|
Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2006. CAPI 14!!!! (dios... "capi"... en fin. xDD)Rayos sin fin -Esperanza, cariño, come algo más de ternera, que estás en los huesos. Desde luego, los adolescentes de hoy en día, no sé en qué estarán pensando; que si adelgazar, que si perder peso… en mis tiempos se comía mucho más que ahora, nos dedicábamos a jugar, a correr y a saltar, no a ir de tiendas, que sólo sirve para gastar dinero sin fundamento. ¿Más ensalada? Desde luego, no sé en qué estarán pensando… Pilar, madre de Esperanza y ama de casa compulsiva, era una mujer alta, de piel blanca, pelo rubio teñido y unas buenas dosis de pintalabios rosa chillón y sombra de ojos azul claro. Y no paraba ni un segundo. “¡Dios mío, no se callará ni dormida!”, pensó Esperanza, mientras se dedicaba a mover con desgana los trozos de ternera por el plato. -Esperaanzaa, deja de jugar con la comida, que pareces una niña pequeña. A Pilar también le había afectado la desaparición de Marielle, pero al contrario que a Tomás, a ella se le había desarrollado aún más el parloteo, hasta el punto de volverse algo insoportable. -Ya no tengo hambre. Me voy a la cama. Sentenció Esperanza, con voz cansada. Y aprovechó la conversación con sí misma que mantenía Pilar acerca de las rebajas para escaparse del filete de ternera que tanto le costaba tragar. Una vez en su cuarto, tuvo todo el tiempo del mundo para relajarse y leer, y al cabo de unas 50 páginas se durmió, al fin… Al día siguiente, se despertó 20 minutos antes de lo normal, no por las pesadillas, que las tuvo, sino porque… porque se sentía extrañamente alegre. Quería ver a Jesse, quería que él le volviese a sonreír. Se cogió una manzana para el camino y sin despedirse se fue al instituto dando brincos. Le brillaban los ojos…. -Esperanza García, ¿puede decirme cuál es la capital de Taiwán? ¿Esperanza? ¡Esperanza! Esperanza miraba al vacío desde la última fila, con una sonrisa boba en la cara. -¿Eh? Perdón, profesora… ¿puede repetir? Dijo, con voz asustada. -¡Mirad! ¿El alma en pena ha regresado! -¿Qué tal tu viaje por el inframundo? -¡Apuesto a que por eso ponía esa cara de idiota! -¿Soñando con Hades? Los demás alumnos de la clase rieron estrepitosamente. -¡Basta ya! Esperanza es una alumna muy aplicada y seguro que se sabe la respuesta perfectamente. Adelante, Esperanza, dinos la respuesta. -¡Enchufada! -¡Calla! Por su parte, Esperanza estaba en un gran aprieto, porque su mente no le respondía. “Taipei. La capital de Taiwán es Taipei. ¡Venga, Esperanza, dilo, por lo que más quieras!” Pero al ver a Jesse dos filas más adelante, haciendo garabatos en un cuaderno, otros pensamientos inundaban su cabeza: “A Jesse seguro que no le gustan las empollonas. No se fijará en mí si sigo con esta actitud. Tengo que conseguir impresionarle…” Así que, sin saber cómo, salieron de su boca unas palabras que ella nunca habría dicho en su sano juicio: -Lo siento, profesora, pero no entiendo la finalidad de la pregunta. ¿Para qué nos hacen estudiar la capital de Taiwán sabiendo que no nos va a servir para nada? Yo, personalmente, nunca pienso viajar a Taiwán, y creo que la mayoría de la gente aquí presente tampoco. Y déjeme añadir una cosa más: sinceramente, nunca me han interesado lo más mínimo ni los ríos ni las montañas de Europa. Al finalizar el discurso, toda la clase estaba con los ojos fuera de las órbitas, excepto Jesse, que no parecía tan impresionado, pero que tenía una mueca divertida en la cara, cómo observó satisfactoriamente Esperanza. La profesora se había quedado con la boca abierta, mientras la tiza que tenía en la mano derecha se resbalaba y caía al suelo, rompiéndose en mil pedazos. Entre tanto, Esperanza recogía sus cosas y se marchaba de clase, rogando al cielo que Jesse hubiese visto la expresión de suficiencia que acababa de poner. Más tarde, volviendo a casa después de haberse escondido durante la hora de clase que quedaba en los baños (la profesora la estaba buscando, y como es de suponer, a ella no le hacía especial ilusión que la encontrase), se arrepintió de lo que había hecho. Por mucho que impresionase a Jesse su actuación, se armaría la gorda en cuanto la profesora hablase con sus padres. La chica suspiró por lo bajo. Más problemas… De repente, sintió algo húmedo en la cabeza. Agua. Estaba empezando a llover. Oscuros y amenazadores nubarrones se agolpaban en el cielo, iluminados por momentos a causa de los rayos, que cortaban el cielo como grandes cuchillos. Un trueno hizo temblar