te escribo una carta. ok?
Thau Fecha: 10/07/2006 12:30. |
*VivO pArA DeMoStRaR lO iMpOsIbLe*Felices los que nada esperan, porque nunca serán defraudados...
TemasArchivos
Enlaces
|