CAPÍTULOS 10&11. (quién iba a decir que ya fuésemos por ahí...)

20060910153956-ultra-ch15-c.gifBueno, dado que algunas personas que se leen este blog han pedido más capítulos de Oldawa más rápidamente, voy a concederles el deseo (xD) y os mando por ahora el capítulo 10 y el 11. Estoy pensando si poner un capítulo cada semana, o cada dos… no sé, no sé… ya me lo pensaré. Bueno, os dejo en esta compañía. Besitooos!!!

(Pido perdón porque se haya juntado todo… es que es mucho texto, y aún soy demasiado novata como para controlarlo del todo. Espero que, aún así, se entienda.)

                                             10 

Desperté bruscamente. ¡Me había quedado dormida encima del libro mientras lo estudiaba! Me desperecé y me asomé a la ventana. Tras horas y horas de leer lo único que había conseguido era cabecear.

Y yo que creía que este libro de magia negra me daría alguna pista para mi venganza… pero no.

 

“De toda formas,”-pensé-  “no debo rendirme. Estoy segura de que hay alguna manera de vengarme de estos estúpidos.”

Me vinieron a la cabeza las últimas palabras de Hilda.”Aritnem, no odies a nadie por lo que nos han hecho, pues recuerda que tú habrías hecho lo mismo…vive tranquila y…no…”

 

Intenté retirar a Hilda de mi mente… resultaba demasiado doloroso. Pero justo entonces una idea me iluminó, y me dieron ganas de ponerme a dar saltos de alegría: ¡la  sombra!

 

La sombra que había acabado con mi aya podría sembrar la destrucción en Oldawa. Me imaginé a la gente vieja, al borde de la muerte, y entonces el monstruo que se revolvía constantemente en mi interior dio fuertes sacudidas, deseando que la masacre se realizara.

¿Qué los oldawenses me temían? Pues ahora tendrían una buena razón para hacerlo…

 

Me centré de nuevo en el libro, deseando que se abriera en una parte de invocación. Como otras veces, el libro se abrió en la primera página de la parte deseada. Necesitaba rayos de nuevo… y otra persona para ayudarme a controlar a la sombra envejecedora, razoné.

Al momento, pensé en Enheas. “Sólo quiero protegerte” dijo. Mas, avergonzada, negué con la cabeza. Él no me ayudaría…

La verdad es que no podía contar con nadie.

 

Desilusionada, apoyé la cabeza en el libro. ¡Y éste empezó a agitarse! Me levanté de un salto y comprobé que el libro había dado paso a una nueva página. Una página de crear seres vivos…

 Crear un ser vivo es una tarea complicada, y con resultados peligrosos si no se realiza con suficiente habilidad. La cantidad de material necesario varía según el tamaño y la inteligencia del ser deseado. El libro pasó a una página dónde se describía la creación de un oldawense con una inteligencia mediana. Cómo yo quería que mi ser creado fuera bastante listo, dupliqué aproximadamente todo lo que pude los ingredientes-  Así pues, estos son los ingredientes necesitados para crear un oldawense: ·        Un animal (preferiblemente vivo), del que se deseen proporcionar sus habilidades al ser creado.·        Cuatro mandrágoras de hoja amarilla.·        Un colmillo de orco gigante.·        Dos vasos de agua salada.·        Una pluma de un pájaro del bosque de los Pájaros Terrestres.·        Una palabra para nombrarlo. 

Aquél material era muy difícil de conseguir… excepto el nombre. Ya tenía pensada la palabra con la que nombrarlo. Si, él me ayudaría en mi venganza… Me terminé de leer la preparación:

 Todos estos ingredientes deben ser arrojados en el orden en el que aparecen a un gran caldero lleno con sangre de fénix, en una noche de tormenta. La misión que deba cumplir el ser creado deberá ser pronunciada nada más se termine el hechizo. Si esto no se hace, el oldawense creado tomará la libertad por su mano y se marchará…                                      11

Comenzó a amanecer. El aire gélido de la noche se calentaba con la luz del sol, y la luna se retiraba, derrotada.

Me colgué al hombro un bolso, del que colgaban varios saquitos de cuero, y le hice un pequeño encantamiento anti-gravitatorio a la bolsa para que no me pesara tanto. Luego me abroché una sencilla y tosca capa, tejida de finas enredaderas. Después de asegurarme de que la capucha me cubría bien la cara, salí de mi habitación.

 

Bajar las escaleras y escaparme de la torre fue una tarea sencilla, pues nadie pareció darse cuenta de que, debajo de unos guantes, de un recio vestido y de la capa, se encontraba Aritnem, la supuesta princesa.

 

En cuanto llegué al camino, abrí los brazos y respiré hondo. Los amaneceres de Oldawa eran únicos. Y olían tan bien… el ambiente me resultaba irreal, como el de un sueño…

 

Con paso enérgico, comencé a andar por el mismo camino que había recorrido tantas veces con mi aya. Pero ahora lo veía desde otro ángulo. Ahora el camino no era el principio de un inocente paseo. Era el principio de una búsqueda.

¿Por dónde empezaría? Recorrí mentalmente el mapa de Oldawa. Lo más cercano era el bosque de los Pájaros Terrestres. Pues hacia allá me dirigiría. ¡A por la pluma!