el suelo, y Esperanza se estremeció. Pero no sólo ella había dado un bote. Había una persona detrás de ella. Se giró para averiguar de quién se trataba, y se le cortó la respiración: detrás de ella, con el rubio pelo chorreando, Jesse miraba al cielo con los ojos verdes muy abiertos. -¡Jesse! ¿Qué haces? ¡Hay una tormenta horrible! Y, además, tu casa no es por aquí. Le reprochó, confusa pero halagada (¿estaría él allí para hablar con ella?). Jesse apartó rápidamente la vista del cielo, y miró sorprendido a Esperanza, como si ella fuese la que estaba fuera de lugar. Luego recordó lo que quería decirle: -¡Ah, sí! Quería decirte que me gustó mucho tu “discurso” -Eh… si, bueno, a mí también-mintió descaradamente-. ¿Qué ha pasado luego en clase? -Bueno… digamos que ha cambiado un poco la opinión que tenían about you.-respondió él, sonriendo. Esperanza sonrió también, con mal disimulado nerviosismo, y ambos se quedaron así hasta que otro trueno resonó, mucho más grande si se puede que el anterior. -Bueno, espero que nos veamos más en el instituto. Ella estuvo a punto de hacer oír un “yo también” por encima de los truenos, cuando una luz que venía del cielo los iluminó brutalmente. Incapaces de abrir los ojos, los dos chicos se taparon la cara con el brazo rápidamente. Cuando la luz se desvaneció, tan rápida como había llegado, en la calle sólo quedaba la presencia de la lluvia, que rebotaba y chispeaba sobre las baldosas, incesante. Frío. Mucho frío. Cuando Esperanza abrió los ojos, lo único que vio fueron pequeños copos de nieve que revoloteaban frente a ella, se le estrellaban contra la cara y se le enredaban en el pelo y en las pestañas. Se levantó. Alrededor suyo abetos desfilaban, si dejar ver lo que había detrás de ellos. El suelo era nieve, y el cielo escarcha. Parecía uno de esos paisajes de navidad que hay en el interior de las bolas de cristal, esas que se agitan y los copos de nieve dan vueltas y se posan encima de los diminutos arbolitos y bastoncitos de caramelo. Sólo que esto era real, y mucho más desolador. Se frotó los brazos, sintiendo cómo la energía y el calor abandonaban su cuerpo. “¿Qué está pasando?” Recordaba perfectamente la calle de Zaragoza mientras caía la tormenta, y lo que le había dicho Jesse… “¿qué hago yo aquí?” Los copos de nieve seguían cayendo, indiferentes. La chica no se atrevía ni a moverse, pensando desesperadamente que aquello podía ser sólo un sueño, únicamente una imaginación suya. Así que decidió esperar a volver a la realidad sentada, apoyando la espalda en el tronco uno de esos abetos, que parecían enormes pasteles cubiertos de harina. Y sin querer, se durmió. Dos cuervos sobrevolaban el desierto, lenta, suavemente, con las alas desplegadas, inspeccionando la arena en busca de comida. Volaban juntos, mirando uno hacia la derecha y otro hacia la izquierda, para así tener mayores posibilidades de encontrar algo. Al fin, uno de ellos divisó lo que parecía un cadáver completo entre las dunas. Sin demora avisó a su compañero, con graznidos alegres, u los dos se precipitaron hacia el cuerpo tendido boca abajo, en la arena. Una vez en el suelo, descubrieron satisfactoriamente que la cena se trataba de un muchacho en muy buenas condiciones, con un extraño pelo amarillento. Eso les desconcertó un poco al principio, pero terminaron por ignorarlo. Aquél chico posiblemente sería el hijo de un comerciante que lo habría mandado al mercado, a vender, y al pobre muchacho se le habría agotado el agua, o le habría mordido alguna serpiente venenosa del desierto, ¡que importaba! Sería una cena grande y jugosa, habían tenido mucha suerte. Uno de ellos, el que lo había descubierto, lo atizó el primer picotazo en de la mejilla que tenía al descubierto, y la cena emitió un aullido, a la vez que se incorporaba y daba manotazos a diestro y siniestro, con la herida cubierta de sangre. El cuervo salió despedido hacia atrás, y él y su acompañante volaron asustados hasta situarse a una distancia prudencial del cadáver, (que ya no parecía tan muerto), sin dejar de observarlo con sus grandes ojos, rojos como rubíes. El chico se incorporó, lentamente y tambaleándose. Se acarició la herida y luego observó con los ojos entrecerrados su mano, como sin dar crédito a que estuviera cubierta de sangre. Miró a su alrededor, en un intento fallido de orientarse, para después frotarse los ojos, suspirar y fruncir el entrecejo. Los dos pájaros se miraron el uno al otro, y cómo leyéndose la mente, volaron hasta situarse mansamente en