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Se muestran los artículos pertenecientes al tema RELATOS. DESAPARECE DE MI VIDA![]() "Desaparece de mi vida", le había dicho. Y a no había vuelta atrás. La sangre aún corría pro sus mejillas como lágrimas macabras, caía al suelo cubierto de lluvia. Desaparece de mi vida. POR UNA VEZ (no preguntéis, porque no sé de dónde me lo he sacado...)![]() Por una vez Me gustaría sincerarme Decirte que tengo un lío de sentimientos Que te quiero y te odio Que te hecho de menos cuando huyo de ti Que no puedo pensar con claridad Porque has inundado mi cerebro Que te considero un ser de otra galaxia Una galaxia muy cercana Tanto, que me puedo permitir el hacerme ilusiones Y dejar que me absorban por completo Corriendo el riesgo de que luego se rompan Y volver a sentirlo de nuevo Y a romperme la cabeza pensando en que no soy normal Y pensar una y otra vez en ti y en un nosotros Que nunca existió, ni lo hará Volver a imaginarme esa historia tan cercana Que casi puedo tocarla con los dedos Antes de que se esfume otra vez Como siempre Y compadecerme de mí misma Porque tú nunca sabrás lo que pasa por mi cabeza Y en parte, yo tampoco Aunque sé que, en el fondo, muy en el fondo No me importa. *LA CAJA DE MÚSICA*![]() En una habitación oscura, sucia y olvidada, cuya puerta había sido sellada desde hacía tiempo y ya tenía telarañas en la cerradura, sonaba aún una caja de música. La figura de una bailarina con un tutú que había dejado ya de ser blanco daba vueltas al son del sonido en su interior, sin descanso, mientras tintineos de música llenaban la habitación. Tintineos de recuerdos. Recuerdos de un amor imposible, de un amor frustrado, de un amor que ellos supieron que no podía durar, aunque aún se aferraban a la esperanza –mala consejera- de poder vivir felices un poco más. De poder estar juntos durante algo más de tiempo, pese a que el cielo estuviese en su contra. Y claro, ¿quiénes eran dos humanos como para atreverse a contradecir a las estrellas? Los encuentros terminaron rápidamente, las flores con espinas llenaban la habitación que ahora se encontraba revuelta y ya lejana, los buenos tiempos terminaron antes de que pudiesen empezar. A ella le dolía, a él más, pero los dos sabían que tenían que proseguir solos con su vida, cada uno por un camino diferente, aunque las lágrimas les emborronasen la vista. Y por fin la tragedia ocurrió. Se descubrieron todos los sentimientos que anidaban en sus dos corazones, entonces juntos en unos solo, y como predijeron las estrellas, como ellos sabían que acabaría si su sueño proseguía, si su dulce nube desaparecía y caían los dos al suelo, sabían que aunque estuviesen juntos no podrían evitarlo, y aún así sólo se tenían el uno al otro. Así que lo afrontaron unidos codo con codo, con lágrimas deslizándose por las mejillas de ella y rabia en la boca de él, porque sabían que era lo único que podían hacer, que el desastre ya estaba hecho y que no podrían hacer nada porque terminase. Y sin embargo, terminó. Fue rápidamente, indoloramente y demasiado difícil de asimilar. Los celos acabaron con la vida de ella y su cuerpo cayó inerte, como si nunca hubiese existido, nunca hubiese estado allí, nunca hubiese amado ni odiado, ni sentido miedo, ni reído como cualquier otra persona. Él cayó destrozado. Eran los dos demasiado jóvenes, y únicamente habían cometido el pecado de amar a la persona equivocada. De encapricharse de alguien que ya pertenecía a otro. “Se lo tienen merecido”, decía la gente, y negaba con la cabeza tristemente cavilando sobre semejante imprudencia. Y sólo queda un recuerdo de aquella historia, un recuerdo ya descolorido en una habitación oscura, sucia y olvidada: una caja de música cuya bailarina sigue dando vueltas al son de una triste canción de amor. -Zelichigo** PARTE DE UN RELATO DE LA AMIGA PALOMARCH QUE ME HA DEJADO SIN PALABRAS:![]() La amiga Palomarch escribio un relato hace un tiempo (en Becerrolandia, ademas), que yo corregi y prometi que lo colgaria en mi blog para que todo el mundo pudiese ver que si, que hay alguien que escribe mejor que yo (hombre, no xDDDD). Pues ala, alla va. Alerta: es un relato deprimete. No digo mas xD Pero es precioso. "...Pedro se reunió con Soledad, como había hecho todos los días desde hacía ya siete. Rostro apático, semblante triste, ánimo apaciguado. Soledad traía hoy consigo un bolso negro. Abrió con desgana la cremallera. Rebuscó un largo rato: parecía aquello un pozo sin fondo. Un quejido animal despertó de su trance a Pedro: parecía que Soledad por fin las había encontrado. LUNA (segunda parte de: La chica del pelo rosa y el adolescente de la moto)![]() La moto paró en un descampado algo lejos de la mansión, al lado de un campo de olivos cercano a otro de trigo que ya relucía como un mar dorado cuando el viento lo movía. La chica seguía con el antiguo libro en la mano, agarrado tan fuerte que los nudillos se veían amarillos, y no lo soltó hasta llegar a los pies de uno de los olivos que se distinguía por tener el tronco muy grueso, dónde se sentó sin decir una palabra. Entretanto, el conductor de la moto se ocupaba de parar el motor y de dejar el aparato apoyado contra otro árbol. Luego se acercó hacia la chica, que en aquél momento estaba desenvolviendo el papel de colores de un caramelo de fresa, que pasó a saborear mientras abría el libro en su regazo. -¿Quieres?-le ofreció a su acompañante, sin apartar la vista del libro. Él pareció dudar. -No, gracias, demasiado empalagosos para mí-dijo, mientras se sentaba a su lado. Sofía se encogió de hombros y lo miró durante un momento. Su cuerpo era atlético, se notaba hasta cuando estaba relajado. Era alto (a ella le sacaba una cabeza), y tenía una cara extraña. De hecho, había algo hipnótico en sus rasgos que hacía que Sofía se perdiese entre sus pestañas larguísimas, navegase por los reflejos dorados de su pelo azul cyan o se quedase embobada admirando unos labios más rojos que los suyos. Como en aquella ocasión. Desvió los ojos, parpadeó varias veces, sacudió la cabeza y se volvió a centrar en el libro, convenciéndose de que el sol que le estaba dando en la cara y el dulzor del caramelo la estaban atontando. El chico seguía a su lado, callado y con los ojos cerrados, dejando que el sol le diese de lleno. Resplandecía. -¿Y bien?-preguntó al cabo de un rato, entreabriendo los ojos. -Y mal, diría yo-respondió ella, al tiempo que pasaba de página-. En la mansión no había nada. Ni rastro. -Pero tiene que haber algún libro que haga alguna referencia, por mínima que sea… -Sí, eso mismo pienso yo-.le interrumpió ella, cerrando el libro-. Y creo que ese es el libro que buscábamos, aunque no estoy segura. Tendré que revisarlo un poco más. -De acuerdo-dijo él levantándose y desperezándose como un gato-. Yo mientras seguiré buscando por mi cuenta. Lo que sea para no tener que volver a Las Cenizas… -¿Y vas a dejar a una pobre señorita abandonada a su merced? -Para empezar, tú no tienes nada ni de débil ni de señorita. Y además tienes el libro-contestó él con una sonrisa. -Pero aún no sé utilizarlo… -Bueno, es igual, tienes tus poderes de toda la vida. Con eso te las podrás arreglar. La chica se quedó sin excusas. -Ge, ¿desde cuando llevas melena?-preguntó con una ceja enarcada, observando como el habitual pelo tieso y fuerte del chico caía sobre sus hombros como una cascada rígida y brillante. -Me daba pereza cortármelo-contestó él encogiéndose de hombros, mientras se ponía un casco que había aparecido de repente sobre el asiento de conductor. Luego se sentó y puso el motor en marcha otra vez, haciendo que la moto empezase a escupir ruido de nuevo. Al volver la cabeza, vio a través del cristal ahumado del casco a la chica con cara de cordero degollado y el libro apretado en el pecho. -Venga, tranquila. Sabes que si te pasa algo voy a estar ahí. No te preocupes-y después de revolverle el pelo con la mano, moto y conductor se alejaron por el camino dejando una estela de humo y polvo, hacia el horizonte, por donde el sol ya empezaba a desaparecer, y el ambiente se estaba tornando de un morado oscuro. La noche comenzaba. Sofía suspiró, desenvolvió una piruleta, encendió una llamita a su lado haciendo chasquear los dedos, y con el libro bajo el brazo mientras chupaba el caramelo y la llamita flotando alrededor de su cabeza, su pelo rosa se perdió por las colinas, en dirección contraria a la del chico. LUNA![]() Bueno, os dejo la primera parte del primer capítulo de una historietilla que estoy escribiendo, además de Oldawa, a la que le tengo que arreglar aún un par de cosillas. Nunca está mal tomarse un descanso para escribir otra cosa, ¿no? Mi padre publicó ocho novleas antes de una con la que llevaba mucho tiempo. Vamos, que no penséis que a Oldawa la he perdido de vista, es sólo que voy despacio. Espero que "Luna" también os guste igualmente, aunque el argumento es más simple, pero a los personajes también les he cogido cariño (aunque nadie podrá igualar a Aritnem, vale). I hope you love him, too (creo que está bien escrito xD). Y os dejo una imagen de Sofía, el primer personaje que sale por ahora. Kisses! 1º La chica del pelo rosa y el adolescente de la moto. (primera parte)
