|
Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2007. FRENTE A MI QUERIDA PANTALLA...![]() Bueno, señores y señoras, intermedio en el destierro (hasta rima y todo), que ya no es tan destierro, porque aunque estaba alejada de mis queridos aparatos (y luego hablan de Matrix xD) durante el campamento, la verdad es que ha valido la pena. Han sido unos 11 días divertidísimos, he dormido en tienda de campaña (no lo recomiendo: dónde esté un buen colchón que se quiten las tonterías), he hecho largas excursiones por el campo (¿por qué digo que ha sido divertido y luego suelto todo esto?), hacíamos veladas y fuegos de campamento, concursos (¡hubo uno de Pokémon!), íbamos a la piscina, buscábamos pistas por el bosque, jugábamos a las cartas, comíamos helados encima de piedros… en fin, no estuvo nada mal. Y la gente la verdad es que era majísima. Estábamos sólo 20 personas, y nos llevábamos bastante bien. Bueno, hubo de todo, pero en general el ambiente era bueno, conocí a mucha gente agradable, y a otros que ya eran del año pasado y con los que me seguí llevando bien, me gané un mote (“Pikachu”, como no ^^), me sacaron cuatro veces fuera por hablar por la noche (no soy un angelito, no, aunque lo pareeezca…), y gracias al Ipod de un amigo, pude escuchar música cuando más lo necesitaba (aunque no fueran The Rasmus ni Linkin Park). Vamos, que no ha estado mal del todo ^^ Nada mal. Y de nuevo estoy aquí, frente a mi querido pantalla plana nuevo de 19 pulgadas (que gozada), rezando por que a Lolarch se le haga corto su destierro de una semana al mismo pueblo al que fui yo anteriormente (y eso que se ha ido con el portátil, la Play, el móvil y la DS, la tía), y que a ver cuando me voy al pueblo de Palomarch… entre tanto, disfrutaré de lo que tengo. Y tengo que ir al cine. Sí. A ver la de los Simpsons. Jo que bueno que estaba Ron en la de Harry Potter. Casi gana a Harry Potter. Me voy a almorzar, y de regalito, una foto mía hecha con la cam cuando me aburría (y eso pasa a menudo). ¡¡¡Saludillos!!! LO QUE ACABA PASANDO CON LAS CADENAS ESAS INFERNALES POR CORREO (sacado de un foro):![]() 1. He dejado de beber Coca cola tras descubrir que sirve para quitar las xDDDDDDDDD 20/08/2007 17:33 Autor: celiadelgado. Enlace permanente. Tema: ACTUAL¡¡¡ No hay comentarios. Comentar. NO HE PODIDO RESISTIRME A COLGARLO AQUÍ =3
LOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO[...]L 20/08/2007 21:07 Autor: celiadelgado. Enlace permanente. Tema: ACTUAL¡¡¡ No hay comentarios. Comentar. LUNA![]() Bueno, os dejo la primera parte del primer capítulo de una historietilla que estoy escribiendo, además de Oldawa, a la que le tengo que arreglar aún un par de cosillas. Nunca está mal tomarse un descanso para escribir otra cosa, ¿no? Mi padre publicó ocho novleas antes de una con la que llevaba mucho tiempo. Vamos, que no penséis que a Oldawa la he perdido de vista, es sólo que voy despacio. Espero que "Luna" también os guste igualmente, aunque el argumento es más simple, pero a los personajes también les he cogido cariño (aunque nadie podrá igualar a Aritnem, vale). I hope you love him, too (creo que está bien escrito xD). Y os dejo una imagen de Sofía, el primer personaje que sale por ahora. Kisses! 1º La chica del pelo rosa y el adolescente de la moto. (primera parte)
La mansión era oscura y tenebrosa, devorada por la hiedra y rodeada de sauces llorones cuyos troncos parecían doblarse de dolor, y que se balanceaban de un lado a otro con cada sacudida de aire, la madera crujiendo como gritos ahogados. El aire arrastraba hojas secas que giraban en círculos y que luego descendían como las olas en el mar, cubriendo el camino de arena que llevaba hasta la puerta, de pintura desteñida y madera carcomida, que se entreabría y crujía de una manera similar a la de los troncos de los árboles. Las ventanas tenían algunos cristales rotos, y absolutamente todos ellos sucios, y se abrían y se cerraban con gran estrépito, dejando entrar en ocasiones alguna que otra hoja Los ladrillos de las paredes que se podían entrever por debajo de las hojas estaban cubiertos de mugre y parecían agrietados por innumerables años de abandono. Y las habitaciones no estaban mejor. La mansión se encontraba en lo alto de una meseta, de espaldas al bosque, sin civilización alguna alrededor, aparte de un pueblecito medio abandonado que pasaba casi inadvertido, a unos cuantos kilómetros de ella, y por dentro era húmeda y fría. Los papeles oscuros de las paredes estaban desgarrados por algunas partes de forma tétrica, y el suelo carcomido de madera crujía al pisar, por no hablar de las escaleras, que parecían tambalearse en cuanto alguien se apoyaba en la barandilla. Los muebles despedían oleadas de