ambos hombros del muchacho, que dio un respingo e intentó espantarlos, pero ellos se agarraron más a la camisa con sus garras. Y de nuevo volvieron a actuar conjuntamente, agitando las alas y dando tirones de la ropa. Querían que les siguiera. Él comprendió y se dejó llevar, medio aturdido, pellizcándose para comprobar si aquello que estaba ocurriendo era real o era algún sueño algo más real que los demás. Había leído en alguna revista que el subconsciente podía llegar a jugar verdaderas malas pasadas. Pero de ahí a sentir el calor de un desierto o el dolor de una herida… La cabeza le daba vueltas. No le apetecía pensar, una reflexión más y su cabeza explotaría (ya se estaba imaginando con angustiante nitidez sus sesos desparramados entre las dunas más cercanas, y eso no lo ayudaba a mejorarse en absoluto). Así que se resignó a seguir a los cuervos. A algún lado tenía que conducir todo aquello… Alguien zarandeó a Esperanza salvajemente, haciendo que su cabeza rebotase contra el tronco del árbol en el que estaba apoyada. Gimió de dolor y abrió lentamente los ojos, sujetándose la cabeza con las manos. Lo primero que vio fueron dos botas negras y relucientes como escarabajos alejarse dando zancadas, haciendo un ruido sordo en la nieve virgen. Al ir levantando la mirada descubrió que el perteneciente de esas botas era un hombre de mediana edad, alto y atlético, con algunas canas ya por el cabello. Al volverse éste, Esperanza avistó que una enorme y blanca cicatriz le cruzaba la cara desde el pómulo hasta la garganta, lo que daba un aspecto amenazador a la sonrisa con la que la estaba mirando ése momento. Era como se había imaginado tantas veces a los malvados que aparecían en sus libros, para destruir el mundo, y cosas por el estilo. La diferencia era que el verlo en carne y hueso, era (con mucho), más aterrador aún, y sobre todo sintiendo que no está mirando al protagonista del libro tan malévolamente, sino a ti, y que las cosas no suelen sucede tan providencialmente como dicen los libros: que si aquel hombre quería matarla, no iba a aparecer de la nada un héroe dispuesto a rescatarla valientemente. Vamos, que Esperanza se estaba muriendo de miedo. El héroe no tuvo que aparecer, pero lo que sí que surgió de entre los árboles fue otro hombre, más joven de apariencia, pero con la misma presencia amenazadora que el primero. Y como el otro, también tenía una cicatriz en el cuerpo. Pero la suya se enroscaba alrededor de su cuello como si se tratase de una especie de gargantilla con ramificaciones, blanca y bastante fea. Los dos hombres de las cicatrices se saludaron como si se conociesen de toda la vida, y luego volvieron a observar a la chica, que se había encogido contra el tronco del árbol, con los ojos muy abiertos. Lo que se dijeron a continuación con voces roncas y sonrisas siniestras no fue asimilado por el cerebro de Esperanza; porque no entendía nada. De golpe y porrazo, se sentía más que nunca como una extraña en el sitio ése que parecía una bola de navidad, dónde los hombres tenían cicatrices, y hablaban raro. Porque ése idioma no se parecía en nada al inglés, ni al francés, ni a algún idioma del que ella hubiese oído hablar. Y lo más raro de todo era que le sonaba conocido, cómo cuando se tiene un nombre o una dirección en la punta de la lengua, pero no se es capaz de recordarlos. No tuvo mucho tiempo más de reflexión, porque el hombre más mayor de los dos se acercó hacia ella, rompiendo todas las barreras de tranquilidad que Esperanza había intentado crear devastadoramente. La chica se intentó liberar, gritó y pataleó, pero el hombre ya la había maniatado y amordazado en segundos. El otro de la cicatriz en el cuello le arrebató la mochila y la vació sobre la nieve. Lo único que consiguió fueron los libros de estudios de Esperanza, lo que pareció causarle gran enfado, ya que se puso a aullarle a su compañero en ése lenguaje tan raro. Por su parte, la chica, en aquél momento, maniatada por dos hombres con más pinta de mafiosos que de otra cosa, en un paraje extraño y desolador, no pudo evitar preocuparse por lo que le diría su madre si viese sus libros de matemáticas, sociales e inglés esparcidos, pisoteados y cubiertos de nieve. Los dos hombres, ahora aún más peligrosos que antes porque estaban enfadados, hicieron avanzar a Esperanza por los parajes llenos de nieve y hielo a empujones en la espalda, y así anduvieron bastante tiempo, descontando en el que levantaban a la muchacha una vez que se había caído de bruces por resbalarse