La mansión era oscura y tenebrosa, devorada por la hiedra y rodeada de sauces llorones cuyos troncos parecían doblarse de dolor, y que se balanceaban de un lado a otro con cada sacudida de aire, la madera crujiendo como gritos ahogados. El aire arrastraba hojas secas que giraban en círculos y que luego descendían como las olas en el mar, cubriendo el camino de arena que llevaba hasta la puerta, de pintura desteñida y madera carcomida, que se entreabría y crujía de una manera similar a la de los troncos de los árboles. Las ventanas tenían algunos cristales rotos, y absolutamente todos ellos sucios, y se abrían y se cerraban con gran estrépito, dejando entrar en ocasiones alguna que otra hoja Los ladrillos de las paredes que se podían entrever por debajo de las hojas estaban cubiertos de mugre y parecían agrietados por innumerables años de abandono. Y las habitaciones no estaban mejor. La mansión se encontraba en lo alto de una meseta, de espaldas al bosque, sin civilización alguna alrededor, aparte de un pueblecito medio abandonado que pasaba casi inadvertido, a unos cuantos kilómetros de ella, y por dentro era húmeda y fría. Los papeles oscuros de las paredes estaban desgarrados por algunas partes de forma tétrica, y el suelo carcomido de madera crujía al pisar, por no hablar de las escaleras, que parecían tambalearse en cuanto alguien se apoyaba en la barandilla. Los muebles despedían oleadas de polvo, y de entre los cojines aparecían animales oscuros y pequeños que corrían a esconderse a algún rincón en cuanto eran descubiertos, y otros no tan pequeños que hacían lo mismo, pero entre chillidos. Lo único que se conservaba casi tan imponente y tan bello como en épocas pasadas era la biblioteca. Una habitación enorme, probablemente la más amplia de la mansión, repleta de estanterías incluso por el techo, dónde los libros parecían inalcanzables. Las estanterías se juntaban y se separaban creando un laberinto de pasillos polvorientos y libros antiguos y no tan antiguos, corroídos, libros en diferentes idiomas, de diferentes ediciones e incluso de diferentes épocas, libros que escalaban por las paredes, por alrededor de las ventanas hasta la cúpula del techo, donde daba vértigo sólo de mirarlos. Había libros dentro de vitrinas acristaladas, en estanterías de madera oscura con filigranas escritas, sobre mesas esparcidos, sobre sillas en montones, incluso cubriendo las columnas en baldas que giraban en espiral. El sol entraba por los ventanales medio rotos, creando claros polvorientos de luz dorada en los pasillos y sobre los volúmenes, que parecían tan vivos y tan cuidados como en sus buenas épocas. Era un espectáculo impresionante, y sin embargo la chica entró mirando al frente, sin prestar atención a las estanterías que la rodeaba, sin parpadear cuando la luz de daba en los ojos, dando grandes zancadas que hacían crujir el suelo, y la cara con una mueca de concentración. El anciano que la acompañaba frunció el ceño. Los adolescentes de hoy en día eran más simples que el mecanismo de un chupete; no apreciaban el arte, no tenían dos dedos de frente. Y además no vestían como personas normales, observó, mientras miraba con ojo crítico a la chica. Para empezar, llevaba el pelo rosa. ¡Rosa! Si a alguno de sus hijos se le hubiera ocurrido la idea de teñirse el pelo de un color tan horrible, lo habría desheredado, para empezar. La chica se detuvo delante de una estantería, y sin decir palabra, cogió un libro y comenzó a pasar páginas. El anciano aprovechó la situación para acercarse un poco más y sentarse en una vieja silla a unos pocos metros de ella: su edad no le permitía excursiones tan largas sin que luego sus huesos se quejasen. El extraño pelo color rosa claro, como el de una camiseta desteñida, se deslizaba ligeramente ondulado por encima de su espalda, y algunos mechones se desordenaron y cayeron encima de su cara, cubriendo sus ojos. El anciano no estaba del todo seguro, pero creía haber observado que sus ojos eran de un color castaño oscuro, y sorprendentemente grandes. Bueno, al menos algo normal en aquella chica. Estaba seguro de que si hubiese tenido los ojos rosas también, habría llamado a la policía local. Llevaba una camisa blanca y ligera de verano, algo abierta por la espalda, su piel era blanca e inmaculada, y sus manos alargadas y de uñas bonitas; pasaba las hojas con decisión pero delicadeza, subrayando con el dedo alguna frase que le llamase la atención, mientras sus labios la pronunciaban en silencio. Los pantalones eran anchos, con muchos bolsillos, y sorprendentemente bajos, tanto, que se le veía medio palmo de ropa interior. El hombre desvió la mirada azorado. Desde luego, en sus tiempos, las muchachas no vestían así ni por asomo. Los adolescentes de hoy en día, qué rápido crecían. La chica cerró el libro con un resoplido creando una nube de polvo, lo dejó de nuevo en su sitio y se acercó a la estantería de al lado, cerca de la silla dónde el anciano estaba sentado. Volvió a sacar un libro, y después de mirar durante un segundo su portada, procedió a pasar las páginas apresuradamente de nuevo, deteniéndose en algunas páginas. El anciano suspiró y se apoyó en su bastón, sintiendo que la humedad del ambiente lo envolvía, y reprochándose el haber acompañado a aquella extraña chica a la biblioteca abandonada de la antigua mansión. Pero claro, era el único del pueblo que se había ofrecido. ¿Por qué había tenido que decir nada? -Disculpa, tú… -se atrevió a decir. -¿Sí?-ella no levantó los ojos del libro. -¿Cómo te llamabas? -Sofía. -Ah, de acuerdo. Era extraño e incómodo. Él, un hombre mayor, que había cazado en su juventud más zorros que todos los muchachos del pueblo juntos, y que no le tenía miedo ni a un oso pardo, intimidado por aquella extraña adolescente de pelo rosa que en sus vacaciones de verano había decidido dedicar un día a hojear libros de la biblioteca de una casa abandonada y medio rota. Y no había sido por hacer una visita cultural, por lo visto. Ella buscaba algo en especial, y parecía molestarse cada vez que cerraba un libro de golpe, sin encontrar en él lo que estaba buscando.-Perdona, Sofía…-volvió a intervenir el anciano con cautela, mientras la chica se daba la vuelta y se estiraba para alcanzar un libro de los de arriba en la estantería. -Perdonado. -¿Puedo preguntarte una cosa? -Ya lo ha hecho. -Quizá si me dijeses lo que buscas, podría ayudarte. -Gracias, pero me temo que no puede ser. -¿Por qué? -Ya ha hecho más de una pregunta. -Pero… La chica se volvió libro en mano, con cara de póquer, y poniendo la misma voz que pone un adulto cuando hay que explicarle algo cansado a un niño, habló ante el desconcertado hombre: -Mire, yo le agradezco mucho que me haya traído hasta aquí, y si puedo hacer algo por él en adelante, le prometo que le procuraré devolver el favor, pero… Sus explicaciones fueron interrumpidas por el ensordecedor ruido de un motor, que cada vez se acercaba más y más a la casa. La chica miró rápidamente por uno de los ventanales rotos, mientras que el anciano cada vez estaba más confuso. Hacía mucho que nadie se acercaba a aquella casa, demasiado tiempo sin que nadie la pisase, y de repente llegaba aquella chica y lo revolucionaba todo. Sofía se volvió hacia el hombre y sonrió, visiblemente contenta, mientras el ruido del motor retumbaba por toda la biblioteca. -¡Escuche, me llevo prestado el libro! ¡Muchas gracias por todo!-le gritó para hacerse oír, sin borrar la sonrisa de su cara. -Pero, pero… En ese instante una moto enorme y negra cruzó el ventanal, y la chica, sin esperar y sin decir adiós, saltó a la moto en marcha por un ventanal, la alcanzó y se sentó detrás del conductor, agarrada a su cintura, con el libro aún en la mano. Todo eso en un segundo. El anciano se levantó del sillón, frotándose los ojos, y se asomó al ventanal, pero la moto ya se había alejado, dejando una estela de humo y polvo en el antiguo camino. El hombre entrecerró los ojos. Había jurado que el conductor tenía el pelo azul. Caminando despacio, el anciano volvió a coger su bastón, y apoyado en él salió de la habitación después de echarle un último vistazo. Desde luego, los adolescentes de hoy en día… CAPÍTULO 21!!! (esto no acaba nunca xDDD) Jesse
Planeamos con las dunas a nuestros pies, sin ver nada más que un suelo amarillo y un horizonte rosado. Por una vez no era yo la que cargaba con la otra persona, y era reconfortante ser el pasajero. Enheas parecía no cansarse nunca, y aunque aún me preguntaba el cómo podía volar, lo dejé de lado y me dejé llevar, quitando que también me sentía algo ofendida por lo último que me había dicho el fantasma. Cada vez que intentaba protegernos hacía algo mal. Comprendía que él también quisiese ser el héroe, pero resulta que la más fuerte aquí era una servidora, y yo tenía que ejercer como tal. Además, las Nurvas no eran gente con la que se podía negociar: ellas, por muy finas que pareciesen, atacaban sin pensárselo dos veces, y el numerito que había hecho Enheas con la lanza no nos ayudó en nada. Ya le diría yo cuatro palabritas al fantasma ése en cuanto tuviese oportunidad… Poco a poco, Enheas fue descendiendo, y me dejó suavemente en el suelo. Luego se tumbó a descansar, pues se le veía rendido. Yo miré a mi alrededor: lo único que se podía ver era arena y más arena. Me quité la capa, porque la temperatura había subido bastante, y empezaba a sudar. El vestido tampoco me ayudaba mucho, con tantos volantes y tantas capas, era muy incómodo. Pero no lo rasgué, porque había leído en algún sitio que las capas mantenían la temperatura corporal, así que si me las quitaba sería peor. -Enheas, escucha-le dije, arrodillándome a su lado- busquemos alguna sombra. -Espera un momento-dijo él, cerrando los ojos. Sin hacerle ni caso, le agarré de los hombros y lo arrastré hacia la sombra de la duna más cercana. El fantasma ni se inmutó, y yo me agarré las rodillas con los brazos y me quedé al lado suyo, preguntándome qué vendría ahora. Habíamos huido de una fortaleza, habíamos sobrevivido en un bosque, incluso habíamos conseguido huir de unas Nurvas. Y ahora esto. Ya no había motivo para nuestro viaje aparte que el de huir. Nunca podría destruir Oldawa, con tanta vida y tantos seres habitando en ella. Enheas me había hecho entrar en razón: mi vida estaba aquí, pese a que la mayor parte hubiese sido un engaño. Aún podía rectificar, aún podía servir de algo. No atentaría contra Oldawa… al menos contra una parte de ella (las Nurvas podían ser una excepción). Intentaría averiguar más detalles del porqué de ése odio contra los humanos. Y ya que estábamos, de Enheas. ¿De dónde salía? ¿Hacia dónde iba? ¿Por qué siempre estaba allí cuando yo lo necesitaba? ¿Cómo es que siempre lo sabía todo? Solamente era un fantasma… ¿no?