polvo, y de entre los cojines aparecían animales oscuros y pequeños que corrían a esconderse a algún rincón en cuanto eran descubiertos, y otros no tan pequeños que hacían lo mismo, pero entre chillidos. Lo único que se conservaba casi tan imponente y tan bello como en épocas pasadas era la biblioteca. Una habitación enorme, probablemente la más amplia de la mansión, repleta de estanterías incluso por el techo, dónde los libros parecían inalcanzables. Las estanterías se juntaban y se separaban creando un laberinto de pasillos polvorientos y libros antiguos y no tan antiguos, corroídos, libros en diferentes idiomas, de diferentes ediciones e incluso de diferentes épocas, libros que escalaban por las paredes, por alrededor de las ventanas hasta la cúpula del techo, donde daba vértigo sólo de mirarlos. Había libros dentro de vitrinas acristaladas, en estanterías de madera oscura con filigranas escritas, sobre mesas esparcidos, sobre sillas en montones, incluso cubriendo las columnas en baldas que giraban en espiral. El sol entraba por los ventanales medio rotos, creando claros polvorientos de luz dorada en los pasillos y sobre los volúmenes, que parecían tan vivos y tan cuidados como en sus buenas épocas. Era un espectáculo impresionante, y sin embargo la chica entró mirando al frente, sin prestar atención a las estanterías que la rodeaba, sin parpadear cuando la luz de daba en los ojos, dando grandes zancadas que hacían crujir el suelo, y la cara con una mueca de concentración. El anciano que la acompañaba frunció el ceño. Los adolescentes de hoy en día eran más simples que el mecanismo de un chupete; no apreciaban el arte, no tenían dos dedos de frente. Y además no vestían como personas normales, observó, mientras miraba con ojo crítico a la chica. Para empezar, llevaba el pelo rosa. ¡Rosa! Si a alguno de sus hijos se le hubiera ocurrido la idea de teñirse el pelo de un color tan horrible, lo habría desheredado, para empezar. La chica se detuvo delante de una estantería, y sin decir palabra, cogió un libro y comenzó a pasar páginas. El anciano aprovechó la situación para acercarse un poco más y sentarse en una vieja silla a unos pocos metros de ella: su edad no le permitía excursiones tan largas sin que luego sus huesos se quejasen. El extraño pelo color rosa claro, como el de una camiseta desteñida, se deslizaba ligeramente ondulado por encima de su espalda, y algunos mechones se desordenaron y cayeron encima de su cara, cubriendo sus ojos. El anciano no estaba del todo seguro, pero creía haber observado que sus ojos eran de un color castaño oscuro, y sorprendentemente grandes. Bueno, al menos algo normal en aquella chica. Estaba seguro de que si hubiese tenido los ojos rosas también, habría llamado a la policía local. Llevaba una camisa blanca y ligera de verano, algo abierta por la espalda, su piel era blanca e inmaculada, y sus manos alargadas y de uñas bonitas; pasaba las hojas con decisión pero delicadeza, subrayando con el dedo alguna frase que le llamase la atención, mientras sus labios la pronunciaban en silencio. Los pantalones eran anchos, con muchos bolsillos, y sorprendentemente bajos, tanto, que se le veía medio palmo de ropa interior. El hombre desvió la mirada azorado. Desde luego, en sus tiempos, las muchachas no vestían así ni por asomo. Los adolescentes de hoy en día, qué rápido crecían. La chica cerró el libro con un resoplido creando una nube de polvo, lo dejó de nuevo en su sitio y se acercó a la estantería de al lado, cerca de la silla dónde el anciano estaba sentado. Volvió a sacar un libro, y después de mirar durante un segundo su portada, procedió a pasar las páginas apresuradamente de nuevo, deteniéndose en algunas páginas. El anciano suspiró y se apoyó en su bastón, sintiendo que la humedad del ambiente lo envolvía, y reprochándose el haber acompañado a aquella extraña chica a la biblioteca abandonada de la antigua mansión. Pero claro, era el único del pueblo que se había ofrecido. ¿Por qué había tenido que decir nada? -Disculpa, tú… -se atrevió a decir. -¿Sí?-ella no levantó los ojos del libro. -¿Cómo te llamabas? -Sofía. -Ah, de acuerdo. Era extraño e incómodo. Él, un hombre mayor, que había cazado en su juventud más zorros que todos los muchachos del pueblo juntos, y que no le tenía miedo ni a un oso pardo, intimidado por aquella extraña adolescente de pelo rosa que en sus vacaciones de verano había decidido dedicar un día a hojear libros de la biblioteca de una casa abandonada y medio rota. Y no había sido por hacer una visita cultural, por lo visto. Ella buscaba algo en especial, y parecía molestarse cada vez que cerraba un libro de golpe, sin encontrar en él lo que estaba buscando.