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COMO LA VIDA MISMA![]() Guardo el mp3 en el bolso, me arreglo el pelo, localizo la cartera y subo los escalones del zapatero. Es un pequeño local con las paredes cubiertas de copias de Dios sabe cuantas llaves de todas las formas y colores, y siempre hay una radio encendida en un rincón con una perpetua y amodorrante voz de hombre mayor sonando, hablando de guerras pasadas y de la situación política, hasta que se cae la dentadura al suelo, se le descuajeringa la prótesis y cortan la retransmisión. O al menos, eso pienso yo cada vez que lo oigo. Vaya voz más cascada y cansina que tiene el hombre. Al entrar arrugo la nariz. Toda la tienda apesta a cuero almidonado, o a lo que sea que le echan hoy en día a los zapatos. Un hombre con ojeras me espera en el otro lado de un mostrador demasiado pequeño para su masa corporal. Me sitúo delante de él. A mis lados hay cajas de betún de zapatos con la imagen de Marisol. A saber cuando renovaron el repertorio. -Buenas-saludo con una sonrisa, colocando una bolsa enfrente de sus narices. -Hola-me responde él, con cara de “joder niña, estoy recuperándome de la resaca, sólo me faltaba que vinieses tú a darme la tabarra, cagüen la leche verde”. Pero yo continúo con cara inocente y le planto dos botas en el mostrador. -Esto… bueno, se ha estropeado la cremallera. -¿De las dos?-me dice él con cara de asco. Qué extraño que las botas se puedan romper, ¿verdad? No pagues tu resaca conmigo. -Pues… sí. Y por eso se las dejo a usted-respondo yo, inalterable. -Vale. Pues serán…-y empieza a pasar su enorme dedo por cada uno de los precios de una lista de papel que hay a mi derecha. -Son… 13 euros por cada bota… creo-aunque yo haya encontrado el precio, el tío sigue subiendo y subiendo por la lista a su propia velocidad. Pues hala, majo, que te cunda. -Son… 26 euros-me dice con cara de listo. ¡Por fin! Me recupero del amodorramiento producido por la radio, saco la cartera y le tiendo un billete de veinte y otro de diez. -¿No tienes suelto? -No-le respondo, con la ceja enarcada. Madre mía, si tuviese suelto ya te lo habría sacado, tío. El hombre desaparece por la puerta del almacén, a comprobar si los billetes son verdaderos o falsos, digo yo. Suspiro y apoyo el codo en el mostrador y la cabeza en la mano, mientras testimonios de la primera guerra mundial resuenan en mis oídos. Por fin vuelve el hombre, y se planta delante de mí. -Vale. Estarán listas en una semana. -¿Y el cambio?-¡Hey! ¡Mis cuatro euros! Vuelve a desaparecer, y me trae los euros en monedas de 50 céntimos. Intento buscar un signo de resignación en su cara. -Bueno, pues gracias por todo-me despido con un deje sarcástico, mientras me vuelvo a colocar los cascos en las orejas. -De nada. Que te vaya bien-dejo las últimas palabras del hombre atrás y cierro la puerta. Más les vale tenerlos en una semana. Como la vida misma Comentarios » Ir a formulario
Hey, esto me ha pasado alguna vez al ir al súper xD. Besitos.
Fecha: 06/03/2007 23:16. |
*VivO pArA DeMoStRaR lO iMpOsIbLe*Felices los que nada esperan, porque nunca serán defraudados...
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