Jesse miró hacia el cielo. Ni una sola nube, ni un solo pájaro. El azul continuaba impasible, sin dejar que nada lo manchase. De repente, una sombra cubrió el sol durante unos instantes. Dos sombras. Jesse entornó los ojos, sorprendido, y desplegó sus alas. Dos imponentes alas negras se extendieron de golpe a su derecha y a su izquierda, Jesse pegó un salto y voló rápidamente hacia el campamento de las Lavas. Una vez allí, planeó hasta llegar a la tienda de Firella. Todas las Lavas le conocían, le habían visto crecer, desarrollarse y convertirse en un fiero guerrero. Un fiero guerrero quizá algo ambicioso. Le saludaron distraídamente mientras caminaban de un lado al otro del campamento, realizando sus tareas de cada día. Jesse apartó de un golpe la cortina y entró en la tienda. Firella estaba derramando su aliento de fuego sobre unos cuchillos, volviéndolos incandescentes. Los arrojó a la puerta de repente, al sentir una presencia, y Jesse tuvo que hacer gala de sus rápidos reflejos para poder esquivarlos. -Uy, perdona-dijo ella con voz dulce-. Jesse, no sabía que eras tú. ¿Qué ocurre? -He visto dos sombras en el cielo. -Se tratará de algún pájaro. -Era más grande que un pájaro. En realidad era más grande que dos pájaros juntos. -Pues será un dragón.-sentenció ella, examinando el filo de un puñal. -¿Deseas que vaya a averiguarlo? -Bueno, si tienes curiosidad, ve -cedió Firella, indiferente Jesse se inclinó respetuosamente y dejó a la Lava ocupada con sus cuchillos. Cuando salió al exterior fue directamente hacia su tienda, decorada con motivos de guerra y cogió una lanza después de comprobar que estaba bien afilada. Acto seguido, se alejó andando del campamento sin que nadie se diese cuenta, volvió a desplegar sus alas y se elevó, buscando con la mirada a las dos figuras que había visto cruzar el cielo momentos antes. Algo removió mi cabello y la arena me entró en los ojos. Me tapé la cara con las manos mientras me quejaba, y luego busqué a tientas a Enheas. Pero me empujaron bruscamente y caí al suelo. Cuando abrí los ojos, el fantasma estaba delante de mí con los brazos extendidos, y enfrente nuestro había… ¿un pájaro? Acerté a ver las alas, enormes y negras como el carbón. Me incorporé y me adelanté a Enheas. Lo que me había tirado al suelo era… era difícil de describir. Un chico con el pelo rubio como la paja, y de ropajes negros. Y los ojos no me habían engañado al ver sus alas: eran tan reales como que salían de su espalda y se encorvaban a ambos lados de su cabeza, dándole un aspecto más amenazador aún. Pero a mí no me asustaba en absoluto, peores ocasiones había tenido que vivir. Pero el chico pasó de mí y se dirigió hacia Enheas. -¿Quiénes sois y qué hacéis aquí?-preguntó despectivamente, lanza en mano. Enheas ni se inmutó, como de costumbre. Intentaba parecer valiente, pero yo sabía que estaba agotado. De hecho, jadeaba un poco y tragaba saliva constantemente. -Nadie a quién debas tratar de esa forma. No estamos invadiendo tu territorio. El desierto es suficientemente grande como para que podamos convivir todos sin necesidad de disputas. Buen discurso, sí señor. Lástima que al el chico de alas negras no se lo pareciese. Su mirada brilló aún más, y sus cejas blancas se curvaron hacia abajo en una mueca escalofriante. Acercó peligrosamente la punta de la lanza al cuello de Enheas. -¿Cómo osas hablarme así? Aquello ya era demasiado: Enheas estaba enfermo, y mientras yo lo cuidase, nada ni nadie podía hacerle daño. Y menos un tío de alas negras con cara de mala uva. Le aparté de un golpe la lanza y me planté enfrente de él con cara de enfado. -Pero bueno, ¿se puede saber qué te hemos hecho?-Enheas me susurraba que me parase, pero yo, como de costumbre, no le hice caso-.No te conocemos de nada, y nos vienes con amenazas. Te haré yo la pregunta: ¿quién eres tú y de qué vas? El chico pareció quedarse sin respiración durante un momento. Y Enheas también. Pero ya era hora de que dejase de hacerse el héroe y se ocupase de cosas verdaderamente importantes, como su debilidad. Yo podía arreglar las cosas mientras. Esta vez la lanza apuntó a mi garganta. Detrás de mí, el fantasma se puso tenso. Pero él sabía tan bien como yo que si intervenía sería peor. Alcé la cabeza y tragué saliva. En uno de mis bolsillos algo pesaba mucho, y estaba aumentando de forma. Metí rápidamente la mano y saqué la pluma que había conseguido en el bosque de Los Pájaros Terrestres. La pluma estaba mutando, se estaba volviendo grande y plateada en mi mano. Era una espada. -¿Qué tipo de magia es ésta?-gritó el chico. Más extrañas eran sus alas… Sonriendo, empuñé la extraña espada. Era ligera, y se adaptaba perfectamente a mi mano. Plateada, relucía cegadoramente bajo el sol del desierto. Era verdad que no tenía ni idea del manejo de la espada, pero al menos amedrentaría un poco. Retrocedí un paso y di un tajo en horizontal, partiendo la lanza en dos. Observé aliviada cómo la lanza se quedaba en un ridículo palo en manos del chico de las alas. Éste, con los ojos como platos, intentó recogerla del suelo, pero yo no le dejé. Ahora el que tenía un filo apuntando a su nuez era él, y ya no parecía tan valiente. -Levántate-le ordené. Él se incorporó poco a poco, sin dejar de mirar a la espada.-Bien, ahora dime de dónde vienes y por qué nos amenazas. -Este es el territorio de las Lavas-repuso él. -Las Lavas nunca han detenido a nadie así únicamente por atravesar su territorio-intervino Enheas-. Y, que yo recuerde, nunca ha habido ningún hombre entre ellas. -Yo soy el primero-dijo el chico, sonriendo. -No te enorgullezcas tanto-le reproché yo, acercando aún más la espada a su garganta, y se le borró inmediatamente la sonrisa de la cara. Eso de tener el mando me estaba empezando a gustar. -Llévanos hasta las Lavas-ordenó Enheas. -Primero apartad esa cosa de mi cuello. Bajé poco a poco la espada, hasta que se hundió el filo en la arena. De repente, volvió a convertirse en una pluma, alargada y azul. Me la prendí en el pelo, para advertirle al chico de que como intentase algún acto peligroso, le cortaría las alas. -Vosotros podéis volar, lo he visto- nos dijo el chico. Enheas y yo nos miramos durante un momento. -Iremos andando. La marcha fue agotadora. Andar era mucho más cansado, lento y aburrido que volar, y parecía que no llegábamos nunca. Pese a todo, habíamos elegido andar porque ni a Enheas le apetecía llevarme a mí, ni a mí me apetecía cargar con él, quitando que tampoco me hacía mucha ilusión que el chico de las alas descubriese que me podía convertir en dragón. Además, desde la tierra era mucho más fácil vigilarle. -Tendré que ponerle nombre-le comenté a Enheas, sosteniendo la pluma delante de mí. -Yo la llamaría Adaetalp-respondió el, sin mirarme. -Vaya… así que Adaetalp ¿eh? Tu no eres partidario de los nombres originales ¿verdad?-le dije, irónicamente. El esbozó media sonrisa. Por delante de nosotros el chico de negro resopló despectivamente. -Eh, tú, limítate a guiarnos.-le grité. Luego observé la pluma a contraluz con una sonrisa. -Pues Adaetalp.Caminamos en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos: el chico de negro enfurruñado, Enheas como siempre, algo distante de la realidad que le rodeaba, y yo daba estocadas al aire con Adaetalp. Al fin, el chico de las alas se volvió hacia nosotros y nos anunció que estábamos ya a pocos pasos del campamento de las Lavas. -Si me dejáis, me adelantaré y anunciaré de vuestra llegada a mi señora. -¿A Firella?-se extrañó Enheas. -Ah no, tú no te mueves de aquí hasta que lleguemos, amigo-le amenacé yo. No me dejaría engañar tan fácilmente. El chico de las alas entrecerró los ojos y su cara se volvió con una expresión homicida, pero aún así musito: -Como queráis Y se dio la vuelta de nuevo, pateando arena. Estaba claro que no era su costumbre que se le llevase la contraria. Después de lo que parecieron horas caminando, vimos una inmensa humareda que ascendía al cielo y se perdía en él. Sin duda procedía de la inmortal hoguera que cuidaban las Lavas en el centro de su campamento. Aquello nos dio fuerzas para acelerar el paso y llegamos en pocos minutos. Aquello era un hervidero de gente y calor. Las Lavas corrían de un lado para otro, atareadas en sus quehaceres, y la hoguera en el centro del campamento crepitaba incansablemente. Las Lavas eran criaturas del fuego, y como tales no soportaban el frío. Pero encender una enorme hoguera en mitad del desierto en un día soleado me parecía un poco exagerado. Enheas no sentía el calor, y el chico de las alas parecía que tampoco, pero yo no lo resistía, y me agobiaba, aunque la primera cantimplora que vi en el campamento me la derramé por encima, sin atender a las miradas extrañadas del fantasma y el chico de negro. Esquivamos Lavas, tiendas y chispas, hasta llegar a la tienda de Firella. El chico de las alas se paró enfrente de la puerta y volvió la cabeza, dudando. Con un gesto le obligué a entrar, y nosotros avanzamos por detrás de él. La tienda estaba llena de tapices, alfombras y cortinas de seda, todo realmente lujoso y acogedor. Pero ni rastro de la Lava. -Señorita Firella-llamó el chico, a un empujoncito mío-. He encontrado a los extraños que surcaban el cielo. Acto seguido, una cortina dejó paso a Firella, reina de las Lavas, y la más bella y extravagante de todas ellas, posiblemente. Había oído hablar de ella, pero nunca la había visto, y me quedé embobada admirándola. Esta era una belleza distinta a las frías fracciones de Delta. Esta era una belleza exótica de piel morena y pelo rojo y largo. Me sentí sin formas y fea a su lado. Pero ella no me prestaba atención. Se había quedado observando a Enheas de una manera significativa, como si ya se conociesen. Enheas le devolvía la mirada, y de repente me sentí furiosa. Así que decidí romper aquél momento. -Señora Firella, es un placer conocerle. Hemos venido hasta aquí porque… -Señorita, si no te importa-me cortó ella con una sonrisa amable, y dejó de mirar a Enheas. Me sentí aliviada. -Perdón, señorita-le devolví la sonrisa-. Hemos venido aquí porque su… bueno, este chico-dije, mirando al chico de las alas, que me observaba con una mirada de advertencia-nos ha atacado en medio del desierto sin motivo alguno. -¿Es eso cierto, Jesse?-preguntó Firella al chico, como una madre a punto de castigar a su hijo. -Ama Firella-se disculpó él-. Me parecieron extraños y peligrosos. Pido perdón por atacarles-y me miró de una forma que era todo lo contrario a una disculpa. -Si es así, asunto zanjado-exclamó Firella, alegre.-Viajeros, ¿cómo os llamáis? -Yo soy la princesa Aritnem-al fin y al cabo, para ellos seguía siendo “la princesa”, aunque no me hiciera gracia descubrir mi nombre delante de la reina de las Lavas- y este es el fantasma Enheas. Enheas inclinó la cabeza, pero no dijo nada. -¿Desde cuando la tribu de las Lavas admite hombres?-preguntó, serio. Todos mis intentos de parecer gente amable y pacífica a freír espárragos. Sin embargo, Firella no pareció contrariada, de hecho le sonrió de nuevo (haciendo que a mí me hirviese la sangre sin saber muy bien por qué). -Digamos que Jesse tiene un… talento especial-dijo Firella observando con una sonrisa al chico de las alas. A él se le infló el pecho, y recordé lo asustado que había estado en el desierto con la punta de mi espada en la garganta. Firella debió advertir que nos lanzábamos rayos con la mirada, así que intervino y declaró que estaríamos cansados por la caminata, y que nos quedásemos en su campamento todo el tiempo que quisiésemos. Yo iba a disculparme y decir que continuábamos nuestro camino (hacia donde quiera que fuésemos), pero Enheas no me dejó hablar y aceptó antes de que yo pudiese decir nada. Le lancé una mirada consternada, pero él no me atendía, estaba demasiado ocupado entablando una ronda de miradas con la Lava. Apreté los dientes y pregunté por la tienda dónde nos íbamos a alojar. Firella, sin dejar de mirar a Enheas, ordenó al tal Jesse que me guiase, y este se precipitó enfadado hacia la salida dándome un mal disimulado empujón al pasar por mi lado. Enheas no me siguió. Casi no podía seguirle de lo rápido que iba, era imposible. Él se sabía el campamento de memoria, mientras que yo me choqué contra algunas Lavas para alcanzarlo y tiré varias mesas antes de llegar hasta su lado. -Aquí es. Se trataba de una tienda algo apartada de las demás, pero bastante acogedora, hecha de pieles, por supuesto. Entré. Una gruesa cortina separaba la cama del fantasma de la mía. Pensé amargamente que, a este paso quizá Enheas prefiriese dormir en la tienda de Firella. Sorprendentemente, en el interior hacía fresco, no el calor agobiante de fuera. Suspiré, sonriendo. Realmente, las Lavas sí parecían preocuparse por sus invitados. -Lo he hecho yo-dijo una voz impersonal a mis espaldas. Me volví. El chico de las alas había plegado las alas, y estaba cruzado de brazos en la puerta. No parecía enfadado. -Entra si quieres-le animé yo, confiada de repente. El chico pareció dudar. -No me gusta el frío. -Pero si lo has hecho tú, según dices.-dije, extrañada. -No todo lo que hace alguien con la magia es de su agrado-respondió él, serio. Por unos instantes me recordó a Enheas, pero sacudí la cabeza para alejar esos pensamientos tan estúpidos. Enheas era Enheas y… “no deberías tomarte sus flirteos tan a pecho” me dijo una vocecilla irónica en mi cabeza. -¿Te preocupa algo, princesa?