-Perdona, Sofía…-volvió a intervenir el anciano con cautela, mientras la chica se daba la vuelta y se estiraba para alcanzar un libro de los de arriba en la estantería. -Perdonado. -¿Puedo preguntarte una cosa? -Ya lo ha hecho. -Quizá si me dijeses lo que buscas, podría ayudarte. -Gracias, pero me temo que no puede ser. -¿Por qué? -Ya ha hecho más de una pregunta. -Pero… La chica se volvió libro en mano, con cara de póquer, y poniendo la misma voz que pone un adulto cuando hay que explicarle algo cansado a un niño, habló ante el desconcertado hombre: -Mire, yo le agradezco mucho que me haya traído hasta aquí, y si puedo hacer algo por él en adelante, le prometo que le procuraré devolver el favor, pero… Sus explicaciones fueron interrumpidas por el ensordecedor ruido de un motor, que cada vez se acercaba más y más a la casa. La chica miró rápidamente por uno de los ventanales rotos, mientras que el anciano cada vez estaba más confuso. Hacía mucho que nadie se acercaba a aquella casa, demasiado tiempo sin que nadie la pisase, y de repente llegaba aquella chica y lo revolucionaba todo. Sofía se volvió hacia el hombre y sonrió, visiblemente contenta, mientras el ruido del motor retumbaba por toda la biblioteca. -¡Escuche, me llevo prestado el libro! ¡Muchas gracias por todo!-le gritó para hacerse oír, sin borrar la sonrisa de su cara. -Pero, pero… En ese instante una moto enorme y negra cruzó el ventanal, y la chica, sin esperar y sin decir adiós, saltó a la moto en marcha por un ventanal, la alcanzó y se sentó detrás del conductor, agarrada a su cintura, con el libro aún en la mano. Todo eso en un segundo. El anciano se levantó del sillón, frotándose los ojos, y se asomó al ventanal, pero la moto ya se había alejado, dejando una estela de humo y polvo en el antiguo camino. El hombre entrecerró los ojos. Había jurado que el conductor tenía el pelo azul. Caminando despacio, el anciano volvió a coger su bastón, y apoyado en él salió de la habitación después de echarle un último vistazo. Desde luego, los adolescentes de hoy en día… LAS MUSIQUITAS RAYANTES! (no sé como no las he colgado antes xD)
BATALLAS ÉPICAS, PIEDRAS, PIÑAS, PIÑAZOS Y MUCHO, MUCHO YOGUR (por cortesía de los criajos de Becerrolandia xDDD)![]() En cuanto llegamos al pueblo de mi amiga Palomarch, nos dimos cuenta de que algo no iba bien. Por mucho que ella nos dió la tabarra con que tenía a medio pueblo en contra, nosotras nos lo creíamos, pero no nos lo tomamos en serio. Al menos no lo sufieciente. Cuando por la noche pasábamos por delante de algunos portales, escuchábamos burlas e insultos dichos por lo bajini (y por no tan bajini), de unos niños que están convencidos de que Palomarch es emo. ¿Emo? Es medio emo, pero aún así dudo que semejantes incultos sepan lo que quiere decir esta palabra. Bueno, eso fue el comienzo de todo, y aunque Palomarch se las devolvía con creces, Lara le apoyaba y yo hacía lo posible por ignorarlos y continuar con la conversación entre nosotras como si nada hubiese pasado, la cosa se complicó cuando una... niña (no diré nombres) le arrojó un palo a Lara a la nuca. Un garrote, macho. Lara se lo quedó (después de soltar unos cuantos improperios), y cuando la... niña volvió a pasar para burlarse de nosotras con su super bici de la muerte, Lara le lanzó el palo de nuevo, y con tan mala (o buena) suerte, que le dio de lleno en la cara. A partir de aquél momento teníamos a criajos en bici y a adolescentes a pie que nos seguían a todas partes, tirándonos piñas (y no nos daba ni una, chupáos esa). Al final, una noche nos asomamos al balcón, y como nos seguían tirando piñas, Palomarch y Lara les tiraron dos yogures caducados a las cabecillas. Y les dieron (yo estaba viendo "Arac Attack" en la 1, y pasé del tema xD). Como criajos maleducaos que son, nos la devolvieron pegándole un cantazo a Lara en la cabeza y tocando el timbre hasta casi fundirlo, despertando a los abuelos de Palomarch, que dormían en nuestra misma casa (como que era suya). A la cuarta vez, el abuelo de Palomarch salió al balcón y les echó la bronca, y nos dejaron. A la noche siguente nos siguen dando la lata, pero gracias a la madre de Palomarch, que también les echó una buena bronca, y a que no somos muchas... pero les sacamos al menos tres años (al que menos), sobreviviremos. Pero estas batallas épicas tienen que pasar a la historia, y por eso las escribo ahora, para no olvidarme nunca de los hielos que le tuve que poner a Lara en la cabeza, o de los agujeros que hay ahora en la pared, o de cómo puede sobrevivir Palomarch yendo a ese pueblo caa dos por tres. Palomarch, siempre te apoyaremos. |
*VivO pArA DeMoStRaR lO iMpOsIbLe*Felices los que nada esperan, porque nunca serán defraudados...
TemasArchivos
Enlaces
|