   

Después de dejar atrás la Latipac Atnalp, mi entusiasmo se enfrió. Nunca había pasado más allá de aquella ciudad. Peor tendría que hacerlo, si quería llegar a algún lado con la venganza… no tenía más remedio.

Justo cuando estaba a punto de dar el primer paso más allá de la Latipac Atnalp, una sombra me tapó el sol por unos instantes.

Miré hacia el cielo y vi lo que parecía un gran pájaro planeando lentamente, mientras descendía. Un momento. Aquello no se trataba de un pájaro. ¡Aquello era un dragón!

 

Un enorme dragón de verdes escamas estaba a punto de aplastarme. Me tiré al suelo y rodé, hasta mantenerme lejos de su alcance. Cuando me incorporé, y le miré a la cara, me di cuenta de que su expresión no era de rabia, sino de dolor.

 

Me acerqué con cautela y busqué entre sus escamas el origen de su agonía. Y lo encontré entre los omoplatos. Un pequeño dardo, casi imperceptible, estaba clavado profundamente.

Cuando se lo arranqué, el dragón, antes tranquilo y quieto, expulsó una bola de fuego por su boca, al rugir. Se sacudió, pero yo lo calmé con suaves palabras.

 

Taponé con la mano la hemorragia de la herida, mientras con a otra buscaba en mi bolso una botellita con un bálsamo que consiguiera curarla, o, al menos, calmar el dolor.

 

Por fin la encontré, y vertí gran parte de su contenido en la herida. El dragón gimió. La extendí lentamente en círculos con unas hierbas, como me había enseñado Hilda, y luego di el trabajo por terminado.

De repente, el dragón habló débilmente:

-Observa tu mano.

Me miré las manos, y comprobé con sorpresa que no había ni rastro de sangre en la mano con la que había taponado la hemorragia. Y tampoco estaban las hierbas manchadas de sangre. ¿Qué demonios ocurría?

-Ahora sangre de dragón corre por tus venas.

Sentenció el dragón. Luego, jadeando, desplegó las alas y alzó el vuelo hacia el horizonte…

 

Yo no salí de mi asombro, pero una voz seria rompió mis ensoñaciones.

-No durará mucho. El dardo estaba envenenado.

Enheas salió tras unos matorrales, un arco al hombro y un carcaj en la espalda. 

   

-¡Tú!- sorprendida, di un paso hacia atrás- ¿Qué… qué haces aquí?

-Es evidente. Matar dragones.

-Así que fuiste tú quién le clavó el dardo. ¿Por qué?

 

¿Por qué? ¿Por qué querría Enheas acabar con unas criaturas tan bellas cómo los dragones?

Se encogió de hombros.

 

-De alguna manera hay que ganarse la vida…princesa. Sólo cumplo lo que me mandan.

-¿Lo que te mandan a ti? ¿a un alma libre?

-¿Has conocido anteriormente a algún fantasma, para sentenciar que somos libres? Te sorprendería saber por lo que tenemos que pasar.

 

Me callé, pensativa. Él se acercó un poco más.

 

-Por cierto, que una princesa salga así por las buenas de su torre no es muy frecuente, ni está muy bien visto. ¿Te divierte saltarte las reglas?

-Eso a ti no te incum… ¡ay!

 

La mano izquierda me ardía. El dolor era tan fuerte que caí de rodillas al suelo, la mano apretada contra la tripa. Por primera vez desde que lo conocía, Enheas pareció preocuparse por algo.

-¿Qué te ocurre? Déjame ver.

 

Le tendí la mano, él la abrió lentamente y recorrió la palma con sus dedos. Su cara de concentración dejó paso a unas cejas encorvadas y una sonrisa.

-Interesante.

Retiré bruscamente la mano, más que nada porque me estaban empezando a entrar escalofríos, como cada vez que veía a Enheas.

-Debo irme.- Declaré, mientras recogía mis cosas sin mirarle- Me espera un largo camino.

 

Me estaba alejando ya cuando Enheas dijo a mis espaldas con una voz potente, casi gritando:

-La mano empeorará. El dolor será más fuerte y agudo. Y tú no puedes hacer nada para calmarlo.- Me volví bruscamente, y él inclinó la cabeza con expresión de suficiencia- ¿me equivoco?

 

AL ver que yo me había quedado petrificada, decidió especificar más.

-Déjame acompañarte. Créeme, lo necesitas.

 

Yo no sabía que decir. Por un lado, esa presencia misteriosa que llevaba siempre consigo me intimidaba pero, sorprendentemente, otra parte de mí había deseado siempre que él me acompañara… al final, me dejé convencer con que necesitaría a alguien que me protegiera, y Enheas parecía dar perfectamente la talla.

 

Así que, irguiéndome, y con el semblante solemne, le comuniqué al fantasma mi decisión:

-Está bien. Si prometes no matar más dragones, me acompañarás.

 

Él soltó una carcajada, yo sonreí, y los dos pasamos de largo de la Latipac Atnalp. Y yo estaba alegre porque ya no estaba sola…

10/09/2006 15:40 Autor: celiadelgado. Enlace permanente. Tema: RELATOS.

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