en el hielo. La verdad es que no fue una marcha muy magistral. Pero al final los empujones y las caídas cesaron, para gran alivio de Esperanza, y los dos hombres de las cicatrices se adelantaron hacia una gran mole de roca con profundas grietas bordeadas de nieve, y algún que otro arbolillo triste y seco que crecía por allí cerca. Aunque los dos hombres habían desviado su atención en otra cosa, y le daban la espalda, ella no tenía muchas ganas de salir corriendo y huir. ¿Adónde iría? Y además, la idea de tener a dos hombres grandes y fuertes con cicatrices en la cara persiguiéndola por un desierto de hielo no le entusiasmaba mucho. Así que, como firmando ya su sentencia de muerte, se adelantó detrás de ellos con pasitos cortos. Parecían estar discutiendo por algo los dos hombres. Uno negaba y el otro afirmaba, pero al final, el mayor le soltó cuatro gritos al otro, y la conversación se resolvió de forma pacífica, sin ningún comentario más por parte del joven. Así que el mayor sacó en silencio un cuchillo de su bota, un cuchillo de la longitud que va desde la mano hasta el codo, con incrustaciones de rubíes y bañado de oro, lo cogió fuertemente y lo incrustó en la roca. El cuchillo no se rompió, pero la piedra se agrietó sonoramente, con rajas del tamaño de una persona bien alta. Los dos hombres escotaron a Esperanza a través de la grieta más grande, como si fuera lo más normal del mundo. Cuando ellos entraron, la grieta volvió a cerrarse silenciosamente, y la piedra quedó intacta de nuevo, con aspecto inocente.
EL JUEGO DE LAS FRASES!!!! ^^![]() Weno, weno, weno… este juego lo he visto en un foro, y como me ha encantado, pues lo pongo aquí… Se trata de, eligiendo cada opción que te corresponde se forma una frase…digamos, muy inusual xD. Mi frase, por ejemplo, es: “Amé a un pez de colores porque lo confundí con un T-REX!” (ojito: T-REX= tiranosaurio rex) Jajajajajajaja!!! Weno, espero que me contéis vuestras frases!! Bayis. Coge el mes en que naciste:Enero-- Bailé con Febrero-- Amé a Marzo-- Me acosté con Abril—- Me masturbé pensando en Mayo-- Le arreé una patada a Junio--Quise casarme con Julio-- Le canté el Aserejé a Agosto-- Tuve una cena romántica con Septiembre-- Me lanzé salvajemente sobre Octubre—Me baje los pantalones delante de Noviembre-- Le grité a Diciembre-- Me alejé corriendo de Ahora coge el día (en número) que naciste: 1------- Un clip 2------- Un monstruo peludo y unicejo 3------- Un teléfono con el politono de las Supremas de móstoles 4------- Un cazo de servir Sopa 5------- Un mafioso 6------- Una japonesa 7--------Un Caballo 8-------Tu padre 9------- El novio de mi mejor amiga 10------ Una ardilla 11------Un mP3 12------ Un pepino 13------ José María Aznar 14------ Un animal de peluche 15------ Una gaviota 16------Una lechuga 17------ Tu madre 18------ Carmen de Mairena 19------ Un champiñón Gigante 20------ Un calcetín sudado 21------ Un pez de colores 22------ Un bombero 23------ Un bebe 24------ Mi vecin@ cachond@ 25------ Un bate de béisbol 26------ Un cubo de basura 27------ Un preservativo usado 28------ Mi profesor más odiado 29------ Un rotulador permanente 30------ Un libro de Kamasutra 31------ Un árbol en un parque lleno de niños Coge el color de la camiseta que llevas ahora mismo: Blanco------ Porque tengo cierto retraso mental Negro------- Porque le quiero mucho como la trucha al trucho. Marrón------ Porque acababa de cortar con tu Gato Desnudo-----Porque mis pezones estaban horny horny Rosa-------- Porque llegaba tarde al casting de OT. Rojo-------- Porque unas voces me dijeron que lo hiciese Azul-------- Porque soy sexy sexy sexy, y hago lo que me da la gana Verde-------Porque quería olvidar a ZP Violeta----- Porque tu olor corporal me obligó Gris-------- Porque soy gay/lesbiana Amarillo---- Porque alguien me dijo que lo hiciese a cambio de sexo Naranja------Porque le/la confundí con un T-REX Otros--------Porque así soy yo YYYY... (cómo x ahora no se me ocurre que más poner xb) CAPÍTULO 15!!!!![]() Preguntas sin respuestas Anduvieron por un túnel estrecho y oscuro lo que parecieron horas. Subían, bajaban, giraban…. Esperanza sentía pasar las bifurcaciones una tras otra, pero los dos hombres no se detuvieron ni un solo momento, y ella no podía hacer nada, así que se concentró en su antigua vida para pasar el rato. Lo recordó todo a la perfección: La clase, el rostro anonadado de la profesora, a Jesse, la tormenta, la luz blanca…y de nuevo el paisaje nevado. Por más que se intentaba exprimir los