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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2007. *LA CAJA DE MÚSICA*![]() En una habitación oscura, sucia y olvidada, cuya puerta había sido sellada desde hacía tiempo y ya tenía telarañas en la cerradura, sonaba aún una caja de música. La figura de una bailarina con un tutú que había dejado ya de ser blanco daba vueltas al son del sonido en su interior, sin descanso, mientras tintineos de música llenaban la habitación. Tintineos de recuerdos. Recuerdos de un amor imposible, de un amor frustrado, de un amor que ellos supieron que no podía durar, aunque aún se aferraban a la esperanza –mala consejera- de poder vivir felices un poco más. De poder estar juntos durante algo más de tiempo, pese a que el cielo estuviese en su contra. Y claro, ¿quiénes eran dos humanos como para atreverse a contradecir a las estrellas? Los encuentros terminaron rápidamente, las flores con espinas llenaban la habitación que ahora se encontraba revuelta y ya lejana, los buenos tiempos terminaron antes de que pudiesen empezar. A ella le dolía, a él más, pero los dos sabían que tenían que proseguir solos con su vida, cada uno por un camino diferente, aunque las lágrimas les emborronasen la vista. Y por fin la tragedia ocurrió. Se descubrieron todos los sentimientos que anidaban en sus dos corazones, entonces juntos en unos solo, y como predijeron las estrellas, como ellos sabían que acabaría si su sueño proseguía, si su dulce nube desaparecía y caían los dos al suelo, sabían que aunque estuviesen juntos no podrían evitarlo, y aún así sólo se tenían el uno al otro. Así que lo afrontaron unidos codo con codo, con lágrimas deslizándose por las mejillas de ella y rabia en la boca de él, porque sabían que era lo único que podían hacer, que el desastre ya estaba hecho y que no podrían hacer nada porque terminase. Y sin embargo, terminó. Fue rápidamente, indoloramente y demasiado difícil de asimilar. Los celos acabaron con la vida de ella y su cuerpo cayó inerte, como si nunca hubiese existido, nunca hubiese estado allí, nunca hubiese amado ni odiado, ni sentido miedo, ni reído como cualquier otra persona. Él cayó destrozado. Eran los dos demasiado jóvenes, y únicamente habían cometido el pecado de amar a la persona equivocada. De encapricharse de alguien que ya pertenecía a otro. “Se lo tienen merecido”, decía la gente, y negaba con la cabeza tristemente cavilando sobre semejante imprudencia. Y sólo queda un recuerdo de aquella historia, un recuerdo ya descolorido en una habitación oscura, sucia y olvidada: una caja de música cuya bailarina sigue dando vueltas al son de una triste canción de amor. -Zelichigo** |
*VivO pArA DeMoStRaR lO iMpOsIbLe*Felices los que nada esperan, porque nunca serán defraudados...
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