|
CAPÍTULO 18!!! (y recordad: contad hasta 10 antes de enfadaros xDDD)![]() Enfado peligroso… Si lo que me había contado la gata Marielle era buenas noticias, yo era una Nurva… Según ella, las buenas noticias consistían en que a Enheas le habían interrogado, drogado y presionado, y que él seguía sin ceder. De todas formas, ¿qué podía contar él? ¿Qué yo planeaba destruir Oldawa con una sombra la mar de extraña de ojos amarillos? De hecho, ahora que lo pensaba, el fantasma simplemente me había solicitado su “protección” (menuda protección), pero no me había preguntado en ningún momento hacia dónde me dirigía… Bueno, siendo así, seguro que no podía decirles nada a las Nurvas. De todas formas, había algo que me inquietaba: él en general. ¿De dónde venía? ¿Por qué era…así? Tan callado, tan serio, tan listillo, tan… exasperante. Parecía estar siempre seguro de todo lo que hacía, y sin embargo se contradecía él mismo. Decía que quería protegerme, y por su culpa había acabado con los huesos en una prisión. Al final dejé de darle vueltas al asunto, pues era imposible sacar alguna teoría. Enheas era un caso perdido. Pero decidme qué más se puede hacer en una prisión si no es pensar. Pensé sobre mi torre de piedra y granito, pronto abarrotada de curiosos que querrían descubrir por sus propios ojos el escenario del crimen de la huida de la ex–princesa Aritnem. Sí, era triste, pero supongo que ése era el título que me correspondía actualmente. Ahora ni era princesa ni era nada. Únicamente era una vulgar presa. ¿Y por culpa de quién? Todos mis pensamientos desembocaban en ése maldito fantasma. Hasta mis sueños eran una burla de lo que me ocurría, pues me pasaba toda la noche escuchando voces en mi cabeza que decían “Quiero protegerte”, “Quiero protegerte”… Pasé varios días ahí dentro, sin más compañía que la de Marielle, que de vez en cuando me traía comida e historias (por parte de las Nurvas, yo me podía morir perfectamente de hambre). Y mi enfado crecía y crecía cada día. Deseaba romper el muro que me separaba de Enheas y darle una buena paliza, ahora que no podía defenderse. El hecho de no poder hacerlo me enfurecía más y más. Un día cualquiera, mirando por la ventana, observé gracias a la luz que entraba que la mancha morada y dura se había extendido más y más a lo largo de mi brazo; ya me llegaba casi hasta el cuello… Dios mío, mi piel parecía esta mutando. ¿Me convertiría en un monstruo de piel morada y pequeño cerebro, y destruiría todo lo que se encontrase a mi paso? No, vale, tenía que tranquilizarme. Pero ¡¿cómo podía tranquilizarme cuando mi piel se estaba volviendo de color morado conforme me enfadaba?! Un momento, era verdad, cuando más pensaba en Enheas y más me enfadaba, más avanzaba por mi cuerpo aquella sustancia, trepándome por el cuello y por el pecho, dejando a su paso la piel dura como… escamas. ¡Claro!: ¡El dragón! El dragón moribundo, de alguna manera, me había transmitido una parte de su sangre, y me estaba convirtiendo en uno de ellos.La princesa Aritnem: un dragón. Desde luego, lo que no me pasase a mí… Suspiré y dejé que el enfado me invadiese. No hubo ningún problema. En cuanto aquél fantasma aparecía en mi mente, las escamas invadían con más rapidez mi cuerpo. Sentí nacer otras dos extremidades en la espalda: alas.Las uñas me crecieron hasta convertirse en garras, y la cara se me alargó, hasta que conseguí ver el hocico que sobresalía. Un repentino calor subió por mi garganta, golpeó contra la campanilla y me hizo abrir la boca, escupiendo una bola de fuego que atravesó las montañas y fue a parar a quién sabe dónde. Así que así era como se sentían los dragones… No me podía ver en aquél momento, pero me sentía más libre y más poderosa por un lado, pero por otro estaba completamente aterrada y avergonzada. Aterrada por no saber cómo regresar a mi estado anterior, y avergonzada porque me imaginaba que, comiendo lo que estaba comiendo, y midiendo lo que yo medía en estatura normal, debía parecer un dragón bastante ridículo: escuchimizado y bajito. Justo cuando estaba perdida en mis pensamientos, Marielle se acercó por detrás con una bandeja de comida en la boca que dejó caer al verme. Me volví sobresaltada. -Princesa Aritnem… -Comenzó, con los ojos como platos- Que look tan… favorecedor… Para mi sorpresa, se me olvidó el enfado, y volví a mi cuerpo normal entre una nube de humo y sin ningún problema. -Ah, hola Marielle. ¿Te gusta? Lo acabo de descubrir ahora mismo.Mira, resulta que si me... -¡Chist!