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CAÍDA DEL CIELO (cuento para un concurso)![]() Un rayo de sol se filtró entre las cortinas de seda blanca, trepó lentamente por su mejilla, deslizándose por los párpados y más tarde por el pelo, arrancando reflejos dorados. Ella abrió los ojos poco a poco, y miró hacia la ventana, aún adormilada. La mañana había comenzado, y lo había hecho sin ella. Se incorporó poco a poco en la cama, echando a un lado las sábanas, también blancas y finas, y suspiró, aunque de su boca no salió sonido alguno. Sobre la almohada, al otro lado de la cama, reposaba una rosa roja, con rocío en los pétalos. Aunque también podían haberle echado simplemente agua por encima. Sin embargo, ella la recogió y la observó aún callada, acariciando las espinas delicadamente, mientras los rayos procedentes de la ventana iluminaban su tez, blanca como el mármol; fría como el hielo para algunos y conocida como el otoño para otros. Poco a poco, se levantó, y caminó delicadamente sobre las baldosas de mármol hacia un espejo, dónde se vio reflejada una vez más. Era la misma de siempre, delgada, blanca como la nieve, con el pelo demasiado largo, de un dorado demasiado brillante, y unos ojos demasiado claros para ser humana. Llevaba aún aquella chaqueta, pero no se la quería quitar, porque era de él, y aún conservaba su olor. Se acercó una manga a la nariz. Olía a flores, a rosas. La gente le decía que sus ojos eran de animal salvaje, y no sabían cuán equivocados estaban. Aquél animal había aprendido a amaestrarse solo, y ahora cumplía su condena en una jaula con grilletes. Más tarde, caminaba por la calle con los ojos entrecerrados y el pelo ondulante a su alrededor. Llevaba un vestido de seda blanca, demasiado fino y transparente para la estación en la que estaban, pero a ella no parecía importarle lo más mínimo. Tampoco parecían importarle los silbidos que llenaban el aire cuando ella pasaba, ni las caras que se giraban con la ceja enarcada. Mantenía la cara con una fría indiferencia, casi triste, pese a que ponía especial cuidado en que ese detalle no fuese visible a los ojos de aquellos seres, simples humanos, tan crueles y retorcidos a veces. Aún no podía desplegar sus alas y volar, aún no era el momento. La habían destinado a sobrevivir ahí, en aquél planeta, observando, analizando, contemplando y comunicando las situaciones vividas. La habían encarcelado en aquél frío lugar, tan diferente de las nubes sobre las que ella solía dormir, tan lejano ya del cielo, con tanta gente que se vivía olvidándose de vivir, con tantas lágrimas y tanto aire gris. Así que aún no podía volar, se limitaría a… sobreponerse a lo que le viniera, luego ya se vería. Más tarde, delante de ella se extendía toda la ciudad, con sus chimeneas humeantes, sus ladrillos oscuros y sus tuberías ruidosas. Estaba sobre un tejado, sentada sobre las tejas, apoyando la barbilla en las rodillas, con cara indiferente.El viento era frío ahí arriba, pero ella no parecía sentirlo, ni le molestaba que el pelo le acudiese a la cara y se le enredase en las pestañas o se le pegase a los labios. Estaba esperando, como cada día, con lo mismo que contar que siempre. Pronto, un rayo de luz se abrió paso entre las nubes y la iluminó como un enorme y brillante foco, que le cegaba y le impedía abrir del todo los ojos. Aunque sabía que no tenía ni porqué intentarlo, así que permaneció en la misma posición que antes. -¿Qué nos cuentas hoy, Ninfade?-dijeron unas voces de distintos tonos, entremezclándose las agudas con las graves, las gritonas con las susurrantes, hasta formar una sola voz extraña e inhumana. -Nada nuevo. Lo de siempre, estos seres no saben lo que hacen. Se matan entre ellos, ¿sabéis? No conozco a otra especie en la que se maten unos a otros por mandato de otros o simplemente por placer-soltó una risa sardónica-. Y se creen unos mejores que otros simplemente por tener distinto color de piel… no lo entiendo, por más que le doy vueltas no me entra en la cabeza. No pido que vivan en un mundo de colores y maravillas todos agarraditos de la mano, sólo… que tengan algo más de sentido común. -Ten paciencia. Los humanos son una raza extraña e imprevisible. Seguro que no son tan malos.-La chica resopló.-Además hemos mandado también a Soleo, para que te haga compañía y te ayude en tu empresa. Ninfade levantó la cabeza, con los ojos como platos. -Sí, ya me lo he encontrado, pero no me dijo que lo habías destinado aquí vosotros. ¿Por qué le habéis hecho esto a él? -Nos lo pidió. Quería ir… a por ti. -No tendría que haberlo hecho. Esto será su perdición. Yo ya estoy acostumbrada, pero a él… le acribillarán a balas en cuanto intente alzar el vuelo, por ser un objeto no identificado. Aquí tienen que controlar cada pájaro que surca el cielo, si no, no se sienten seguros.