CAPÍTULO 21!!! (esto no acaba nunca xDDD)

20070508180806-dnangel-kiss-by-animetomboy.jpgJesse  

 

Planeamos con las dunas a nuestros pies, sin ver nada más que un suelo amarillo y un horizonte rosado.

Por una vez no era yo la que cargaba con la otra persona, y era reconfortante ser el pasajero. Enheas parecía no cansarse nunca, y aunque aún me preguntaba el cómo podía volar, lo dejé de lado y me dejé llevar, quitando que también me sentía algo ofendida por lo último que me había dicho el fantasma. Cada vez que intentaba protegernos hacía algo mal. Comprendía que él también quisiese ser el héroe, pero resulta que la más fuerte aquí era una servidora, y yo tenía que ejercer como tal. Además, las Nurvas no eran gente con la que se podía negociar: ellas, por muy finas que pareciesen, atacaban sin pensárselo dos veces, y el numerito que había hecho Enheas con la lanza no nos ayudó en nada. Ya le diría yo cuatro palabritas al fantasma ése en cuanto tuviese oportunidad…

 

Poco a poco, Enheas fue descendiendo, y me dejó suavemente en el suelo.

Luego se tumbó a descansar, pues se le veía rendido. Yo miré a mi alrededor: lo único que se podía ver era arena y más arena. Me quité la capa, porque la temperatura había subido bastante, y empezaba a sudar. El vestido tampoco me ayudaba mucho, con tantos volantes y tantas capas, era muy incómodo. Pero no lo rasgué, porque había leído en algún sitio que las capas mantenían la temperatura corporal, así que si me las quitaba sería peor.

-Enheas, escucha-le dije, arrodillándome a su lado- busquemos alguna sombra.

-Espera un momento-dijo él, cerrando los ojos.

Sin hacerle ni caso, le agarré de los hombros y lo arrastré hacia la sombra de la duna más cercana. El fantasma ni se inmutó, y yo me agarré las rodillas con los brazos y me quedé al lado suyo, preguntándome qué vendría ahora.

 

Habíamos huido de una fortaleza, habíamos sobrevivido en un bosque, incluso habíamos conseguido huir de unas Nurvas. Y ahora esto.

 

Ya no había motivo para nuestro viaje aparte que el de huir. Nunca podría destruir Oldawa, con tanta vida y tantos seres habitando en ella. Enheas me había hecho entrar en razón: mi vida estaba aquí, pese a que la mayor parte hubiese sido un engaño. Aún podía rectificar, aún podía servir de algo.

No atentaría contra Oldawa… al menos contra una parte de ella (las Nurvas podían ser una excepción). Intentaría averiguar más detalles del porqué de ése odio contra los humanos. Y ya que estábamos, de Enheas.

 

¿De dónde salía? ¿Hacia dónde iba? ¿Por qué siempre estaba allí cuando yo lo necesitaba? ¿Cómo es que siempre lo sabía todo?

Solamente era un fantasma… ¿no?

       

 

 

Jesse miró hacia el cielo. Ni una sola nube, ni un solo pájaro. El azul continuaba impasible, sin dejar que nada lo manchase. De repente, una sombra cubrió el sol durante unos instantes. Dos sombras.

Jesse entornó los ojos, sorprendido, y desplegó sus alas. Dos imponentes alas negras se extendieron de golpe a su derecha y a su izquierda, Jesse pegó un salto y voló rápidamente hacia el campamento de las Lavas. Una vez allí, planeó hasta llegar a la tienda de Firella. Todas las Lavas le conocían, le habían visto crecer, desarrollarse y convertirse en un fiero guerrero. Un fiero guerrero quizá algo ambicioso. Le saludaron distraídamente mientras caminaban de un lado al otro del campamento, realizando sus tareas de cada día.

Jesse apartó de un golpe la cortina y entró en la tienda. Firella estaba derramando su aliento de fuego sobre unos cuchillos, volviéndolos incandescentes. Los arrojó a la puerta de repente, al sentir una presencia, y Jesse tuvo que hacer gala de sus rápidos reflejos para poder esquivarlos.

-Uy, perdona-dijo ella con voz dulce-. Jesse, no sabía que eras tú. ¿Qué ocurre?

-He visto dos sombras en el cielo.

      -Se tratará de algún pájaro.

-Era más grande que un pájaro. En realidad era más grande que dos pájaros juntos.

-Pues será un dragón.-sentenció ella, examinando el filo de un puñal.

-¿Deseas que vaya a averiguarlo?