sesos para encontrar algún recuerdo entre la luz blanca y aquél páramo, estos se negaban a aparecer… o no existían. “¡Por supuesto que existen, Esperanza, no seas estúpida!” Aquella era la situación que muchos de los protagonistas de sus libros habían vivido tantas veces. Y pensar que ella les tenía envidia… ahora prefería estar recibiendo la bronca de la profesora a lo que estaba viviendo. Tuvo tiempo de lamentarse y de dar vueltas al asunto muchas veces, y cuando al fin llegaron a lo que parecía que era su destino, (una sala bastante grande que parecía hecha por un grupo de topos), la luz de unas antorchas casi la dejó ciega. Cuando al fin consiguió abrir los ojos, se encontró con que la sala estaba completamente llena de joyas, monedas de oro, y todo lo similar a ellas. Candelabros dorados sobresalían de enormes bolsas junto a rubíes, zafiros y collares de perlas. Había montañas de dinero en algunos rincones, y el suelo estaba tapizado de alfombras persas de ricos bordados. Aquello parecería la cueva de Aladino de no ser porque más hombres con cicatrices se amontonaban sentados al lado del dinero, riendo, jugando a las cartas o comiendo de forma salvaje. Al llegar los que escoltaban a Esperanza, todos se volvieron y esbozaron una mueca que se parecía a una sonrisa muy de lejos. Los dos hombres explicaron un par de cosas, y de repente, de un oscuro rincón apareció un muchacho, el más joven de todos aquellos hombres, pero casi igual de feo. Por suerte, su cicatriz sólo llegaba desde un lado a otro de la mejilla. Tenía el pelo negro, y vestía con andrajos que dejaban ver lo flacucho que estaba. El chaval pareció ofrecerse voluntario para algo, y los dos hombres, complacidos, empujaron a la chica hacia él, y se alejaron para jugar una partida a las cartas con sus amigotes. El muchacho le dirigió a Esperanza una sonrisa torva que hizo que se le revolviese el estómago, y luego le fue dando empujoncitos hasta el final de la sala, que acababa en una puerta de madera muy tosca. Llamó tres veces. Nada. Volvió a llamar, esta vez con más fuerza. Nada de nada. Nadie contestaba. Al final, abrió lentamente, y volvió a empujar a la chica hacia una nueva sala. Aunque ésta no estaba llena de oro, ni de joyas, los tapices y las alfombras la inundaban: por las paredes, por el techo, por el suelo… Estaba iluminada por candelabros, y aparte de ellos y de una mesa sobre la que había algo de fruta y vino en una copa de oro, la sala parecía desierta. Y en un rincón, entre las sombras, había una figura. Y aquella figura roncaba. Se acercaron cautelosamente hacia ella, y al agacharse, Esperanza se dio cuenta de que aquella figura no era nada más ni nada menos que un chico dormido, con los brazos tras de la cabeza y una sonrisa en la cara. El acompañante se arrodilló a su lado y le sacudió levemente la cabeza. Y entonces el chico dormido abrió los ojos de repente, sorprendido. Se incorporó bostezando, sin parecer enterarse de que Esperanza estaba frente a él. Pero en cuanto la vio, sus ojos se quedaron enredados en su pelo. Ni siquiera parecía antender al otro muchacho mientras éste le explicaba lo que quiera que fuese que le estaba explicando. Esperanza no sabía dónde mirar… Al fin, el acompañante terminó su informe y también se quedó mirando extrañamente a la chica. Ella paseó la mirada entre los dos, pues ya que ellos no tenían vergüenza, ella tampoco se veía en la obligación moral de tenerla. Uno desgreñado, con harapos, con el oscuro pelo y la cara sucios, y por otro lado, el otro, con el pelo naranja oscuro, casi rojo, perfectamente limpio (aunque no peinado) y ricas pieles para vestirse. Y un adorno extraño y extravagante que a ella le extrañó por encima de todo: en cada oreja, este chico llevaba muchos pendientes. Pero no pendientes pequeños cómo ella veía a veces a algunas personas, sino pendientes más o menos grandes, dorados, plateados, con pequeñas piedrecillas incrustadas, con forma de luna, de sol, de estrella…. Era muy raro, pero le quedaban bien. Y encima ella era la que parecía ser la extraña. Se miró las manos. ¡Pero si ella no tenía ningún adorno así, ni su corte de pelo era extravagante, ni llevaba un tatuaje muy grande, ni nada por el estilo! Si aquellos chicos eran listos, descubrirían que ella no tenía nada de interesante, y entonces la dejarían marchar… o eso esperaba. El muchacho extraño de los pendientes despidió con un gesto al otro, y en cuanto éste hubo abandonado la sala, se inclinó sobre Esperanza con una sonrisa pícara en la cara, y, para sorpresa de ella, le cortó las cuerdas que la maniataban. Guardó el puñal que había utilizado debajo de la manta más cercana y se sentó con las piernas entrecruzadas frente a ella, mirándola como si se tratase de un animal extraño. -¿De dónde eres?