YYYY... AQUÍ ESTÁ EL 7º CAPÍTULO!!!

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Aquella era, sin duda, una gran reunión.

Reyes y reinas representantes de todas las especies habitantes en Oldawa se hallaban parlamentando en La Gran Sala del palacio Zityaren, el que estaba situado en el fondo del lago Luza.

 

Era un castillo magnífico. Plateado, con salas de mármol y almenas de cristal. Aunque parezca prácticamente increíble, ni una sola gota de agua se filtraba en su interior, pues un Hechizo Protector de Máximo Grado lo aislaba completamente de componentes no deseados en su interior, y, al mismo tiempo, cuando era necesario, como con la llegada de visitas, el castillo se llenaba de oxígeno. Y para entrar lo único necesario era lanzarse al interior del lago. Si Zityaren te dejaba pasar, aparecías en la entrada completamente seco. Si no, te habrías zambullido en un lago totalmente normal, y aparecerías chorreando en la orilla (si llegabas…).

 

En el interior del castillo había tal numero de salas y de pasillos que un individuo que viajara solo, y decidiera aventurarse a recorrerlo, posiblemente no volviera a ver la luz del sol en su vida, o bien, (y esto era lo más probable), perdería el juicio.

 

Esta maravilla era propiedad de las Nurvas, habitantes del agua, y llamadas vulgarmente sirenas. Y allí, en Zityaren, se habían reunido los distintos reyes/as y, también representantes de: los Hawerns, u orcos, conocidos por su brutal ferocidad, y su aspecto totalmente primitivo.

Las Lavas, ninfas de fuego, cuyos bailes eran para los hombres lo mismo que los cantos de las Nurvas…

Las Staress, o también llamadas hadas, las cuales revoloteaban de un lado a otro, impacientes, su larga melena verde oliva sin parar de ondear.

También se hallaban allí los seres a los que llamaban simplemente, “Oldawenses” o “semi-humanos”, por ser iguales a éstos, pese a que este segundo nombre era lo más parecido a un insulto para ellos.

 

Y por último, los fantasmas, o “los sueños sin cumplir”. Pues, en contra de lo que ocurre en la tierra, los fantasmas oldawenses son seres que vendan sus cuerpos a las Lavas, a cambio de que estas poderosas mujeres les concedan un deseo. Cualquier deseo. Y así, lo único que queda de estos individuos es su alma, que vaga por el mundo, dispuesta a cumplir su sueño, ahora que le han concedido el poder hacerlo…

 

Todos ellos esperaban impacientes, sentados en unas altas sillas de madera labrada, las cuales estaban situadas de forma que formaran un círculo. Nadie sabía hacia donde mirar…

Al fin, Stella Storm, la reina de las Staress, rompió el hielo.

-¿Tardará mucho, Rodarepme?

Preguntó secamente, dirigiéndose al emperador y representante de los Oldawenses.

Éste, incómodo de pasar a ser el centro de atención de los presentes, comenzó a mesarse la barba pausadamente (“lo más importante es la imagen”, se repetía), y respondió:

-No tardará mucho, supongo.

-¿Estás seguro de que esto dará resultado?

Comentó la reina de las Lavas, desconfiadamente.

 

-Sin duda-Intervino el pedante consejero de Rodarepme, observando a los presentes con soberbia-.Él es el más indicado para estos casos, Firella.

Dijo, refiriéndose a la antes nombrada.

 

Era obvio que Firella y sus dos acompañantes (ambas mujeres, por supuesto) no se hallaban cómodas en aquel, palacio debajo del agua, y por ello desconfiaban más de lo normal de todo y de todos, (en cuanto al recién nombrado representante de los Oldawenses, más bien sentían compasión hacia el amedrentado hombre).