-Bueno, si tienes curiosidad, ve -cedió Firella, indiferente

 

Jesse se inclinó respetuosamente y dejó a la Lava ocupada con sus cuchillos. Cuando salió al exterior fue directamente hacia su tienda, decorada con motivos de guerra y cogió una lanza después de comprobar que estaba bien afilada. Acto seguido, se alejó andando del campamento sin que nadie se diese cuenta, volvió a desplegar sus alas y se elevó, buscando con la mirada a las dos figuras que había visto cruzar el cielo momentos antes.

   

Algo removió mi cabello y la arena me entró en los ojos. Me tapé la cara con las manos mientras me quejaba, y luego busqué a tientas a Enheas. Pero me empujaron bruscamente y caí al suelo. Cuando abrí los ojos, el fantasma estaba delante de mí con los brazos extendidos, y enfrente nuestro había… ¿un pájaro? Acerté a ver las alas, enormes y negras como el carbón.

Me incorporé y me adelanté a Enheas. Lo que me había tirado al suelo era… era difícil de describir. Un chico con el pelo rubio como la paja, y de ropajes negros. Y los ojos no me habían engañado al ver sus alas: eran tan reales como que salían de su espalda y se encorvaban a ambos lados de su cabeza, dándole un aspecto más amenazador aún. Pero a mí no me asustaba en absoluto, peores ocasiones había tenido que vivir.

 

Pero el chico pasó de mí y se dirigió hacia Enheas.

-¿Quiénes sois y qué hacéis aquí?-preguntó despectivamente, lanza en mano.

Enheas ni se inmutó, como de costumbre. Intentaba parecer valiente, pero yo sabía que estaba agotado. De hecho, jadeaba un poco y tragaba saliva constantemente.

-Nadie a quién debas tratar de esa forma. No estamos invadiendo tu territorio. El desierto es suficientemente grande como para que podamos convivir todos sin necesidad de disputas.

Buen discurso, sí señor. Lástima que al el chico de alas negras no se lo pareciese. Su mirada brilló aún más, y sus cejas blancas se curvaron hacia abajo en una mueca escalofriante. Acercó peligrosamente la punta de la lanza al cuello de Enheas.

-¿Cómo osas hablarme así?

Aquello ya era demasiado: Enheas estaba enfermo, y mientras yo lo cuidase, nada ni nadie podía hacerle daño. Y menos un tío de alas negras con cara de mala uva. Le aparté de un golpe la lanza y me planté enfrente de él con cara de enfado.

-Pero bueno, ¿se puede saber qué te hemos hecho?-Enheas me susurraba que me parase, pero yo, como de costumbre, no le hice caso-.No te conocemos de nada, y nos vienes con amenazas. Te haré yo la pregunta: ¿quién eres tú y de qué vas?

 

El chico pareció quedarse sin respiración durante un momento. Y Enheas también. Pero ya era hora de que dejase de hacerse el héroe y se ocupase de cosas verdaderamente importantes, como su debilidad. Yo podía arreglar las cosas mientras.

Esta vez la lanza apuntó a mi garganta. Detrás de mí, el fantasma se puso tenso. Pero él sabía tan bien como yo que si intervenía sería peor. Alcé la cabeza y tragué saliva. En uno de mis bolsillos algo pesaba mucho, y estaba aumentando de forma. Metí rápidamente la mano y saqué la pluma que había conseguido en el bosque de Los Pájaros Terrestres.

La pluma estaba mutando, se estaba volviendo grande y plateada en mi mano. Era una espada.

-¿Qué tipo de magia es ésta?-gritó el chico. Más extrañas eran sus alas…

 

Sonriendo, empuñé la extraña espada. Era ligera, y se adaptaba perfectamente a mi mano. Plateada, relucía cegadoramente bajo el sol del desierto. Era verdad que no tenía ni idea del manejo de la espada, pero al menos amedrentaría un poco.

Retrocedí un paso y di un tajo en horizontal, partiendo la lanza en dos.

Observé aliviada cómo la lanza se quedaba en un ridículo palo en manos del chico de las alas. Éste, con los ojos como platos, intentó recogerla del suelo, pero yo no le dejé. Ahora el que tenía un filo apuntando a su nuez era él, y ya no parecía tan valiente.

-Levántate-le ordené. Él se incorporó poco a poco, sin dejar de mirar a la espada.-Bien, ahora dime de dónde vienes y por qué nos amenazas.

-Este es el territorio de las Lavas-repuso él.

-Las Lavas nunca han detenido a nadie así únicamente por atravesar su territorio-intervino Enheas-. Y, que yo recuerde, nunca ha habido ningún hombre entre ellas.