- (frases en séver traducidas a castellano para mayor comodidad del lector, y para que el Word no se me vuelva loco…)-¿Eres de la capital Ojab Orec? ¡Contesta, venga! La chica, por supuesto, no contestó, porque no sabía lo que le preguntaban, y se limitó a quedarse con la vista fija en el suelo sin saber que decir. El muchacho suspiró y se tumbó en el suelo tranquilamente, con las manos detrás de la cabeza. -Mira, no tenías nada de valor cuando te encontramos, así que no creo que te hagamos nada…por ahora. Si es eso lo que quieres, contribuye un poco, porque sino haré que te saquen de aquí a patadas, y que te dejen en la comodidad de tu árbol helado hasta que te mueras de frío. O, por el contrario, si me cuentas tu historia puede que simplemente pidamos un sustancioso recate por ti, o que…talvez…- dijo, mirándola de reojo- seas una buena bandida. Con esa pinta de mosquita muerta que tienes nadie sospecharía lo más mínimo. Eso sí; de aquí no vas a salir hasta que no me digas tu nombre y todo lo demás. Comenzaré de nuevo: ¿Cómo-te-llamas? Esperanza suspiró y decidió que se arriesgaría. Al fin y al cabo, ella había entendido el tono de la pregunta. Así que contestó lo primero que se le pasó por la cabeza. Lo elemental. -Yo… yo soy de Zaragoza, España-explicó, vocalizando mucho para hacerse entender-. No… no comprendo nada de lo que está pasando…yo… Y sin quererlo, comenzó a llorar, y el llanto ahogó sus palabras. El chico se le quedó mirando de nuevo con los ojos muy abiertos, para luego asentir y sonreír levemente. -Así que eres humana. * * *
El jefe de los bandidos salió de su habitación después de cerrar con llave, sin pronunciar palabra y silenciosamente. En sus brazos llevaba a una chica dormida, la cual no parecía pesarle mucho. Ni uno de sus hombres lo vio, pues se escabulló por pasadizos oscuros de la guarida que sólo él conocía. Al salir al exterior atravesando la roca, se alejó hacia el claro de los abetos dónde decían haber encontrado a Esperanza, y una vez allí, la dejó en el suelo y miró alrededor. No había nadie cerca. Se arrodilló al lado de la chica, agarró un trozo de nieve y se lo dejó caer en plena cara. Esperanza, se incorporó con un grito, mientras el chico se partía de risa. -Lo siento- dijo él entre carcajadas-. Es que era la única forma de que te despertases. -Pues podrías haberme sacudido un poco, pedazo de bruto.- Rezongó ella, quitándose la nieve de la cara. -Es que estabas dormida como un tronco, así que te he tenido que traer aquí personalmente. Y aun así te quejas. Hay que ver… en fin, paseo matutino: ¡allá vamos!- Exclamó el chico, alejándose entre los árboles alegremente. Esperanza no pudo ocultar una sonrisa al verlo marcharse como un niño pequeño. Habían pasado ya dos semanas desde que ella apareciese en aquél claro, y en aquellas dos semanas había descubierto y aprendido más cosas que en dos meses de su vida anterior. Nibor se lo había explicado todo en uno de sus paseos: “Hacía miles y miles de años que los terrícolas (humanos) no visitaban Oldawa. Y las veces que sí que lo hicieron no fueron por motivos turísticos, precisamente. Guerra. La sola palabra ya lo decía todo.En cuanto llegaron los humanos, la fiebre esa de poder tan molesta que tienen les incitó a conquistar el planeta, violando todo pacto de amistad y convivencia con los que vivían en aquellas tierras. Nurvas, Lavas, Dragones… todas y cada una de las especies se pusieron de acuerdo para contrarrestar aquella ofensiva. Se dice que fue una batalla increíble… “La estrella de Oldawa quedó dividida en dos partes: por un lado, los humanos, que para aquél entonces vestían como nosotros y luchaban con espadas y toscas armas de madera y hierro. Y por el otro, legiones y legiones de Magos, Dragones, Nurvas, Lavas, Hadas, Orcos, simples pueblerinos con rastrillos y hachas, soldados con lanzas, y algún que otro fantasma, que como siempre van a su bola, sólo alguno de ellos se dignó a participar en la batalla. Son criaturas extrañas, estos fantasmas… sacrificando toda su vida anterior simplemente para caer en el engaño de que conseguirán cumplir un simple deseo…Nunca he conocido muy de cerca de alguno de ellos, pero no desearía hacerlo. No se puede confiar en los fantasmas… bueno, continuemos. “Los