- la gata miró para un lado y para otro, con semblante asustado- Si alguien descubre que eres un dragón te matan. Y a mí también. -Pero es que no soy un dragón. Bueno, no exactamente. -Me da igual lo que seas o lo que no seas -me cortó- Por favor, si no es mucho pedir, compórtate como una persona normal aquí dentro o te decapitarán antes de que te des cuenta. -¡Mira quién fue a hablar! Tú no es que seas el modelo a seguir, que digamos. -Me tengo que ir. Ya nos veremos. Y desapareció en la oscuridad. Que gata más tonta…Utilizando mis nuevas dotes podría romper si ninguna dificultad el muro de mármol que me separaba del exterior, y escaparme volando. Así que me concentré en Enheas, me transformé y comencé a arrojarle bolas de fuego a la pared. El ruido era atronador y el humo se estaba extendiendo por la celda y entre los barrotes, pero yo no paré. Al fin y al cabo, era mi única esperanza. Al final, la pared se desmoronó y comenzó a entrar agua a raudales. Había olvidado que la torre estaba a tan pocos metros del lago… Un ruido me alertó de que las Nurvas se habían enterado de lo que ocurría (como para no enterarse), y venían hacia aquí. El tiempo apremiaba. Durante una décima de segundo, pensé en liberar también a Enheas, pero luego me di cuenta de que eso estaba totalmente en contra de todo en lo que yo creía en aquél momento, y aparté esa idea de mi mente.Nunca había volado, y no tenía ni la más remota idea de cómo despegar. Busqué con todas mis fuerzas los músculos de aquellas alas, y en cuanto los encontré probé a moverlos… con tan mala suerte que en vez de avanzar hacia delante, retrocedí penosamente. Eso sí, derribé a unas cuantas guardias que se me estaban acercando por la espalda. A las demás les arrojé una gran bola de fuego y las evaporé sin mucho esfuerzo. Pero estaban llegando refuerzos, y la situación apremiaba. Como esperaba, en medio de todo ese barullo, estaba Marielle, cotilla como la que más. Se me acercó de entre unos escombros con el paso tan elegante como siempre. -Muy bien. Veo que lo has conseguido, al final vas a poder salir de aquí. Te felicito.-dijo, con voz melosa- Anda, corre, antes de que vengan más guardias. -¿No quieres venir? –Al fin y al cabo, le había acabado cogiendo cariño. -Daría más problemas que soluciones. No necesitas una carga más. -¿Una carga más? -Hombre, claro, no pensarás irte sin el chico fantasma. -Pues la verdad, me había planteado dejarle aquí hasta que las ratas fantasmas le devorasen sus malditos huesos. -¿Y que al final te declare culpable? ¿Tanto confías en él como para dejarle con tu vida en sus manos? La verdad era que tenía razón… No había pensado en que, en cuanto Enheas no aguantase más, con decirle alguna mentira a Delta sobre mí, yo estaría muerta, y él sería libre. No podía dejarlo aquí. Eso es lo que se llama ironía. -Está bien. Rápido, llévame hasta su celda. Ahora que está sin sus facultades podré cargar con él. -Es esta. Estaba al lado de la tuya. -Apártate. Se hizo a un lado y yo derrumbé la pared de otra llamarada. Enheas estaba acurrucado en un rincón, probablemente grogui bajo el efecto de la droga de algas. Era curioso, cuando dormía tenía una cara de niño pequeño que no recordaba para nada a él, el serio y frío fantasma. No se despertó cuando lo coloqué sobre mi lomo. Las Nurvas estaban esquivando los escombros en ese momento. Cada segundo era precioso. -¿Seguro que no quieres venir conmigo?- le pregunté con las alas ya desplegadas. -No, en serio. Parte tú. Suerte en lo que quieras hacer. Ha sido un placer conocerte, Princesa Aritnem. -El placer ha sido mío, Marielle. Espero que algún día nos volvamos a ver. Me cargué el muro que comunicaba con el exterior y volé…Me alejé de las Nurvas, de su maldita reina psicópata y de las celdas de mármol (ahora destruidas e inundadas) sin mirar hacia atrás. ¿Para qué? Ya me imaginaba la escena: La Nurvas enfurecidas, achicando agua, y Marielle observándome desde el boquete con una sonrisa en su cara felina. Por fin era libre… a ver que sucedía ahora. Me temía que la destrucción de Oldawa tendría que esperar. PD: Os presento (más o menos, en la imagen) a las princesa Aritnem. Las apariencias engañan, ¿verdad? xD Comentarios » Ir a formulario
Yuhuuuuu!!! Tamos en Informática, oldawera querida... ¬.¬ huhuhuhu Besitos de poxolate!!!
Fecha: 24/01/2007 12:04.
no sabs lo q se cabreo cebo
porque seudonimo le pusiera besitos x ai!!!!! yuhuuuuuuuuuu besitos de coloritos Fecha: 24/01/2007 12:06.
YUHUUUUU!!! Alégranos el día, anda, que ahora hay lenguaje con El Guti... Uh... Y luego música, pero DESPUÉS ALEMAN!!! O.o argh
besitos de POXOLAAAAAAAATE FlIpO eN pEpINiLlOs fLuOrEScEnTeS, tRoNk Fecha: 24/01/2007 12:08.
xDDDDDDDD
Pero mira que os lo pasáis bien en informática, eh? Ah, esta juventud de hoy en día... xd Que la fuerza os acompañe allá en las laaargas horas de instituto, queridas coloritos y poxolate (poxolate?? coloritos??). FlIpAs En PePiNiLlOs fLuOrEScEnTeS, tRoNk!!! Fecha: 24/01/2007 15:14.
Jelou. Otra vez estamos e Informática. Otra vez se ha colgao. Nu churrula. Pero pa eso esta tu web, jombre... ^.^
Besitos de Poxolate, que viene a significar Chocolate. xDD Yujuuuu!!! Limbo, limbo, limbo. Fecha: 31/01/2007 11:44. |
*VivO pArA DeMoStRaR lO iMpOsIbLe*Felices los que nada esperan, porque nunca serán defraudados...
TemasArchivos
Enlaces
|