-Yo soy el primero-dijo el chico, sonriendo.

-No te enorgullezcas tanto-le reproché yo, acercando aún más la espada a su garganta, y se le borró inmediatamente la sonrisa de la cara. Eso de tener el mando me estaba empezando a gustar.

-Llévanos hasta las Lavas-ordenó Enheas.

-Primero apartad esa cosa de mi cuello.

Bajé poco a poco la espada, hasta que se hundió el filo en la arena. De repente, volvió a convertirse en una pluma, alargada y azul. Me la prendí en el pelo, para advertirle al chico de que como intentase algún acto peligroso, le cortaría las alas.

-Vosotros podéis volar, lo he visto- nos dijo el chico.

Enheas y yo nos miramos durante un momento.

-Iremos andando.

   

La marcha fue agotadora. Andar era mucho más cansado, lento y aburrido que volar, y parecía que no llegábamos nunca. Pese a todo, habíamos elegido andar porque ni a Enheas le apetecía llevarme a mí, ni a mí me apetecía cargar con él, quitando que tampoco me hacía mucha ilusión que el chico de las alas descubriese que me podía convertir en dragón. Además, desde la tierra era  mucho más fácil vigilarle.

-Tendré que ponerle nombre-le comenté a Enheas, sosteniendo la pluma delante de mí.

-Yo la llamaría Adaetalp-respondió el, sin mirarme.

-Vaya… así que Adaetalp ¿eh? Tu no eres partidario de los nombres originales ¿verdad?-le dije, irónicamente. El esbozó media sonrisa.

Por delante de nosotros el chico de negro resopló despectivamente.

-Eh, tú, limítate a guiarnos.-le grité. Luego observé la pluma a contraluz con una sonrisa.

-Pues Adaetalp. 

Caminamos en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos: el chico de negro enfurruñado, Enheas como siempre, algo distante de la realidad que le rodeaba, y yo daba estocadas al aire con Adaetalp. Al fin, el chico de las alas se volvió hacia nosotros y nos anunció que estábamos ya a pocos pasos del campamento de las Lavas.

-Si me dejáis, me adelantaré y anunciaré de vuestra llegada a mi señora.

-¿A Firella?-se extrañó Enheas.

-Ah no, tú no te mueves de aquí hasta que lleguemos, amigo-le amenacé yo. No me dejaría engañar tan fácilmente.

 

El chico de las alas entrecerró los ojos y su cara se volvió con una expresión homicida, pero aún así musito:

-Como queráis

Y se dio la vuelta de nuevo, pateando arena. Estaba claro que no era su costumbre que se le llevase la contraria.

 

Después de lo que parecieron horas caminando, vimos una inmensa humareda que ascendía al cielo y se perdía en él. Sin duda procedía de la inmortal hoguera que cuidaban las Lavas en el centro de su campamento.

Aquello nos dio fuerzas para acelerar el paso y llegamos en pocos minutos.

 

Aquello era un hervidero de gente y calor. Las Lavas corrían de un lado para otro, atareadas en sus quehaceres, y la hoguera en el centro del campamento crepitaba incansablemente. Las Lavas eran criaturas del fuego, y como tales no soportaban el frío. Pero encender una enorme hoguera en mitad del desierto en un día soleado me parecía un poco exagerado.

Enheas no sentía el calor, y el chico de las alas parecía que tampoco, pero yo no lo resistía, y me agobiaba, aunque la primera cantimplora que vi en el campamento me la derramé por encima, sin atender a las miradas extrañadas del fantasma y el chico de negro.

 Esquivamos Lavas, tiendas y chispas, hasta llegar a la tienda de Firella.

 El chico de las alas se paró enfrente de la puerta y volvió la cabeza, dudando. Con un gesto le obligué a entrar, y nosotros avanzamos por detrás de él.

 

La tienda estaba llena de tapices, alfombras y cortinas de seda, todo realmente lujoso y acogedor. Pero ni rastro de la Lava.

-Señorita Firella-llamó el chico, a un empujoncito mío-. He encontrado a los extraños que surcaban el cielo.

Acto seguido, una cortina dejó paso a Firella, reina de las Lavas, y la más bella y extravagante de todas ellas, posiblemente. Había oído hablar de ella, pero nunca la había visto, y me quedé embobada admirándola. Esta era una belleza distinta a las frías fracciones de Delta. Esta era una belleza exótica de piel morena y pelo rojo y largo. Me sentí sin formas y fea a su lado.

Pero ella no me prestaba atención. Se había quedado observando a Enheas de una manera significativa, como si ya se conociesen. Enheas le devolvía la mirada, y de repente me sentí furiosa. Así que decidí romper aquél momento.