dos ejércitos se lanzaron el uno contra el otro, gritando y enseñando los dientes. Se mezclaron y empezó la pelea. En el amor y en la guerra no hay reglas, como suele decirse, así que era la ley de la jungla. En contra de lo que se cree, no hay que matar, sino impedir que te maten a ti. Son términos diferentes, pero llevan al mismo resultado. Daba igual a quién matases, cosa que veías, cosa que te cargabas, incluso algunas personas descubrieron amargamente que habían matado a alguien de su propio bando. Esto que estoy contando claro está, es en el caso de los ejércitos de combate cuerpo a cuerpo. “Los Magos, los arqueros y todos los demás que poseían fuerza mágica atacaban desde lejos. Los arqueros humanos desde detrás de las rocas, y luego, como te podrás imaginar, las Lavas con volcanes y llamaradas, las Nurvas con grandes olas y tsunamis, y las Staress poniendo la fuerza de la Naturaleza de su parte. Ya me entiendes, enredaderas, espinas, etc, etc… los magos hacían el caos total con sus tormentas y esos hechizos que duermen, o que ahogan. Aquí todo el mundo nacemos con una pequeña fuerza mágica. Si la vamos desarrollando podemos convertirnos en magos, y, si no, la seguimos teniendo, aunque en poca medida, y sólo podemos practicar pequeños hechizos. Aunque ser mago no es todo un camino alegre y ameno. Hay que practicar mucho y arriesgarte a que los hechizos te salgan mal: algunos magos principiantes mueren cuando les da el rayo que acababan de invocar. El viaje para aprender se hace sólo, recorriendo Oldawa, desarrollando tú mismo tus artes, y según las que mejor te salgan te conviertes en mago de magia blanca o negra, oséase, de magia para atacar o para curar. Las criaturas mágicas como las Nurvas y compañía lo tienen fácil; como ellas mismas son la magia en estado puro no necesitan entrenar demasiado, sólo para controlarse. “Emm… ¿por dónde iba? Ah, sí: "Los dragones volaban y disparaban fuego desde el cielo. Algunos cayeron heridos porque las flechas de los humanos atravesaban la fina membrana de sus alas, haciéndoles agujeros, pero los dragones son unos luchadores muy orgullosos, y siguieron atacando desde la tierra, pegando zarpazos y mordiendo, con las alas bien plegadas a la espalda. “Huelga decir que los humanos perdieron escandalosamente aquella batalla. Su número de bajas fue seis veces más que el de los Oldawenses. Los únicos supervivientes que quedaron suplicaron piedad al verse vencidos, y los jefes se la concedieron. Les hicieron jurar que se comportarían como unos oldawenses más, que olvidarían su vida anterior, que no volverían a empuñar un arma y que vivirían completamente al margen de su planeta natal, La Tierra. Ellos juraron, (¿qué podían hacer sino?) y a partir de entonces se convirtieron en mercaderes, agricultores y semejantes. Bueno, cuentan que muy al norte, en el territorio de las plantas vive una princesa que dice llamarse Aritnem, y que dicen por ahí que es humana. Pero únicamente son habladurías.” -Me ha gustado mucho tu relato, Nivor- dijo Esperanza entonces- pero lo cuentas cómo si hubieses estado ahí en ese momento. Nivor suspiró. -Mi madre era uno de los supervivientes. * * * La vida para Esperanza en aquella guarida de bandidos no era demasiado fácil, ni placentera, pero lo prefería a que la reconociesen como humana y la ahorcasen, o algo así. Además, Nibor le daba comida y paseaba con ella una vez al día por los parajes helados. Sin embargo, Esperanza sabía que eso no iba a durar mucho. Sus temores se confirmaron cuando desde su habitación, (una sala hábilmente escondida al lado de la de Nibor) escuchó gritos y pasos provenientes de los bandidos. Tal era su curiosidad que ni esperó a que llegase su amigo para contarle lo que pasaba: se levantó rápidamente de la cama, entró a la habitación del jefe de los ladrones, cogió algo de ropa suya, se la puso, y se tapó media cara con un trapo. Luego, se atrevió a salir por primera vez a la sala que siempre estaba llena de hombres con cicatrices que jugaban a las cartas, gritaban o admiraban sus tesoros. En cambio, en ese momento no jugaban sino que ponían muecas feroces y gruñían por lo bajo como osos. Esperanza se metió entre la multitud y escuchó atentamente a Nivor, que como siempre destacaba entre los demás por su pelo rojo, y más aún si se había subido a un saco enorme de monedas de oro, como había hecho. -Bandidos, tengo noticias que os interesarán saber. Primero: la guardia de la capital Ojab Orec viene hacia aquí en posición de combate