-me dijo el chico de las alas desde fuera. Hasta él lo había notado. -Sí, vamos, a ti te lo voy a contar, precisamente-me arrepentí de inmediato de mis palabras al ver su cara-. Lo siento, lo siento. No pretendía decir eso-dije, mientras me levantaba-. Esto… ¿tú sabes si Firella tiene algún… errr… romance? Jesse se dobló de risa, y yo me puse roja como la grana. -¿Tanto te importa?-respondió el, entre carcajada y carcajada. -No, no, es solo curiosidad-me apresuré a añadir-. Digo yo que siendo tan bella como es, no era de extrañar que tuviese muchos pretendientes. Jesse me miró y sonrió, apoyando la espalda en una palmera. -A ti lo que te preocupa es que esté liada con el fantasma, ¿no? -¿Liada? -Quiero decir, que tenga algún rollo… que ella y el fantasma tengan una historia.-Se le veía algo apurado. Vaya palabras tan extrañas. Bajé la cabeza. No quería reconocerlo, pero no tenía otra opción. -Sí, vale, me preocupa.-murmuré. Mira que tener que contarle justamente eso al estúpido del chico con alas… que suerte la mía. Él se me acercó sin dejar de sonreír, y me levantó la cabeza con las manos, como hacía Enheas. -Quédate tranquila. El fantasma y Firella no están liad… enamorados. -¿Cómo lo sabes? -Lo sé. Podría jurártelo por lo que quisieras. Su sonrisa me tranquilizó, y de repente pensé que era bastante irónico que él, precisamente él, me estuviese tranquilizando en ese momento. Si hace poco se comportaba como un crío malcriado, ¿qué le había pasado? Se estaba acercando aún más… y lo que era peor, su cara a la mía, su boca a la mía… sus ojos estaban algo más altos que los míos, puesto que él era más alto, y un azul eléctrico me atravesó las pupilas. Pero él entrecerró los ojos y se inclinó un poco, dispuesto a… ¿besarme? Entonces, justo cuando sus labios ya rozaban los míos, yo, con los ojos abiertos como platos y el corazón a cien, hice el primer movimiento reflejo que se me ocurrió. ¡Plaaaaf! Jesse salió disparado hacia atrás y cayó al suelo de espaldas. Desde el suelo, se me quedó mirando con la boca abierta, tocándose la marca roja que le había hecho en una mejilla. Yo me quedé ahí plantada, pálida y tragando saliva. Me dolía la mano. Menuda torta le había metido al chico. ¿Pero a qué había venido eso? Me restregué la manga del vestido por los labios con violencia. No quería que quedasen señales de aquello. Mi primer beso no sería para él. -¿A qué ha venido eso?-me preguntó él, levantándose a trompicones. Estaba a punto de abrir la boca cuando otra voz intervino fríamente. Una voz que yo conocía muy bien. -Vete-ordenó Enheas. Sus ojos eran como dos puñales de hierro. Se acercó a Jesse por detrás y le agarró del cuello de la camisa bruscamente, levantándolo en el aire.-Como te vuelvas a acercar a la princesa, te juro que te cortaré las alas, hombre-pájaro. Ahora vete. Jesse reaccionó rápidamente. En cuanto el fantasma lo soltó, desplegó las alas y se elevó en el aire, batiendo las alas sin parar. Enheas se me quedó mirando indescifrablemente. -Gracias-susurré yo, mirando al suelo. Vaya escena que se había formado. Enheas no respondió. Pasó por mi lado, pero antes de proseguir, se detuvo un segundo, se inclinó y juntó sus labios con los míos. Sólo un segundo. Luego se retiró y siguió andando, dejándome a mí con los ojos más abiertos que antes, si se puede, roja de pies a cabeza y con el corazón saliéndoseme del pecho. Me volví rápidamente, pero Enheas ya no estaba allí: había desaparecido, como siempre. Me apoyé en una palmera y suspiré. Demasiadas emociones en un solo día. CAÍDA DEL CIELO (cuento para un concurso)![]() Un rayo de sol se filtró entre las cortinas de seda blanca, trepó lentamente por su mejilla, deslizándose por los párpados y más tarde por el pelo, arrancando reflejos dorados. Ella abrió los ojos poco a poco, y miró hacia la ventana, aún adormilada. La mañana había comenzado, y lo había hecho sin ella. Se incorporó poco a poco en la cama, echando a un lado las sábanas, también blancas y finas, y suspiró, aunque de su boca no salió sonido alguno. Sobre la almohada, al otro lado de la cama, reposaba una rosa roja, con rocío en los pétalos. Aunque también podían haberle echado simplemente agua por encima. Sin embargo, ella la recogió y la observó aún callada, acariciando las espinas delicadamente, mientras los rayos procedentes de la ventana iluminaban su tez, blanca como el mármol; fría como el hielo para algunos y conocida como el otoño para otros. Poco a poco, se levantó, y caminó delicadamente sobre las baldosas de mármol hacia un espejo, dónde se vio reflejada una vez más. Era la misma de siempre, delgada, blanca como la nieve, con el pelo demasiado largo, de un dorado demasiado brillante, y unos ojos demasiado claros para ser humana. Llevaba aún aquella chaqueta, pero no se la quería quitar, porque era de él, y aún conservaba su olor. Se acercó una manga a la nariz. Olía a flores, a rosas. La gente le decía que sus ojos eran de animal salvaje, y no sabían cuán equivocados estaban. Aquél animal había aprendido a amaestrarse solo, y ahora cumplía su condena en una jaula con grilletes. Más tarde, caminaba por la calle con los ojos entrecerrados y el pelo ondulante a su alrededor. Llevaba un vestido de seda blanca, demasiado fino y transparente para la estación en la que estaban, pero a ella no parecía importarle lo más mínimo. Tampoco parecían importarle los silbidos que llenaban el aire cuando ella pasaba, ni las caras que se giraban con la ceja enarcada. Mantenía la cara con una fría indiferencia, casi triste, pese a que ponía especial cuidado en que ese detalle no fuese visible a los ojos de aquellos seres, simples humanos, tan crueles y retorcidos a veces. Aún no podía desplegar sus alas y volar, aún no era el momento. La habían destinado a sobrevivir ahí, en aquél planeta, observando, analizando, contemplando y comunicando las situaciones vividas. La habían encarcelado en aquél frío lugar, tan diferente de las nubes sobre las que ella solía dormir, tan lejano ya del cielo, con tanta gente que se vivía olvidándose de vivir, con tantas lágrimas y tanto aire gris. Así que aún no podía volar, se limitaría a… sobreponerse a lo que le viniera, luego ya se vería. Más tarde, delante de ella se extendía toda la ciudad, con sus chimeneas humeantes, sus ladrillos oscuros y sus tuberías ruidosas. Estaba sobre un tejado, sentada sobre las tejas, apoyando la barbilla en las rodillas, con cara indiferente.El viento era frío ahí arriba, pero ella no parecía sentirlo, ni le molestaba que el pelo le acudiese a la cara y se le enredase en las pestañas o se le pegase a los labios. Estaba esperando, como cada día, con lo mismo que contar que siempre. Pronto, un rayo de luz se abrió paso entre las nubes y la iluminó como un enorme y brillante foco, que le cegaba y le impedía abrir del todo los ojos. Aunque sabía que no tenía ni porqué intentarlo, así que permaneció en la misma posición que antes. -¿Qué nos cuentas hoy, Ninfade?-dijeron unas voces de distintos tonos, entremezclándose las agudas con las graves, las gritonas con las susurrantes, hasta formar una sola voz extraña e inhumana. -Nada nuevo. Lo de siempre, estos seres no saben lo que hacen. Se matan entre ellos, ¿sabéis? No conozco a otra especie en la que se maten unos a otros por mandato de otros o simplemente por placer-soltó una risa sardónica-. Y se creen unos mejores que otros simplemente por tener distinto color de piel… no lo entiendo, por más que le doy vueltas no me entra en la cabeza. No pido que vivan en un mundo de colores y maravillas todos agarraditos de la mano, sólo… que tengan algo más de sentido común. -Ten paciencia. Los humanos son una raza extraña e imprevisible. Seguro que no son tan malos.-La chica resopló.-Además hemos mandado también a Soleo, para que te haga compañía y te ayude en tu empresa. Ninfade levantó la cabeza, con los ojos como platos. -Sí, ya me lo he encontrado, pero no me dijo que lo habías destinado aquí vosotros. ¿Por qué le habéis hecho esto a él? -Nos lo pidió. Quería ir… a por ti. -No tendría que haberlo hecho. Esto será su perdición. Yo ya estoy acostumbrada, pero a él… le acribillarán a balas en cuanto intente alzar el vuelo, por ser un objeto no identificado. Aquí tienen que controlar cada pájaro que surca el cielo, si no, no se sienten seguros.-dijo ella, desviando una mirada dolida.-Dejadle volver, por favor. -Dales un poco de tiempo.-respondieron las voces, desvaneciéndose poco a poco, y a los pocos segundos el foco de luz cesó y Ninfade se incorporó con cuidado. El aire agitaba su vestido y su pelo violentamente, y debajo de ella había unos treinta metros de caída, pero ella anduvo por las tejas tranquilamente, buscando algún sitio por el cual descender sin ser vista. De repente, alguien sopló cerca de su oído, y acto seguido una cabeza asomó por su hombro, susurrando: -Hola. Creo que me dejé mi chaqueta en tu casa. ¿Me echabas de menos? -Soleo-adivinó ella, sin volverse.-Ya me lo han contado. No tendrías que haber venido, te pueden matar. -¿Y a mi qué? Una vida sin riesgo es un rollo. Además, quería ayudarte y estar contigo, como antes. ¿Recuerdas? -Antes era diferente, Soleo…-replicó ella débilmente, pero no quiso aclarar nada más.-Vete. Es mi deber hacerlo, cuando termine volveré contigo. -¡Cuándo termines! ¿Y cuando terminarás, ángel?-La voz se alejó de su oído, hastiada-Esto es ahora tu vida. Observar a los humanos en un mundo lleno de… ¡violencia! ¿Quieres sobrellevarlo tú sola? ¿Es eso lo que quieres? -Vete.-respondió simplemente, y comenzó a andar para que él no viese las lágrimas que corrían por sus mejillas. La voz se calló, pero luego volvió a aparecer, otra vez en su oído, y más calmada. -Te esperaré. Y se desvaneció, dejando un soplo de aire con olor a rosas. Ninfae no pudo más. Se arrodilló y sollozó sobre las tejas, mientras dos alas blancas de pájaro le cubrían el cuerpo con su plumaje. -------------------------------------------------------------------------------- -Dinos qué ocurre, Ninfae. La chica tragó saliva. Sus ojos de animal salvaje habían vuelto a la carga, enrojecidos por el llanto, pero más desafiantes y decididos que nunca. -Cambiaré el mundo. Esto va a ir a mejor, los humanos tienen que entrar en razón. -¿Crees que podrás? Ella pareció dudar. -Alguien tiene que hacerlo. -¿Lo haces por volver son Soleo? -Sí.- ¿Para qué negarlo ya? -Muy bien, inténtalo. Suerte. Ninfae asintió seria, luego se dio media vuelta y anduvo por los tejados, mientras las alas se iban difuminando en su espalda, y el pelo ondulaba llevado por el viento, reluciente y dorado, como siempre, y un cuerpo espigado y blanco mantenía el equilibrio sin caerse, como siempre. Las voces suspiraron al unísono. Parecían cansadas. -Otro más. ¿Cuántos ángeles más van a hacer falta para que esto acabe? Y desaparecieron, y en la ciudad volvió a reinar la calma. Nadie conocía nada de lo ocurrido encima de ese tejado, ni lo sabrá nunca. ¿Podrá Ninfae cumplir con su propósito? "DE PELÍCULA"![]() Llevaba mucho, quizás demasiado tiempo sin pensar en nada. ¿Cómo era capaz únicamente aquél diminuto aparatito en hacerle olvidar todo? Parpadeó repetidas veces, para asegurarse de que seguía ahí, en su sitio, y que nada había cambiado. Aunque puede que ella quisiese en cierto modo que algo cambiase. Que de repente sonase un clic, y todo encajase, como en las películas. Pero aquello no era una película, era la vida real, y las personas no tenían un final feliz pensado de antemano. ¿O sí? De todas formas, si lo había no era para ella. Lo que le parecía injusto, pero al fin y al cabo, alguien se tenía que llevar la peor parte. Suspiró y se levantó, sin apagar la música que llevaba pegada a los oídos. Caminó tranquilamente, a su mismo ritmo, y pensó que momentos como esos sí que parecían sacados de una película. O de un videoclip. Pero no, ella no podría caminar así ante una cámara. Al final puede que le vida real fuese mejor. ¿Acaso los pasajeros del Titanic se habrían montado en el barco si hubieran sabido que morirían? Pues claro que no. A lo mejor el curso cambiaba, y todo mejoraba, pensó, mientras alzaba la cabeza para mirar las copas de los árboles. Sí, sería demasiado cruel que después de momentos como esos las cosas saliesen mal... ------------------------------------------------------------------- PD: Y sí, la de la foto soy yo xDDD TARDE DE ABRIL ········![]() Era una tarde de Abril, ni demasiado cálida ni del todo fría. No había nadie en aquél lugar, y tal vez por ello le pareció que era el más adecuado. El mar retumbaba a lo lejos, incesante, y el aire olía a sal. Los pájaros volaban tranquilamente por el cielo, algo extraño, puesto que unas enormes nubes grisáceas se acercaban implacablemente por encima del mar. Una buena brisa húmeda hacía que la ropa se le pegase a la piel. A sus lados, dos árboles cargados de blancas flores se agitaban, advirtiendo de la tormenta, que tan próxima estaba ya. Algunos la encontraban muy hermosa, lo cierto era que nadie habría podido juzgarlo con exactitud. Era una criatura extraña, solitaria, con aspecto de mujer pero aparentemente sin esa mentalidad, casi nadie solía fijarse en ella, y los que lo hacían al final se rendían a su fría indiferencia. Los pétalos que algunas flores desprendían revoloteaban delante de ella, enmarcando sus labios, tan rojos como la sangre que las malas lenguas divulgaban que ella bebía para sobrevivir, y resaltando los ojos, tan claros que deslumbraban. Pero nadie se daba cuenta porque no había nadie más a su lado.
