CAPÍTULOS 12&13, SÍRVANSE USTEDES MISMOS!!! xD

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Aclaraciones: De nuevo siento que se haya juntado todo, y dejando eso aparte, creo que es mi deber (y porque me apetece) señalar que el capítulo 13 es uno de los más importantes de la historia, por ahora el más importante que ha salido, según mi opinión.

Así que no voy a enrollarme más, aquí tenéis el 12 y el 13!!!!!

Difrutadlos!!

   12 

Esperanza se despertó bruscamente… de nuevo. Se incorporó en la cama y se frotó los ojos. Las pesadillas no la dejaban dormir, ni esa noche, ni la anterior, ni la anterior… ya prácticamente no recordaba lo que era pegar ojo.

Se estiró en la cama y miró el despertador. Pronto serían las siete de la mañana. Y tendría que volver al instituto, donde se volverían a reír de su pelo negro, de su piel blanca y de su extrema delgadez, y, el tema preferido de los alumnos: “¿por qué Esperaza es autista?”.

Autista… qué tontería.

Y no olvidemos los motes y las burlas que hacían de su nombre. ¿Acaso ella tenía la culpa de que a su madre le diera por ponerle un nombre ridículo?

 

Menos mal que nadie sabía de las pesadillas que la atormentaban cada noche. Pesadillas de un lugar oscuro, y de una sombra de ojos brillantes que se inclinaba amenazadoramente hacia ella. Y en la parte que más miedo daba, una niña de cabellera rubia aparecía, gritando algo. De su cuerpo emanaban rayos, y la sombra desaparecía junto a ellos. Y entonces se despertaba. Siempre.

 

Teniendo esos sueños, no era de extrañar que luego tuviera unas impresionantes ojeras por las mañanas, razonó mientras se observaba en el espejo del baño, al lavarse la cara. Ella a si misma no se veía fea, pero el rechazo y las risas y burlas de los demás habían dado pie a que se vistiera de negro y no se relacionara con nadie. Había acabado siendo “el alma en pena” del instituto…

 

El despertador comenzó a sonar.

  

                          .               .                .

 

Después de mucho caminar, Enheas yo llegamos hasta el lago Luza. Se extendía ante nosotros como una larga sábana color cielo, y mecido suavemente por el viento daba una sensación de tranquilidad y de bienestar que nunca había experimentado. Enheas parecía indiferente.

-Descansaremos aquí.

Nos sentamos entre un grupo de árboles, a la orilla del lago. La hierba era verde y cómoda, y no pude evitar quitarme la capa y tumbarme bocarriba.

El sol me acariciaba los párpados, al cerrarlos… y me dormí.

 

Me despertó un viento helado. Instintivamente, me hice un ovillo y abrí los ojos. Mi capa me tapaba, y Enheas me miraba apoyado en un árbol.

-El lago engaña. Durante el día hace un tiempo primaveral, y por la noche hace un frío helador.

 

Estornudé, y me apreté aún más a la capa. Era verdad, la noche ya reinaba. Nos quedamos mirando la luna, callados, pues sabíamos que no hacía falta palabras en ese momento.

Una dulce música sonaba de fondo; cientos de flautas nos ponían banda sonora.

 

Eran las Nurvas, que cantaban a las estrellas…

    

Esperanza abrió su taquilla, y buscó el libro de sociales y el de matemáticas.

-Maldita sea, ¿dónde estáis?

Susurró entre dientes. De repente, alguien le dio un golpe en la espalda. Se trataba de Jesse, el guapo estudiante de intercambio, que se dirigía hacia clase, seguido del habitual grupito de chicas cursis de risitas tontas.

-Oh, excuse me, Esperanza.

Dijo, mientras sonreía.

 

El grupito de chicas se rió, creyendo que la sonrisa iba a ellas, taponaron el pasillo con sus chismorreos durante un buen rato.

Pero una delgada figura, vestida de negro sabía a quién había sonreído Jesse. Cerró la puerta de la taquilla de un golpe. El corazón se le iba a salir del pecho. Jesse le había sonreído. Sus ojos verdes le habían mirado a ella. ¡A ella!

 

Y además había pronunciado su nombre: Esperanza. Él era el primero que la llamaba así en mucho, demasiado tiempo.

Tan perdida estaba en sus ensoñaciones que no se dio cuenta de que justo por detrás de ella acababa de pasar la chica más guapa del recinto: Andrea, a la que todos los chicos sonreían.