y con la bendición de las Nurvas, sus patronas –Murmullos de oso recorrieron la sala-. Segundo: como se ve, las malas noticias nunca llegan solas. Pues no hay duda de que ellos no habrían descubierto nuestro escondite si un traidor no se lo hubiese chivado –de nuevo murmullos-. Traidor, si sales ahora mismo y te declaras culpable no te haremos nada. En caso contrario, me dedicaré yo mismo a averiguar quién ha sido el desdichado. Y cuando lo descubra colgará de una bonita cuerda atada a un árbol –Esperanza se sorprendió al ver la mirada gélida que inundaba los ojos castaños normalmente tranquilos de Nibor-.Eso es todo. Partiremos ahora mismo hacia la región del desierto, a ver si por el camino nos encontramos con algo que nos pueda servir de guarida entre tanto. Bandidos, ya sabéis lo que tenéis que hacer. Llevaos únicamente lo imprescindible. Si es necesario, dejad aquí las baratijas. Comenzad. A ésta última orden toda la guarida se puso en marcha. Entre la multitud que iba y venía, Esperanza consiguió acercarse al chico por detrás. -Nibor - susurró-. Nibor, ¿es cierto? ¿Nos van a atacar? -¿Esperanza, qué haces tú aquí? –contestó él, también susurrando- Sí, sí es cierto. Ve a preparar cosas como el resto de los bandidos, Lo siento, yo estoy muy ocupado en estos momentos. Esperanza hizo lo que le mandaban y cargó sacos en los carros, aunque sin dejar de observar al jefe de los bandidos. Aquello le parecía algo sospechoso. No sabía porqué, pero le parecía extraño que tan de repente alguien se hubiese chivado de que había una guarida de ladrones en medio de un desierto helado. Además, por lo que Nibor le había contado, la ciudad estaba bastante lejos de la cueva, así que tampoco había porque partir tan rápido. Sí, aquello le parecía de lo más sospechoso. En algún momento, Esperanza observó que el chico estaba habando con un hombre con pinta no de oso, si no de King Kong. Parecía una conversación seria; Nibor asentía y el gorila negaba escandalosamente. Al final, Nibor le dio un par de palmadas en el hombro y se alejó. Cuando todos los sacos estuvieron cargados en los carros, los hombres se alinearon: algunos arrastraban los carros, otros iban por delante con algunas armas, por los lados, protegiendo los sacos, había bandidos con hachas, y detrás de todo estaban Nibor y Esperanza. La marcha comenzó con pasos cansados y resoplidos. Detrás de ellos la montaña de rocas tenía un puñal de oro clavado.
PD: ari, me he leido tu comentario.¡Me alegro mucho de que te guste! ^^ HALLOWEEN!!!! (u ke miedo)![]() Weno, ya que echabais en falta algún articulillo, aquí tenéis uno sobre Halloween. Cuidado, no tengáis miedo!!!! xDDD (Sacado de Wikipedia, pero remodelado :P) El nombre es una abreviación de noche de la víspera del día de los santos (All Hallow's Eve), y su origen es Celta. Halloween es una fiesta que se celebra el 31 de octubre, dónde los niños (y los mayores también -.-.), se disfrazan de monstruitos (para eso no hacía falta disfraces xDD), y piden golosinas en la puerta, diciendo “truco o trato” (eso sólo lo hacen los niños, eh?), y si la gente contesta “trato”, pues les dan golosinas y los niños se piran tan contentos. Pero ¡ay! Si dicen “truco” y les cierran la puerta en las narices, a los niñitos les crecen cuernos y colmillos, y queman la casa echando fuego por la boca. No, hombre, que es broma: simplemente les hacen una pequeña broma, o un susto. Pero molaría, eh? xDD El 31 de octubre se decía que los espíritus de los cuerpos muertos resucitaban en cuerpos vivos, y por eso, la gente que se inventó esta fiesta, reunían al ganado, se vestían con pieles y “decoraban” las casas con huesos, calaveras y cosas por el estilo, con el fin de que los espíritus, al verlo, huyesen. Así pues, Halloween es una fiesta pagana. Ah, y el significado de la famosa calavera de Halloween viene de las brujas utilizaban los cráneos de las víctimas humanas y las adornaban con velas entre las cuencas de los ojos y la nariz. Cuando los paganos irlandeses llegaron a Estados Unidos, no podían hacer esa burrada, así que utilizaron calabazas, que además hasta hacen bonito, jejeje. En realidad hay como tres páginas más llenas de información, pero me parece que la más interesante es esta. Espero que lo hayáis disfrutado ^^ Feliz Halloween!!!! 31/10/2006 13:54 Autor: celiadelgado. Enlace permanente. Tema: ACTUAL¡¡¡ No hay comentarios. Comentar. |
*VivO pArA DeMoStRaR lO iMpOsIbLe*Felices los que nada esperan, porque nunca serán defraudados...
TemasArchivos
Enlaces
|