10/04/2007 18:44 Autor: celiadelgado. Enlace permanente. Tema: RELATOS No hay comentarios. Comentar. UMBRELLAS![]() Entrenómadas me han mandado una imagen para que haga algo con ella, un cuento o un poema, o algo así, eso me han dicho. Pues nada, aquí tenéis, espero que os guste ^^ ------------------------------------------------------------- *Umbrellas*
Caminaba sin rumbo fijo por la calle. De hecho, parecía no darse cuenta de que llamaba demasiado la atención con esa capucha roja, tan roja como las lámparas de fiesta colgadas de un lado a otro de las casas. Parecía levitar sobre el suelo, sus pies no rozaban el asfalto, y su pelo flotaba levemente a su alrededor a cada paso que daba. La calle era tan gris, tan oscura y tan muerta que era imposible que pasase desapercibida entre la gente, que, temerosa, se asomaba poco a poco a la luz del sol. Con las teces blancas como la cal y los ojos de pupilas demasiado grandes, las personas se daban la mano, y apoyados los unos a los otros traspasaban el marco de la puerta, en dirección hacia la luz. Se formó un pasillo en torno a la chica de la capucha roja, pero ella no parecía enterarse. Andaba con expresión inerte, sin darse cuenta de que toda la gente de su alrededor, seres ciegos, mudos y sordos, la admiraban hasta la envidia, como si fuese el último ángel de la Tierra, la última persona alegre, la última persona viva. Poco a poco, la chica se fue alejando, sin duda ocupada en otros asuntos. Se alejó hacia la luz, dejando a aquella gente detrás, agrupada, de cara inexpresiva pero a la vez eternamente perpleja, con una mentalidad más de piedra que de persona. Al final, lo único que vio de la niña fue su capucha roja, rodeada de un halo dorado. Luego desapareció, y la calle volvió a ser como era. Poco a poco, entre murmullos desfigurados, las personas volvieron a apoyarse las unas en las otras, y consiguieron entrar a sus casas, no sin antes mirar al cielo y suspirar por el vivo color de las lámparas de fiesta. Y es que, ¿de qué sirve poner lámparas de fiesta si nadie sale a admirarlas?
·..:DAMNED:..·![]() Damn. Damn world, Damn people, Damn insufficient love. Damn you and me. You don´t know what is to live, Hidden between the storm and the fire You belong to cries And eat that it feels. Damn all of you, Damn all of me Damn world Damn people, Damn. You heard me, Surrender to the blames, Closed you eyes, You have destroyed Enough lives. You look me, Poor hybrid of discord and love Lies and badness, Blows and anger. Damn all of you, Damn all of me, Damn world, Damn people, Damn. We are the damned of destiny, Breezes of sorrow, Burned and denied.
CAPÍTULO 20!!! (no, no me había olvidado xD)![]() Huidas Para sorpresa de Esperanza, parecía que Nibor no tenía ninguna intención de proseguir con el grupo de bandidos, pues cada vez se alejaban más y más de ellos. Ella prefirió no preguntar y limitarse a seguirlo, al fin y al cabo, tenía que confiar en él, pero al final la curiosidad fue más fuerte que la obediencia. -Eh…Nibor-dijo cuando vio que bifurcaban por otro camino que el que habían tomado el resto de los bandidos-. ¿Hacia dónde se supone que estamos yendo? -Lejos.-Contestó él simplemente. -Ah, bien. ¿Pero dónde es lejos? -Más tarde te lo explicaré. Y siguieron caminando solos por el paraje helado, rodeados siempre de bosques o de árboles secos, sin detenerse ni hablar, siguiendo una senda aparentemente invisible. Pero dio la suerte de que, justo cuando Esperanza sentía que ya no iba a poder ir más lejos, una ventisca comenzó a formarse, y Nibor la condujo hacia la caverna más cercana para refugiarse.Allí hicieron una pequeña hoguera y tomaron algo de agua y comida, mientras fuera arreciaba la tormenta. Estaban encogidos, acercando las manos al fuego para calentarse, y la luz creaba estiradas sombras en las paredes, pero ellos no hablaban; Nibor sumido en sus pensamientos, no parecía él mismo, y Esperanza no se atrevía a interrumpirlo. Fue bien entrada la noche cuando al fin el silencio se rompió. -Sé porqué me traicionaron-dijo de repente Nibor, asustando a Esperanza. -¿Por qué? -Sólo puede haber una razón, y esa tienes que ser tú. -¿Pero cómo me descubrieron? Si trabajé como uno más de ellos… -Sí, pero…quién sabe… A lo mejor alguien se preguntó dónde se había metido la chica a la que capturaron, y luego que apareciese de repente un bandido nuevo con el pelo negro y formas de mujer -si me permites el comentario-… -Sí, claro, tienes razón. Y eso que me ponía muchas capas para disimularlo. En fin, supongo que no fue suficiente. Pero eso no es todo, ¿no? -No. He cedido el puesto de jefe. -¡¿Qué?! -Temporalmente, hasta que pase esta mala racha. Y además hay algo que quería enseñarte. -¿El qué? -Lo sabrás cuando lleguemos. -Estás muy misterioso, Nibor. -Es que… no es algo que se pueda expresar fácilmente con palabras. Tienes que verlo primero. -Ah, bueno. Pero al menos dime cuanto falta para llegar… -Poco, muy poco. Está detrás de aquellas montañas. Cierto, delante de ellos, se entreveían entre los copos de nieve en ocasiones dos grandes cumbres blancas y azules. Parecían realmente altas. -¿Cómo vamos a cruzarlas?-preguntó Esperanza, impresionada. -Eso déjamelo a mí-respondió Nibor con una sonrisa. Terminada ya la sesión de preguntas, los dos sacaron de sus bolsas un par de grandes pieles de oso (o de algún animal parecido), y se cubrieron con ellas para dormir. La hoguera siguió crepitando hasta bien entrada la noche, cumpliendo bien con su deber. Al día siguiente se despertaron muy temprano, y sin decir palabra recogieron todo y salieron de la cueva. La ventisca había logrado que la nieve les llegase hasta las rodillas, y avanzaron como pudieron, lentamente, hacia las montañas. Por suerte, no nevaba y lucía el sol, así que no tuvieron demasiados problemas. Nibor iba ya preparado, y sacó de su bolsa un par de cristales oscuros para cada uno, puesto que la luz del sol reflejada en la nieve podía dañarles los ojos. Por supuesto, no eran como unas gafas terrestres, pero servían como tal, quitando que eran mucho más incómodos, pues había que sujetarlos delante de los ojos para que funcionasen, la tanto tenían las manos ocupadas. Si les atacaba alguna fiera tendrían que quitarse las improvisadas gafas para poder luchar, y entonces los destellos les afectarían. Un desierto helado era muy peligroso… Por suerte, ninguna fiera ni ninguna ventisca apareció, y el viaje fue tranquilo aunque silencioso, muy silencioso, pues Nibor seguía con los labios sellados. Eso a Esperanza no le importaba: ella tampoco era una persona demasiado habladora, y no le incomodaba el silencio. Además quería disfrutar aquél viaje todo lo que pudiera. Aunque la caminata era dura, no se viajaba por un desierto helado con nieve hasta la rodilla en un mundo desconocido con un ladrón todos los días… Esperanza quería saborear cada momento, para luego, cuando volviese a la Tierra (si es que volvía) acordarse de todas las aventuras que estaba viviendo y, quién sabe, a lo mejor escribía un libro o algo parecido. * * * -Que sepas que no pienso cargar siempre contigo, fantasma-sentencié yo. -No es culpa mía estar enfermo. -¿Ah, no? Fue tu plan, tendrías que haber pensado que a lo mejor te hacían algo malo. Así que ese era el elemental fallo de tu estupenda estrategia, ¿no? -Puedo sobrevivir a una simple enfermedad. -Puedes, si yo te curo y te vigilo. No intentes mantener siempre esa fachada de protector, porque ahora no la necesitas. Te he visto como nadie te ha visto: más débil que nunca. Así que ya no tienes que demostrarme nada. Además soy un dragón. Soy más fuerte que tú. Enheas sonrió por segunda vez en un día. Vaya, a veces me gustaba más que estuviese enfermo.Llevábamos ya un montón de días en aquél bosque, comiendo y bebiendo gracias a lo que yo iba a buscar convertida en dragón. Sabía que no era una buena idea, porque las Nurvas me podían ver perfectamente desde abajo, pero me encantaba esa sensación de poder volar, ser el doble de grande y fuerte que la Aritnem princesa. Y además me podían confundir perfectamente con otro dragón que surcase los cielos; al fin y al cabo no me diferenciaba tanto de cualquier otro dragón con escamas púrpuras. Enheas comía con desgana, simplemente porque yo le obligaba. Por mucho que él fuese un fantasma, ahora estaba enfermo, y como todo buen enfermo, tenía que comer y beber, además ahora que había perdido sus poderes, si no fuese porque un halo de luz le rodeaba, podría haberse confundido perfectamente con un muchacho normal y corriente. Un día, un ruido parecido a un chasquido me despertó. Alerté también a Enheas, y los dos nos pusimos alerta, espalda contra espalda. Preferí no convertirme en dragón por el momento. Pisadas amortiguadas por las hojas se acercaban lentamente. Noté que Enheas estaba completamente sereno. Ni sin sus poderes conseguía que algo le asustase. Resoplé. Este chico era o demasiado valiente o demasiado chulo… Parecía ser la primera opción, pues se acercó lentamente