Y tampoco se dio cuenta de que, a lo mejor, para un extranjero le era algo complicado decir “alma en pena”…

   

Nada más terminar las clases, Esperanza se dirigió hacia la biblioteca. Era su lugar preferido, pues no había nadie allí, y se podía dedicar a leer novelas y cuentos, al abrigo de las acogedoras estanterías de libros que desfilaban por la estancia.

 

Sus novelas preferidas eran las que comenzaban con un personaje desgraciado al que le sucedían cosas increíbles, como “Harry Potter”, pues se sentía identificada con el protagonista. Pero su historia solía ser mucho más cutre que la de sus libros: desde que su hermana mayor había desaparecido, sus padres estaban en el fondo de la más profunda melancolía. Aún no lo habían superado, y la existencia de Esperanza les pasaba inadvertida.

Desde luego, tener un nombre como el de Esperanza y una vida así era pero que muy irónico…

Ojala a ella también le ocurriesen sucesos increíbles…

 

“Despierta, Esperanza”.-se dijo, agitando la cabeza-“Eso sólo pasa en esas novelas”.

Devolvió tres gruesos libros, hizo los deberes y se marchó por fin a casa…

   

-¡Papá, mamá, he vuelto!

Gritó Esperanza, cerrando de un golpe la puerta de entrada, y tirando la mochila del instituto a un rincón, sin miramientos. Nadie respondió. “Era de esperar”, se dijo, mientras se servía un gran vaso de zumo de naranja, el que disfrutó largamente mientras se tragaba un culebrón sentada en el sofá.

   

Al rato, su padre se dejó ver. Torpemente se acercó a la puerta y se apoyó en el marco cómo medio dormido. Tomás García era un hombre alto, moreno, de hombros anchos y buen parecer, y tenía el pelo negro cómo el carbón, el mismo pelo que el de Esperanza.

Pese a su aparente buen aspecto físico, desde que Marielle se había dado ya definitivamente por desaparecida, el hombre andaba siempre por la casa como desorientado.

-Hola, esto…Esperanza.

-¡Ah! ¡Hola, papi! ¿Ya has vuelto del trabajo?

-Mmmm… ¿trabajo?

Preguntó Tomás, pasándose una mano por la frente, en señal de cansancio.

-Sí, papá, el trabajo. Bueno, es igual.

-¿Qué tal el instituto?

 

“Bueno, al menos se acuerda de que voy al instituto…”

-Muy bien, gracias, papá.

 

“Realmente ha ido bien”, pensó Esperanza, recordando la sonrisa de Jesse, y sonriendo ella también.

-Bueno, yo me voy a la cama. Suerte con los exámenes finales.

 

Si estaban en otoño…

La muchacha suspiró, y se dedicó a observar el cómo una chica rubia y un chico de pelo moreno se besaban apasionadamente, mientas la verdadera novia del chico los observaba desde un rincón con la boca abierta.   

 

                                 

13

Un rayo de sol naciente trepó por mi cara y me despertó, haciéndome cosquillas en los párpados. Me desperecé con desgana mientras bostezaba, y busqué con la mirada a Enheas, en un movimiento casi robot. Y no lo encontró…

Me puse con lentitud la capa y la bolsa, y, una vez ya preparada, comencé a preocuparme de verdad. Quizá me tenía que acostumbrar a esa faceta suya, quizá no teníamos que estar siempre uno al lado de otro… aunque me sentía muy sola sin él, porque, una vez acostumbrada a su forma de ser, había llegado a creer que me apreciaba de verdad.

Fuese cómo fuese, mi instinto me decía que Enheas estaba bien. Ese fantasma tenía pinta de saber cómo cuidarse.

 

Me asomé a la superficie del lago. Ni los pájaros cantaban, por temor a romper la serenidad de aquél lugar. Cerré los ojos y dejé que la suave y húmeda brisa me envolviese.

La mano no había vuelto a dolerme. Eso era un alivio…

Me la miré y solté un grito ahogado. Una mancha violeta se había empezado a extender por la palma, y se enroscaba a lo largo de los dedos cómo una enredadera. Mi brazo también había empezado a sufrir ese raro ataque.

-¿Qué demonios es esto?

Murmuré, palpando la mancha. Era de una sustancia dura y brillante, pero que se adaptaba perfectamente a los movimientos y a las arrugas de mi mano.