-Señora Firella, es un placer conocerle. Hemos venido hasta aquí porque…

-Señorita, si no te importa-me cortó ella con una sonrisa amable, y dejó de mirar a Enheas. Me sentí aliviada.

-Perdón, señorita-le devolví la sonrisa-. Hemos venido aquí porque su… bueno, este chico-dije, mirando al chico de las alas, que me observaba con una mirada de advertencia-nos ha atacado en medio del desierto sin motivo alguno.

-¿Es eso cierto, Jesse?-preguntó Firella al chico, como una madre a punto de castigar a su hijo.

-Ama Firella-se disculpó él-. Me parecieron extraños y peligrosos. Pido perdón por atacarles-y me miró de una forma que era todo lo contrario a una disculpa.

-Si es así, asunto zanjado-exclamó Firella, alegre.-Viajeros, ¿cómo os llamáis?

-Yo soy la princesa Aritnem-al fin y al cabo, para ellos seguía siendo “la princesa”, aunque no me hiciera gracia descubrir mi nombre delante de la reina de las Lavas- y este es el fantasma Enheas.

Enheas inclinó la cabeza, pero no dijo nada.

-¿Desde cuando la tribu de las Lavas admite hombres?-preguntó, serio.

Todos mis intentos de parecer gente amable y pacífica a freír espárragos. Sin embargo, Firella no pareció contrariada, de hecho le sonrió de nuevo (haciendo que a mí me hirviese la sangre sin saber muy bien por qué).

-Digamos que Jesse tiene un… talento especial-dijo Firella observando con una sonrisa al chico de las alas. A él se le infló el pecho, y recordé lo asustado que había estado en el desierto con la punta de mi espada en la garganta. Firella debió advertir que nos lanzábamos rayos con la mirada, así que intervino y declaró que estaríamos cansados por la caminata, y que nos quedásemos en su campamento todo el tiempo que quisiésemos.

Yo iba a disculparme y decir que continuábamos nuestro camino (hacia donde quiera que fuésemos), pero Enheas no me dejó hablar y aceptó antes de que yo pudiese decir nada. Le lancé una mirada consternada, pero él no me atendía, estaba demasiado ocupado entablando una ronda de miradas con la Lava.

Apreté los dientes y pregunté por la tienda dónde nos íbamos a alojar.

Firella, sin dejar de mirar a Enheas, ordenó al tal Jesse que me guiase, y este se precipitó enfadado hacia la salida dándome un mal disimulado empujón al pasar por mi lado. Enheas no me siguió.

 

Casi no podía seguirle de lo rápido que iba, era imposible. Él se sabía el campamento de memoria, mientras que yo me choqué contra algunas Lavas para alcanzarlo y tiré varias mesas antes de llegar hasta su lado.

-Aquí es.

Se trataba de una tienda algo apartada de las demás, pero bastante acogedora, hecha de pieles, por supuesto. Entré. Una gruesa cortina separaba la cama del fantasma de la mía. Pensé amargamente que, a este paso quizá Enheas prefiriese dormir en la tienda de Firella. Sorprendentemente, en el interior hacía fresco, no el calor agobiante de fuera. Suspiré, sonriendo. Realmente, las Lavas sí parecían preocuparse por sus invitados.

 

-Lo he hecho yo-dijo una voz impersonal a mis espaldas. Me volví. El chico de las alas había plegado las alas, y estaba cruzado de brazos en la puerta.                    

No parecía enfadado.

-Entra si quieres-le animé yo, confiada de repente.

El chico pareció dudar.

-No me gusta el frío.

-Pero si lo has hecho tú, según dices.-dije, extrañada.

-No todo lo que hace alguien con la magia es de su agrado-respondió él, serio. Por unos instantes me recordó a Enheas, pero sacudí la cabeza para alejar esos pensamientos tan estúpidos. Enheas era Enheas y… “no deberías tomarte sus flirteos tan a pecho” me dijo una vocecilla irónica en mi cabeza.

 

-¿Te preocupa algo, princesa?-me dijo el chico de las alas desde fuera. Hasta él lo había notado.

-Sí, vamos, a ti te lo voy a contar, precisamente-me arrepentí de inmediato de mis palabras al ver su cara-. Lo siento, lo siento. No pretendía decir eso-dije, mientras me levantaba-. Esto… ¿tú sabes si Firella tiene algún… errr… romance?

Jesse se dobló de risa, y yo me puse roja como la grana.

-¿Tanto te importa?-respondió el, entre carcajada y carcajada.