hacia la maleza, de donde provenía el ruido, y agitó las hojas con cautela. Al momento, una inmensa silueta saltó por encima de él y pasó por al lado mío rozándome y revolviéndome todo el pelo por la ráfaga de viento. Enheas me observaba mientras me colocaba de nuevo el pelo más convenientemente. Tranquilamente, me desenredó una pluma enorme y azul y me la enseñó con una mirada inquisitiva. -Los Pájaros Terrestres, princesa. Claro. Aquél era el bosque de los Pájaros Terrestres. El bosque del que me rescató Hilda el día en el que llegué, cuando la sombra me atacó. Había algo en él que me sonaba, pero estaba tan ocupada en cuidar a Enheas que no me había dado ni cuenta. -Este bosque no me trae buenos recuerdos…-murmuré.Enheas ni me preguntó mis razones. -Pues en ese caso deberíamos irnos. -No. Tú estás enfermo, no puedo permitir que empeores en el viaje. -Vaya, tanta preocupación me abruma, princesa. Me sonrojé de nuevo. Estaba segura de que aquél maldito fantasma lo hacía aposta, porque sonreía cada vez que mi cara se convertía en un tomate. -No me va a pasar nada. Además ya estoy mucho mejor, ya estoy curado. Si deseas que nos vayamos, nos iremos. Yo vacilaba. Por un lado, quería huir de aquél sitio lo antes posible, pero por el otro Enheas necesitaba cuidados, por mucho que él insistiese en que no. Sin embargo, si no fuésemos muy lejos… en cualquier lugar cercano que no fuese este. Me daban miedo los árboles, los ruidos e incluso me asustaba de las hojas en ocasiones. -Vale. Partiremos al amanecer. Y me quedé la pluma, por si acaso. Nos quedaban pocas horas de sueño y no pudimos aprovecharlas. Pero esta vez no fue por culpa de los Pájaros Terrestres, sino de un pequeño grupo de Nurvas que nos andaban buscando, como no. Irrumpieron de entre los árboles apuntándonos con lanzas antes de que pudiese ponerme en pie. Lo digo en primera persona porque la lanza de la Nurva que tenía más cerca desapareció de sus manos antes de que pudiese darme cuenta. Una sombra se situó delante de mí e hizo girar la lanza amenazadoramente. Las Nurvas dieron un paso atrás. La sombra era, por supuesto, Enheas. Avanzó sin dejar de girar la lanza, mientras las Nurvas retrocedían más y más. Luego la clavó en el suelo y dijo algo que no llegué a entender, pero que sonaba autoritario. Yo lo observaba todo desde abajo, detrás del fantasma, anonadada. Sabía que Enheas era orgulloso, pero de ahí a arriesgarse a que le hiriesen, ya que estaba sin sus poderes… estaba a un pelo de que le hiciesen daño de verdad, y con lo débil que se encontraba tendríamos que volver a parar, y no sé si podría volver a curarlo. Así que me incorporé yo también y me acerqué a Enheas. Le pregunté con la mirada si hacía falta que me convirtiese en dragón, pero el negó con la cabeza sin mirarme. Sin embargo, apelando a lo que me habían enseñado los guardias de mi torre en caso de secuestro (de algo servía parecer una princesa), comencé a repartir paradas y puñetazos a las Nurvas. Ellas no lo sufrían del todo, porque estaba hechas de agua, pero al menos lo sentían en el momento, y salían disparadas hacia atrás. Al final y en un abrir y cerrar de ojos acabaron todas por el suelo. Me volví con aire suficiente y sonreí. Pero Enheas no parecía tan contento. Me agarró por la mano y me arrastró sin contemplaciones por entre los árboles. Yo pataleé, grité y pregunté, pero me dejé llevar. El fantasma era más fuerte que yo, y no era tonto. Sus razones tendría. Oía a las Nurvas por detrás nuestro, jadeando. Enheas soltó una maldición y me hizo ir más deprisa. Los árboles eran siluetas con las que temía estrellarme de un momento a otro, pero en el último instante Enheas torcía y el tronco pasaba por mi lado, arañándome el vestido.Los Pájaros Terrestres y otros seres que no sabía (ni me interesaba saber) que eran se apartaban de nuestro paso, haciendo gorjeos y… algo parecido a los gorjeos. Al fin salimos del bosque. ¡Enheas sabía salir del bosque! La maleza era un completo laberinto, y sólo se podía saber tu posición desde el aire. Así que ése tendría que haber sido su instinto fantasma. Pero Enheas se hallaba bajo el efecto de la droga… así que… Tampoco tuve mucho tiempo de pensar en aquello, pues el paisaje que se extendía ante mis pies era imponente: El suelo verde terminaba a pocos pasos de dónde nosotros nos habíamos parado, detrás nuestro los árboles se apretaban como apropósito, creando negro aquí y allá, pero lo único que se veía por delante era un mar de arena amarilla y reluciente, uniforme, irreal. Lo había estudiado, pero nunca lo había visto. ¿Tan brusco era el cambio de una tierra a otra? Si esto era el paso de la tierra de los árboles a la del desierto, no quería ni imaginarme lo que sucedería si la tierra del hielo y la del desierto estuviesen conectadas… A mí se me abría la boca de par en par, mientras que Enheas, como siempre, parecía indiferente a la situación: sólo atento a lo que él quería. En este caso, las Nurvas, que nos habían seguido y luchaban por desenredarse de la maraña de hojas. Me asomé al precipicio con cautela: debíamos estar a más de 30 metros sobre la superficie del suelo. De repente, algo me empujó la espalda y me hizo perder el equilibrio. Grité el grito más agudo que jamás pensé que podría gritar, y caí al vacío. Escondí la cabeza entre los brazos, porque el suelo daba vueltas y se acercaba a mí vertiginosamente. Pero paré en seco y comencé a elevarme casi igual de rápido que en la bajada. Algo me impulsaba hacia arriba, agarrándome de la cintura. Palpé a mi espalda y le metí el dedo en el ojo a un Enheas concentrado, que sacudió la cabeza, y nos balanceamos en el aire peligrosamente. -No vuelvas a hacer eso, princesa.-me gritó por encima del vendaval. -Perdona. No lo he hecho aposta. No sabía quién eras. -¡No, eso no! Me refiero a lo de ponerte a atacar sin ton ni son a las Nurvas. Confía un poco más en mí, si yo te digo que no hay peligro es que no lo hay. -Ya, claro, lo que tú digas. Estaba enfadada ¿cómo no estarlo? Pero aún así callé y disfruté viendo cómo dejábamos atrás a las Nurvas, y nos adentrábamos en otro bosque, pero éste formado de arena. 21/03/2007 19:30 Autor: celiadelgado. Enlace permanente. Tema: RELATOS No hay comentarios. Comentar. MÁS MUÑEKILLOS MAJOS!!Bueno, aquí os dejo a Delta, Stella Storm y Firella (en ese orden). Lo siento por la cutredad, pero comprended que el programa no da para más, y que estas versiones solo se acercan más o menos a los personajes ^^U Y es que tengo mucho tiempo liiiibreeee... XDDD
Qué... marujas me han salido, ¿verdad? ^^U (por no decir otra cosa peor xDDD) 15/03/2007 18:41 Autor: celiadelgado. Enlace permanente. Tema: RELATOS No hay comentarios. Comentar. *INDEFENSAS PRINCESITAS*![]() Esta vez se trata de un poema de nada más y nada menos que Ireth, que además me viene como anillo al dedo con lo de las princesitas XDD (gracias de nuevo, Ireth). A disfrutarlo: INDEFENSAS PRINCESITAS Indefensas princesitas Esperan a ser rescatadas, De las fauces del dragón Ser de una vez liberadas. Tantos años desperdiciados Esperando al príncipe azul Déjate de tonterías Para eso libérate tú. Ni siquiera estás atada Aun más fácil solución, Espera a que el dragón duerma Y huye por otra habitación. Si tienes por el principito Un mínimo de consideración Escribe un poco y déjale Una nota en el colchón Y si no, no escribas nada Que total es un tardón, Que se joda por pachorras Y que aprenda la lección: Hay algunas princesas tontas Pero no todas lo son Y para esperar sentadas Valen unas y otras no
.::BROKEN NOW::.![]() Un poema de estos que se me ocurren de vez en cuando, así por las buenas. Espero que no tenga demasiadas faltas de ortografía... que el inglés inspira, pero el traductor de google es una... BROKEN NOW Your poor desire to live It cannot save you Your poor ilusions, your poor ideals, They cannot save you now. So don´t cry Because you have looked for it Run away, fly away If you want Because this is over now Freefall, freefall, All you just to be So, run away, fly away, Cry, hide, scream Curse the cruel life. Cause you are broken now. Freefall, freefall, All you just to be. I can´t help you Cause you have looked for it. This is over now. So, run away, fly away, Cry, hide, scream Curse the cruel life. Cause you are broken now. DIBUJILLOS DE PERSONAJES ^^Bueno, estaba haciendo un poco el panoli por una página mu chula y mu friki llamada "devianart", y en esto que he encontrado algunos dibujos bastante parecidos a lo que podrían llegar a ser Aritnem and company. Bueno, os los dejo a ver que os parecen... Esperanza: (que mona n.n)
Jesse:
JUAAAAAAZZZ!!! No me digáis que habéis caido XDDDDDDD (que estamos hablando de alguien de la Tierra O.O) Nah, nah, en todo caso Jesse sería este:
Enheas *¬*:
Esto está mejor: Aunque opino que Sasuke es su viva imágen ^^:
Bueno, y pasamos a Aritnem, la más fácil ^^:
Bueno, por hoy eso es todo... lo siento, pero a Nibor aún no lo he encontrado... U.U Seguiré buscando ^^ Besooos!!!