Por supuesto, las Lavas no se acercarían bajo ningún pretexto a las Nurvas, pues estas dos especies eran, desde que fueron creadas, como “el fuego y el agua”, nunca mejor dicho…

 

Algo rompió el incómodo silencio que se había vuelto a formar. Fue un gruñido procedente del jefe de los Hawerns, fácilmente reconocible por ser el más grande, fuerte y basto de todos (y el que más mal olía):

-…drrragofness.

 

Viendo que nadie de las sala había entendido realmente el sonido producido por el ser, otro hawern se apresuró a traducirlo, con evidente torpeza.

-Dice quer donnde starr dragoness.

 

Para sorpresa de todos, la reina de las Nurvas, Delta fue la que respondió con un deje de enfado en la voz.

-Hasta el más diminuto y simple de los seres sabría que los dragones nos han traicionado, Grounf- dijo, refiriéndose al rey de los Hawerns-. Ya no se merecen estar entre nosotros.

 

-¿A si?-preguntó interesada Firella- ¿Y cómo ocurrió?  

-Vosotras las Lavas nunca os enteráis de nada… claro, viviendo en el centro del desierto, dudo que las nuevas os lleguen.-Firella pasó por alto éste comentario- Los-dragones-se-negaron-a-seguir-el-plan-establecido.

 

Recitó Delta, haciendo como si le costara mucho esfuerzo contarlo.

-Ah, vale.

Zanjó la representante del fuego, y se recostó en su silla de madera con la cabeza bien erguida, a pesar de que aún no terminaba de comprender en qué consistía el tal plan que los dragones supuestamente habían rechazado.

 

A Firella le caían bien los dragones. Le parecían seres ingeniosos, rápidos e inteligentes. Quizás un poco orgullosos y excesivamente independientes, pero buenos amigos. El brillo de sus escamas, la majestuosidad de sus movimientos… eran los seres perfectos.

 

Lástima que los demás reyes y emperadores no opinasen lo mismo…

Posiblemente habría sido su independencia la que habría formado la imagen de traición en las mentes de los demás seres. Era comprensible… de no ser porque las Lavas también eran una especie independiente frente a las demás. Aunque, por supuesto, no tanto como los dragones. Los espectaculares dragones.

 

-Volviendo al tema inicial- Comentó aburrida Stella Storm, mientras volaba hacia Cervantes, jefe de los fantasmas.-¿Por qué tuvo ese chico que convertirse en fantasma?¿Cuál era el deseo que con tanto anhelo necesitaba cumplir?

-Puesto que nosotras somos las que concedemos los deseos, creo que esta pregunta tendría que ir dirigida a mi, Stella.

Intervino Firella. Delta soltó un resoplido por lo bajo.

-Bien, pues, ¿cuál era el deseo?

-Eso no es de tu incumbencia. Únicamente lo necesitamos para detener a la princesa.

-¿A la humana?

Firella asintió con la cabeza. Sus largas pestañas blancas relucieron.

Stella Storm se volvió hacia Cervantes, alarmada.

-¡Pero si el chico es un fantasma! Es decir, un alma libre. ¡Únicamente puede cumplir su deseo, nada más!

Cervantes sonrió. Fue una sonrisa terrorífica y perversa.

 

-Exacto, su deseo.

-Resulta que el chico ha deseado mantenerse cerca de la princesa.

Aclaró Rodarepme, sin darle importancia, bajo una mirada acusadora de las Lavas.

Pero Stella no acababa de comprender. Se situó de pie en el centro del círculo para evidenciar más su preocupación.

-Pero… ¿no será para protegerla?

 

En este caso, fue Firella la que respondió con una media sonrisa en la cara.

-El simplemente dijo: “deseo estar cerca de la princesa”.

-Para protegerla.

El hada seguía en sus trece.

-Posiblemente.

Respondió Firella, aún más sonriente.

 
16/08/2006 04:59 Autor: celiadelgado. Enlace permanente. Tema: RELATOS.

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Autor: Palomaaarx

Pos yo he visto lo del Wii con la cara de Mario Bros en vez de la del tío... casi me meo

Fecha: 16/08/2006 06:01.


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