-No, no, es solo curiosidad-me apresuré a añadir-. Digo yo que siendo tan bella como es, no era de extrañar que tuviese muchos pretendientes.

Jesse me miró y sonrió, apoyando la espalda en una palmera.

-A ti lo que te preocupa es que esté liada con el fantasma, ¿no?

-¿Liada?

-Quiero decir, que tenga algún rollo… que ella y el fantasma tengan una historia.-Se le veía algo apurado. Vaya palabras tan extrañas.

Bajé la cabeza. No quería reconocerlo, pero no tenía otra opción.

-Sí, vale, me preocupa.-murmuré. Mira que tener que contarle justamente eso al estúpido del chico con alas… que suerte la mía.

Él se me acercó sin dejar de sonreír, y me levantó la cabeza con las manos, como hacía Enheas.

-Quédate tranquila. El fantasma y Firella no están liad… enamorados.

-¿Cómo lo sabes?

-Lo sé. Podría jurártelo por lo que quisieras.

Su sonrisa me tranquilizó, y de repente pensé que era bastante irónico que él, precisamente él, me estuviese tranquilizando en ese momento. Si hace poco se comportaba como un crío malcriado, ¿qué le había pasado?

Se estaba acercando aún más… y lo que era peor, su cara a la mía, su boca a la mía… sus ojos estaban algo más altos que los míos, puesto que él era más alto, y un azul eléctrico me atravesó las pupilas. Pero él entrecerró los ojos y se inclinó un poco, dispuesto a… ¿besarme?

Entonces, justo cuando sus labios ya rozaban los míos, yo, con los ojos abiertos como platos y el corazón a cien, hice el primer movimiento reflejo que se me ocurrió.

¡Plaaaaf!

 

Jesse salió disparado hacia atrás y cayó al suelo de espaldas. Desde el suelo, se me quedó mirando con la boca abierta, tocándose la marca roja que le había hecho en una mejilla. Yo me quedé ahí plantada, pálida y tragando saliva. Me dolía la mano. Menuda torta le había metido al chico. ¿Pero a qué había venido eso? Me restregué la manga del vestido por los labios con violencia. No quería que quedasen señales de aquello. Mi primer beso no sería para él.

 

-¿A qué ha venido eso?-me preguntó él, levantándose a trompicones.

Estaba a punto de abrir la boca cuando otra voz intervino fríamente. Una voz  que yo conocía muy bien.

-Vete-ordenó Enheas. Sus ojos eran como dos puñales de hierro. Se acercó a Jesse por detrás y le agarró del cuello de la camisa bruscamente, levantándolo en el aire.-Como te vuelvas a acercar a la princesa, te juro que te cortaré las alas, hombre-pájaro. Ahora vete.

Jesse reaccionó rápidamente. En cuanto el fantasma lo soltó, desplegó las alas y se elevó en el aire, batiendo las alas sin parar.

Enheas se me quedó mirando indescifrablemente.

-Gracias-susurré yo, mirando al suelo. Vaya escena que se había formado.

 

Enheas no respondió. Pasó por mi lado, pero antes de proseguir, se detuvo un segundo, se inclinó y juntó sus labios con los míos. Sólo un segundo. Luego se retiró y siguió andando, dejándome a mí con los ojos más abiertos que antes, si se puede, roja de pies a cabeza y con el corazón saliéndoseme del pecho.

Me volví rápidamente, pero Enheas ya no estaba allí: había desaparecido, como siempre.  

Me apoyé en una palmera y suspiré.

Demasiadas emociones en un solo día.

08/05/2007 18:15 Autor: celiadelgado. Enlace permanente. Tema: RELATOS.

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Autor: Abrridarch esperando a las3...

Yujuuuuuuuuuuuuu! Qué tal nena?Otra vez nosotras en informática... Hahahaha...Muahahaha... aki montando revuelo con mi dirección de msn falsa... ¬¬ jojojo ke to2 preguntan x dale con el latigo!! xDD ke wai... Luegolengua xamen de cuestiones normativas puag :( deseanos suerterrrrrrrch jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaja xDDDD Besitos de Poxolateeeee: Lolarch und Palomarch

PD= que bien selo pasa Paloma en su casa...
PD2= Xo si me aburro + ke mellao en su casa...
PD3=eso dicen todos ¬¬
PD4= Paramos ya o? Ke luego te llenamos de mierda el blog.

Fecha: 09/05/2007 12:03.



Autor: ZeliaOscura

Qué bien os lo montáis xDDD

Fecha: 12/05/2007 17:15.


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