ENTER... (o: una mis ocurrencias una tarde de sábado)![]() Enter. Define question. Sorry, this page is not available. -¡Mierda! María cerró la ventana furiosamente, apoyó los codos contra la mesa y escondió la cabeza entre las manos. Delante de ella la pantalla del ordenador lanzaba destellos blancos y azules, que resaltaban aún más sus ojeras. María volvió a abrir Internet y esperó, con los ojos reflejando destellos blancos. Enter. Define question. Sorry, this page is not available. Suspiró y cerró los ojos, pasándose las manos por ellos. Sus bonitos ojos verdes se volvían blancos por momentos. Se levantó de la silla y apagó la pantalla del aparato, luego encendió la minicadena y una canción trágica de Evanescense inundó el ambiente. Se acercó a la ventana y la abrió, entrecerrando los ojos, porque la luz natural le hacía daño. Se apoyó en el marco y observó el árbol de enfrente y los pájaros que revoloteaban por encima de los coches, pequeños e insignificantes en comparación con los enormes aparatos que cruzaban la calzada sin mirar atrás. Los enormes edificios y las grúas cubrían el horizonte, y sobrepasaban en altura al sol. La música sonaba lenta en comparación con la gente que se movía de un lado hacia otro entre los coches, salía y entraba de las tiendas, saludaba con un vago gesto por la calle, hablaba sola con un cacharro en la oreja, miraba con los párpados caídos, sin mirar. “Guess it wasn´t real alter all Guess it wasn´t real all along If I fall and all is lost Its where I belong” María le dio la espalda a la ventana, se volvió a sentar en la silla y su cara volvió a ser blanca y azulada. Enter. Define question. Sorry, this page is not available. -¡Maldita sea!
03/03/2007 21:11 Autor: celiadelgado. Enlace permanente. Tema: RELATOS No hay comentarios. Comentar. BERENICE LE FONCÉ![]() Bueno, bueno, estoy en racha por lo que se ve ;P Enga, ahí va otra historia más que me he sacado de la manga ^^ Advertencia: aconsejable leerla con Evanescense, The Rasmus, Mägo de Oz o música similar. Mola más ^^ Por cierto, está inspirada en Harry Potter y too eso… no preguntéis xDDD ------------------------------------ Los padres de Berenice procedían de mundos diferentes. Ella, una sensible y hermosísima elfa que amaba las flores y cantar bajo la luz de la luna con flores en el pelo. Él, un mago humano curtido en mil batallas y tan valiente y apasionado que no dudaba en entregar su vida por sus seres amados. Y de ahí nació ella. La gente comentaba que era un milagro que dos mundos tan diferentes y tan enfrentados dieran fruto a algo tan hermoso. Berenice luchaba por lo que deseaba con la persistencia de su padre, y hacía ramilletes de lavanda y sándalo para decorar su habitación al igual que su madre. Era viva, jovial y alegre, toda una alegría para la vista. Y siempre olía a flores recién cortadas. Su pelo era una cascada de oro que resbalaba por sus hombros, y sus ojos eran fieros y aguerridos. Sabía disparar flechas y entonar cantos mágicos, esquivar dagas y escribir poemas, desafiar y amar. Sin embargo, toda historia tiene su fin. Un día que Berenice volvía del bosque, de “estimular su vena mágica”, como decía su madre, se encontró con la puerta de la casa forzada y sacada de sus goznes. Entró corriendo, sabedora de que algo no iba bien. Toda la casa estaba revuelta: los muebles tirados, las lámparas rotas, los cuadros rajados… subió las escaleras gritando el nombre de sus padres, suplicando por dentro que no les hubiese pasado nada. Llegó al dormitorio, y encontró un puñal y una varita tirados en el suelo, enredados en un montón de zarzas marchitas. Sus padres estaban tirados en el suelo delante de ella, con los brazos extendidos y los ojos cerrados, con una mueca de dolor pero sin ninguna señal de forcejeo ni ninguna herida en el cuerpo. -El Avada Kedabra…-susurró Berenice, paralizada. Un sudor frío se estaba comenzando a extender por su frente y sus manos. No habían muerto. No quería creerlo. -¡Papá! ¡Mamá! ¡Despertad, maldita sea! ¿Qué os pasa? ¡Despertad!-gritaba, mientras sacudía los hombros de ambos. Sus palabras quedaron ahogadas por un llanto, y acabó sollozando tumbada en el suelo. Después de un rato de dolor y lágrimas, Berenice se levantó pasándose el brazo por los ojos, y comenzó a registrar la casa, para ver si encontraba indicios del asesino de sus padres. Con los ojos rojos y pasos amortiguados, se fue paseando por todas las habitaciones, hasta llegar a la suya. Pegó un respingo. En la puerta había una nota clavada con un puñal plateado, que tenía en la empuñadura una serpiente con los ojos hechos de esmeraldas. Berenice arrancó el pergamino y se sentó en la cama, con el puñal al lado. La nota decía así: Siempre Un Frío Repugnante Espejismo Mentiras Oscuras Risas Insensibles Rudos, Amargos Sentimientos Terminó de leerla sin respiración. ¿Quién había hecho eso? ¿Qué habían podido hacer ellos para ser castigados así? Un nudo se fue formando en su garganta. Volvió a observar el puñal. La serpiente parecía mirarla con una terrorífica sonrisa en su boca bífida. De repente, unas manos le agarraron del cuello. Berenice trató de resistirse, pero estaba muy débil, y no pudo hacer nada. El puñal se le resbaló y cayó al suelo con un ruido sordo de metal. Las manos apretaban más y más fuertemente, intentando ahogarla. Se oían pasos, y un hombre encapuchado apareció por la puerta. Se dirigió lentamente a la chica, varita en mano. Lo último que pudo ver Berenice fue un destello que le dio de lleno. Luego perdió el conocimiento. ... Berenice se despertó tirada en la calle de una ciudad de Inglaterra, en medio de una tormenta, sintiendo algo latente y doloroso en su interior. Se alejó por la calle con lentos pasos, mientras la lluvia la calaba por completo. Descubrió el puñal en uno de sus bolsillos, junto con la nota. La serpiente parecía contenta. Juró vengarseCapítulo 19!!!![]() ¿Real? Volé y volé durante horas, olvidándome del tiempo y del cansancio, sin parar, únicamente con la idea fija en la cabeza de escapar de aquél castillo, de alejarme de las Nurvas; de ser libre. Por suerte, el cuerpo del fantasma no pesaba, y no me incomodó durante el viaje. Atravesé nubes y me acerqué mucho al sol, dejando que el calor me aliviara un poco los músculos. Enheas proyectaba un arcoiris cuando la luz lo atravesaba. Que gracioso. Al fin, llegué al bosque de los Pájaros Terrestres, y me precipité hacia abajo, internándome entre la espesura, hasta aterrizar sobre un lecho de hojas secas y cubiertas de barro. Me transformé de nuevo en princesa, y deposité a Enheas en el suelo. Ahora sí que no pude evitar caerme al suelo y rendirme al sueño entre tanta oscuridad. Cuando me desperté (con una jaqueca latente en las sienes), vi que el fantasma seguía a mi lado, para variar. Sonreí para mis adentros: Enheas estaba roncando. Era normal, ahora que había perdido sus poderes, era más normal que nunca; ya no tenía la frialdad y el aura de misterio que le solían aislar. Lo zarandeé un poco. Él abrió los ojos lentamente, pero no sonrió. Su habitual cara seria no había cambiado. -¿Qué ha pasado? -Es largo de contar. Me he cargado la mitad del castillo, te he rescatado y he huido. Suspiró y se tapó la cara con las manos. -¿Qué pasa? ¿Ahora me vas a decir que he hecho algo mal?-repliqué enfadada. -Aritnem-dijo él, sin fuerzas-. ¿Tú…tú crees que yo…te habría delatado? ¿En serio desconfías tanto de mí? Me había pillado. -Bueno…tú me traicionaste. -Eso es lo que tú te crees. -Eso parecía. Venga ya, ahora resulta que él me había hecho un favor. Sus ojos no me indicaban que estuviera mintiendo, pero es que… era todo tan confuso… -Está bien, entonces explícame qué es lo que intentabas hacer al entregarme a las Nurvas. ¡Ni tan siquiera me preguntaste qué era lo que me proponía cuando me viste salir de mi torre! ¡Sólo sabías que yo había cogido el libro!¡Enheas, esos seres me querían matar! -No si yo podía impedirlo. -¿¡Pero cómo!?¿Cómo pensabas impedirlo, estando drogado y en prisión? -Aritnem, cálmate… -¡No!-Me incorporé-¡Has entregado mi vida y me gustaría saber porqué sigues tan tranquilo! ¿Que ya sabías lo que iba a pasar? ¿Cómo puedes saberlo? -Me lo imaginaba-reconoció, aún tumbado en el suelo; débil-. Porque yo, Aritnem, yo… mato dragones. De repente me empecé a transformar, como cada vez que me enfadaba con Enheas. Y entonces lo comprendí todo. -Así que tú sabías que si me entregabas a las Nurvas me enfadaría contigo, y por lo tanto podría, tendría que rescatarte convertida en dragón. -Exacto. El dragón te transfirió sus genes en agradecimiento por haberle salvado la vida. Yo lo único que hice fue ayudarte a despertarlo del todo. -Es un plan muy frívolo-reconocí. -Si, pero no ha fallado, como puedes ver. ¿Ya estás más tranquila? -No. Porque tu estupendo plan tiene un fallo: ahora una horda de Nurvas le ha puesto precio a mi cabeza. Y la noticia no tardará en extenderse. Enheas sonrió con dolor. -Tranquila. Te dije que…te protegería. -Pues más te vale no decirme eso, porque si esa es tu forma de protegerme, la voy a palmar en cuanto de un paso -dije yo, correspondiendo a su sonrisa. Le puse barro frío en la frente porque tenía un poco de fiebre, y lo cubrí con mi capa. Qué complicado era cuidar de un fantasma enfermo: nunca sabía si tenía calor o frío. Además, ya no tenía mi bolso, y por lo tanto, no contaba con la ayuda de mis hierbas medicinales. Bueno, descontando que no me quedaba comida, ni agua, ni el mapa… Enheas se dejó hacer, adormilado como un niño pequeño. Los dos estábamos cansados, así que me tumbé cerca suyo (a una distancia prudencial, no quería que me pegase el catarro), y me hice un ovillo para dormir. -Enheas-le pregunté antes de cerrar los ojos-, como dragona soy… ¿bonita? (Pues sí, aún seguía yo preocupada por mi aspecto como dragona. Ya que lo era, al menos quería saber qué tal me sentaba.) -Sí-afirmó sonriendo, ya con los ojos cerrados-.Una dragona imponente… Y acto seguido comenzó a roncar. Me quedé con las ganas de saber si aquello que había dicho era conscientemente o era que ya se había dormido. De todas formas, un cumplido era un cumplido, y llegué a plantearme si no lo habría soñado ya. ¿Enheas tan considerado? ¿Aquello era real? 18/02/2007 20:29 Autor: celiadelgado. Enlace permanente. Tema: RELATOS No hay comentarios. Comentar. .:·ALAS·:.![]() Una poesía para suavizar el ambiente… si es que me emocioné mucho en el último artículo… ^^U No la toméis muy en serio, son venadas que me dan de vez en cuando. ALAS No me puedes parar No puedes cortar mis alas Volaré por encima de tu cabeza Mientras el mundo de mí se aleja Promesas me diste Ninguna cumpliste Esperanzas corrompidas Mas no me arrepiento de mi vida (No me puedes parar No puedes cortar mis alas Volaré por encima de tu cabeza Mientras el mundo de mí se aleja) No te olvides de mí No pidas perdón Te enseño mi plumaje Observa mi corazón No llores por mí No puedes hacer nada Seré libre, seré libre Es lo que deseo, ¿de qué te quejas? Por fin me voy, remonto el vuelo Prefiero la soledad A tu incapacidad De adivinar lo que siento (No me puedes parar No puedes cortar mis alas Volaré por encima de tu cabeza Mientras el mundo de mí se aleja) Sentada en la luna dormiré Desde una nube te vigilaré Pensaré siempre en ti Es lo que deseas, ¿de qué te quejas?