 

Mientras observaba interesada mi mano, unas sombras emergieron estrepitosamente del agua y me agarraron de por debajo de los brazos.

-¡Eh! ¿¡Qué pasa!? ¡Soltadme!

No me sirvió de nada resistirme y patalear, porque las figuras me agarraban muy fuertemente como si en lugar de manos tuvieran tenazas, y me internaron en el lago bruscamente.

Una vez dentro, me arrastraron con una sorprendente facilidad hacia una enorme puerta de cristal, situada entre un bosque de corales, y perteneciente a…

De la sorpresa, abrí sin querer la boca, y de súbito me dio la impresión de que me había tragado al menos medio lago.

 

Después de escasos segundos, (en los que no me ahogué por pura casualidad), las puertas del castillo de Zityaren se abrieron silenciosamente, y las dos figuras entraron llevándome a mí medio desmayada ya…

Me arrojaron bruscamente a un frío suelo de mármol, dónde me quedé tumbada, tosiendo y vomitando agua, sin fuerzas.

-¿Qué…qué sig…nifica todo esto?-Conseguí pronunciar, cogiendo aire entre cada sílaba.

Nadie me hizo ni caso.

-Señora, aquí está la princesa Aritnem.

Al oír mi nombre, levanté la cabeza y me aparté el pelo mojado, que se había quedado pegado a mi cara… para ver a una bellísima criatura.

 

Su cuerpo, transparente y ligero cómo el agua y con formas de mujer, se alzaba imponente delante de mí. Su cara era de rasgos delicados y de realeza, y su pelo era una lluvia de agua que, constante, caía por su espalda. Pero lo más bonito de todo eran sus ojos; pues tenían el iris plateado y brillante, y eran limpios y serenos.

Toda ella parecía tan delicada, que difícilmente asimilé el semblante tan serio que ponía.

Era Delta, reina de las Nurvas, conocida en las leyendas por ser la más bella de estos seres.

 

Delta se levantó de su trono y avanzó hasta situarse enfrente mío. Observé que en un apoyabrazos de su trono había un gato blanco, que se lamía tranquilamente las patas delanteras.

-Princesa Aritnem.

Pronunció gravemente la reina.

Parecía enfadada, pero… ¿Por qué razón? No había establecido en mi vida relación con las Nurvas. No podía ser… ¿Acaso había adivinado mi plan para soltar a la sombra?

Jadeando aún, me incorporé.

 

Con un movimiento de cabeza, Delta ordenó a las demás Nurvas que nos dejaran solas.

-Princesa Aritnem, había oído hablar mucho de ti. Así que robando libros de las Sala Prohibida y escapándote de tu torre,¿eh?- Había un brillo extraño en su mirada, mientras daba vueltas a mi alrededor. El gato dejó de lamerse las patas, y nos miró, interesado.-Pues que sepas que te hemos descubierto.

 

¿¡Quéeee!? ¿Cómo podían haberme descubierto?

 

-Yo…yo…

No podía pronunciar palabra. La mirada de la Nurva me aterraba.

-¿Quieres saber gracias a quién ha sido?- Me preguntó ella, poniendo un suave y falso tono de voz-Nos lo ha dicho todo tu gran amigo…Enheas.

Una puerta se abrió, y de entre las sombras apareció Enheas, con el semblante serio, y la mirada, de nuevo, inescrutable. Delta se reía, triunfante, mientras yo me había quedado mirando al fantasma, las lágrimas resbalando copiosamente por mi cara. Otra traición, otra mentira… ¿mi vida estaba destinada al engaño?

Definitivamente no me quedaba nadie en quién confiar. Estaba sola, completamente sola…

Escondí la cabeza entre los brazos y me quedé llorando en el suelo, mi cuerpo temblando con cada sollozo, mientras una Nurva reía y un traidor me miraba.

PD: Éste es un vídeo de uno de mis videojuegos preferidos, con el que crecí y al que quiero muuucho: Zelda. El vídeo es un trailer del nuevo juego que van a sacar, (supongo que para la nueva Game Cube), y tiene de fondo música de Linkin Park. Hala, por vuestra cara bonita!!!!  xDDD

http://www.youtube.com/watch?v=_sg_gOG8x5g

 

18/09/2006 17:54 Autor: celiadelgado. Enlace permanente. Tema: RELATOS.

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