-dijo ella, desviando una mirada dolida.-Dejadle volver, por favor. -Dales un poco de tiempo.-respondieron las voces, desvaneciéndose poco a poco, y a los pocos segundos el foco de luz cesó y Ninfade se incorporó con cuidado. El aire agitaba su vestido y su pelo violentamente, y debajo de ella había unos treinta metros de caída, pero ella anduvo por las tejas tranquilamente, buscando algún sitio por el cual descender sin ser vista. De repente, alguien sopló cerca de su oído, y acto seguido una cabeza asomó por su hombro, susurrando: -Hola. Creo que me dejé mi chaqueta en tu casa. ¿Me echabas de menos? -Soleo-adivinó ella, sin volverse.-Ya me lo han contado. No tendrías que haber venido, te pueden matar. -¿Y a mi qué? Una vida sin riesgo es un rollo. Además, quería ayudarte y estar contigo, como antes. ¿Recuerdas? -Antes era diferente, Soleo…-replicó ella débilmente, pero no quiso aclarar nada más.-Vete. Es mi deber hacerlo, cuando termine volveré contigo. -¡Cuándo termines! ¿Y cuando terminarás, ángel?-La voz se alejó de su oído, hastiada-Esto es ahora tu vida. Observar a los humanos en un mundo lleno de… ¡violencia! ¿Quieres sobrellevarlo tú sola? ¿Es eso lo que quieres? -Vete.-respondió simplemente, y comenzó a andar para que él no viese las lágrimas que corrían por sus mejillas. La voz se calló, pero luego volvió a aparecer, otra vez en su oído, y más calmada. -Te esperaré. Y se desvaneció, dejando un soplo de aire con olor a rosas. Ninfae no pudo más. Se arrodilló y sollozó sobre las tejas, mientras dos alas blancas de pájaro le cubrían el cuerpo con su plumaje. -------------------------------------------------------------------------------- -Dinos qué ocurre, Ninfae. La chica tragó saliva. Sus ojos de animal salvaje habían vuelto a la carga, enrojecidos por el llanto, pero más desafiantes y decididos que nunca. -Cambiaré el mundo. Esto va a ir a mejor, los humanos tienen que entrar en razón. -¿Crees que podrás? Ella pareció dudar. -Alguien tiene que hacerlo. -¿Lo haces por volver son Soleo? -Sí.- ¿Para qué negarlo ya? -Muy bien, inténtalo. Suerte. Ninfae asintió seria, luego se dio media vuelta y anduvo por los tejados, mientras las alas se iban difuminando en su espalda, y el pelo ondulaba llevado por el viento, reluciente y dorado, como siempre, y un cuerpo espigado y blanco mantenía el equilibrio sin caerse, como siempre. Las voces suspiraron al unísono. Parecían cansadas. -Otro más. ¿Cuántos ángeles más van a hacer falta para que esto acabe? Y desaparecieron, y en la ciudad volvió a reinar la calma. Nadie conocía nada de lo ocurrido encima de ese tejado, ni lo sabrá nunca. ¿Podrá Ninfae cumplir con su propósito? Comentarios » Ir a formulario
Años después, Soleo bajaba a la tierra con los ojos cubiertos de lágrimas y abrazaba fuertemente el cuerpo inerte de Ninfae y besaba sus muertos labios. bañado por la luz de la luna, formulaba un hechizo y la pura Ninfae ascendía hacia el cielo hasta transformarse en una estrella, la de luz más puera y brillante, con un brillo casi salvaje.
Soleo subía todas las noches hasta la estrella y depositaba junto a ella una rosa mientras le susurraba que él acabaría por ella lo que ella había empezado por él. Pero los seres humanos, incapaces de ver más alla de lo puramente físico, pasan por alto el hecho de que los ángeles son lo más puro que habita en la tierra y lo destruyen como a cualquier ser vivo, solo por placer, por el mero hecho de sentirse superiores sin darse cuenta de que es eso precisamente lo que los hace inferiores. Me he permitido acabar tu cuento, espero que no te importe^^ Fecha: 29/04/2007 21:42.
Woooooo!!!
Ireth eres la leche con colacao!!! I love it!!! Como me va a importar, si hasta me lo has mejorao xDDD Fecha: 01/05/2007 16:49.
Me alegro que te guste Zelia, pero no escandalices que es un poco patata y es de las pocas cosas es acabo por que he empezado un montón de cuentos y ni siquiera sé de que van U¬¬
si encuentro alguna imagen chula probaré a darle vida(pero no prometo absolutamente nada) Fecha: 03/05/2007 15:48.
:D
Pues podrías hacer una novela de esto, te cedo los derechos de autor xDDD Fecha: 03/05/2007 19:37.
me parece que ya lo has dicho pero¿quien es Entrenómadas? siento mi mala memoria U¬¬
Fecha: 03/05/2007 21:30.
yo me ee enamoradoo profundamente perooo
me caseee sinn ser amadaaaaa Fecha: 18/06/2007 00:12. |
*VivO pArA DeMoStRaR lO iMpOsIbLe*Felices los que nada esperan, porque nunca serán defraudados...
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