AKIRA![]() Esta es la historia que me he inventado para mi personaje en un foro. Como no me ha salido del todo mal, he pensado que puedo colgarla por aquí ^^ ¡¡¡Espero que os guste!!!(Por cierto, Akira en español significa “alegría”. Dato estúpido del día xDDDD) --------------------------------------------------------------------- Akira Miura, es el nombre que le dieron en honor a su abuela, que, según las historias familiares esas que se cuentan frente a una chimenea, había sido una gran luchadora. Los padres de deseaban que su hija siguiese el ejemplo de su abuela: fuerte, ágil, aguerrida, imparable. Pero Akira creció con la mala costumbre de hacer lo que le venía en gana: las pataletas eran una rutina diaria, las cuidadoras de la niña no duraban nada porque Akira siempre se las ingeniaba para echarlas de la casa, replicaba, contestaba, pedía, detestaba, gritaba, pegaba portazos… Los buenos de sus padres no sabían qué hacer con una niña tan insoportable, y se lamentaban día tras día de aquél castigo que los dioses les habían infringido sin razón. Continuaban soportándola, atendiendo a sus encargos, aguantando con paciencia. Un día, a la chiquilla se le antojaron unos fideos. No quedaban fideos en casa, y aquellas horas no eran como para ponerse a trabajar en la cocina. Pero la niña insistía e insistía, gritaba, lloraba, chantajeaba emocionalmente, pegaba patadas y rompía los adornos de la casa. Su madre, exasperada y con la vena de la sien palpitante, de dijo con la mayor dulzura posible que no quedaban fideos en casa, y que si quería fideos tendría que ir a la taberna a pedir una ración. Akira miró al suelo con actitud pensadora y luego levantó la cabeza y, mirando a los ojos a su madre, ordenó que le diesen dinero. La mujer, atemorizada por aquellos ojos rojos y oscuros, le tendió una bolsita de monedas, y la niña se fue de la casa en medio de la noche, canturreando. Cuando llegó a la taberna, se sentó en la barra y pidió con seriedad una ración de fideos. El tabernero quedó impresionado al ver a una niña tan pequeña ir a una taberna a estas horas, y además sin un rastro de miedo en la mirada. Sólo sobresalían sus ojos por encima de la barra, pero su mirada era tan penetrante que el tabernero se apresuró a servirle la comida. En un rincón, un anciano tomaba largas caladas de una pipa, haciendo rosquillas de humo en el aire. En cuanto a Akira le sirvieron los fideos, se apresuró a devorarlos, sentada en una banqueta. Cuando iba por la mitad de la ración, se dio cuenta de que el anciano la había estado observando durante todo el rato. -Dale un poco de esos fideos a este pobre anciano, pequeña-le pidió él, entre calada y calada. Akira agarró aún más fuerte el bol, en ademán protector, y miró al anciano con cara de malas pulgas. ¿Se había atrevido él, un viejo harapiento, a pedirle comida? ¿De su comida? -Ni loca-contestó, y siguió zampando. -¿Y eso por qué? -Sólo eres un viejo-dijo ella con desprecio-.No pienso dejar que pruebes ni uno sólo. Estos son mis fideos. Tú cómprate unos. -Ya veo-dijo el anciano, levantándose-. Tan sólo eres una niña malcriada. Akira lo miró sin comprender. Nadie le había dicho nunca malcriada. Nunca. Se levantó y se acercó al anciano, tendiéndole el bol sin mirarle, resignada. -¿Qué es “malcriada”?-le preguntó, mientras el anciano daba buena cuenta de lo que quedaba de los fideos. -Malcriada es lo que eres tú-le respondió él, una vez terminado el plato.-Alguien que no sabe valerse por sí mismo, alguien que siempre tiene que tener a alguien a su lado que le haga el trabajo. Alguien que deja la vida pasar, que no tiene orgullo ni vergüenza, que nunca llegará a hacer nada de provecho. Eso es ser malcriado. Akira tragó saliva, con un nudo en la garganta. Nadie le había echado la bronca nunca, y este era el primer sermón que le echaban. Un sermón duro pero verdadero. Ella siempre había sido tan caprichosa que no sabía ni quería ver lo que tenía delante de las narices. -¿Yo soy… todo eso? -Si no cambias, sí-le respondió el anciano, otra vez concentrado en su pipa. Akira comenzó a enfadarse. Sin orgullo… sin vergüenza… nada de provecho… Ella siempre había tenido orgullo, y se lo acababan de romper en mil pedazos de la forma más brutal. Entornó sus ojos rojos, y se acercó con los puños apretados al anciano, que se había vuelto a sentar en un rincón. -Tú…-siseó- tú no sabes cómo puedo llegar a ser yo. Sé valerme por mí misma. Podré llegar a hacer cosas que ni tú te habías podido imaginar. ¡Me vas a admirar! ¡Y cuando te des cuenta de que te equivocaste conmigo, te tragarás tus malditas palabras y sólo podrás lamentarte! ¡Y no pienso volver a darte más fideos! Akira salió dando zancadas del bar, gritando un “ya verás” que resonó por todo el local y que impresionó a todos: parecía imposible que una niña pequeña pudiese gritar tanto. Akira volvió a casa malhumorada, no cenó nada y se echó en la cama enseguida, en un mar de gruñidos. Conseguiría cambiar. Conseguiría impresionar. Conseguiría hacerse valer por sí misma de una vez por todas, y entonces todos tendrían que tragarse sus palabras.
CAPÍTULO 18!!! (y recordad: contad hasta 10 antes de enfadaros xDDD)![]() Enfado peligroso… Si lo que me había contado la gata Marielle era buenas noticias, yo era una Nurva… Según ella, las buenas noticias consistían en que a Enheas le habían interrogado, drogado y presionado, y que él seguía sin ceder. De todas formas, ¿qué podía contar él? ¿Qué yo planeaba destruir Oldawa con una sombra la mar de extraña de ojos amarillos? De hecho, ahora que lo pensaba, el fantasma simplemente me había solicitado su “protección” (menuda protección), pero no me había preguntado en ningún momento hacia dónde me dirigía… Bueno, siendo así, seguro que no podía decirles nada a las Nurvas. De todas formas, había algo que me inquietaba: él en general. ¿De dónde venía? ¿Por qué era…así? Tan callado, tan serio, tan listillo, tan… exasperante. Parecía estar siempre seguro de todo lo que hacía, y sin embargo se contradecía él mismo. Decía que quería protegerme, y por su culpa había acabado con los huesos en una prisión. Al final dejé de darle vueltas al asunto, pues era imposible sacar alguna teoría. Enheas era un caso perdido. Pero decidme qué más se puede hacer en una prisión si no es pensar. Pensé sobre mi torre de piedra y granito, pronto abarrotada de curiosos que querrían descubrir por sus propios ojos el escenario del crimen de la huida de la ex–princesa Aritnem. Sí, era triste, pero supongo que ése era el título que me correspondía actualmente. Ahora ni era princesa ni era nada. Únicamente era una vulgar presa. ¿Y por culpa de quién? Todos mis pensamientos desembocaban en ése maldito fantasma. Hasta mis sueños eran una burla de lo que me ocurría, pues me pasaba toda la noche escuchando voces en mi cabeza que decían “Quiero protegerte”, “Quiero protegerte”… Pasé varios días ahí dentro, sin más compañía que la de Marielle, que de vez en cuando me traía comida e historias (por parte de las Nurvas, yo me podía morir perfectamente de hambre). Y mi enfado crecía y crecía cada día. Deseaba romper el muro que me separaba de Enheas y darle una buena paliza, ahora que no podía defenderse. El hecho de no poder hacerlo me enfurecía más y más. Un día cualquiera, mirando por la ventana, observé gracias a la luz que entraba que la mancha morada y dura se había extendido más y más a lo largo de mi brazo; ya me llegaba casi hasta el cuello… Dios mío, mi piel parecía esta mutando. ¿Me convertiría en un monstruo de piel morada y pequeño cerebro, y destruiría todo lo que se encontrase a mi paso? No, vale, tenía que tranquilizarme. Pero ¡¿cómo podía tranquilizarme cuando mi piel se estaba volviendo de color morado conforme me enfadaba?! Un momento, era verdad, cuando más pensaba en Enheas y más me enfadaba, más avanzaba por mi cuerpo aquella sustancia, trepándome por el cuello y por el pecho, dejando a su paso la piel dura como… escamas. ¡Claro!: ¡El dragón! El dragón moribundo, de alguna manera, me había transmitido una parte de su sangre, y me estaba convirtiendo en uno de ellos.La princesa Aritnem: un dragón. Desde luego, lo que no me pasase a mí… Suspiré y dejé que el enfado me invadiese. No hubo ningún problema. En cuanto aquél fantasma aparecía en mi mente, las escamas invadían con más rapidez mi cuerpo. Sentí nacer otras dos extremidades en la espalda: alas.Las uñas me crecieron hasta convertirse en garras, y la cara se me alargó, hasta que conseguí ver el hocico que sobresalía. Un repentino calor subió por mi garganta, golpeó contra la campanilla y me hizo abrir la boca, escupiendo una bola de fuego que atravesó las montañas y fue a parar a quién sabe dónde. Así que así era como se sentían los dragones… No me podía ver en aquél momento, pero me sentía más libre y más poderosa por un lado, pero por otro estaba completamente aterrada y avergonzada. Aterrada por no saber cómo regresar a mi estado anterior, y avergonzada porque me imaginaba que, comiendo lo que estaba comiendo, y midiendo lo que yo medía en estatura normal, debía parecer un dragón bastante ridículo: escuchimizado y bajito. Justo cuando estaba perdida en mis pensamientos, Marielle se acercó por detrás con una bandeja de comida en la boca que dejó caer al verme. Me volví sobresaltada. -Princesa Aritnem… -Comenzó, con los ojos como platos- Que look tan… favorecedor… Para mi sorpresa, se me olvidó el enfado, y volví a mi cuerpo normal entre una nube de humo y sin ningún problema. -Ah, hola Marielle. ¿Te gusta? Lo acabo de descubrir ahora mismo.Mira, resulta que si me... -¡Chist!- la gata miró para un lado y para otro, con semblante asustado- Si alguien descubre que eres un dragón te matan. Y a mí también. -Pero es que no soy un dragón. Bueno, no exactamente. -Me da igual lo que seas o lo que no seas -me cortó- Por favor, si no es mucho pedir, compórtate como una persona normal aquí dentro o te decapitarán antes de que te des cuenta. -¡Mira quién fue a hablar! Tú no es que seas el modelo a seguir, que digamos. -Me tengo que ir. Ya nos veremos. Y desapareció en la oscuridad. Que gata más tonta…Utilizando mis nuevas dotes podría romper si ninguna dificultad el muro de mármol que me separaba del exterior, y escaparme volando. Así que me concentré en Enheas, me transformé y comencé a arrojarle bolas de fuego a la pared. El ruido era atronador y el humo se estaba extendiendo por la celda y entre los barrotes, pero yo no paré. Al fin y al cabo, era mi única esperanza. Al final, la pared se desmoronó y comenzó a entrar agua a raudales. Había olvidado que la torre estaba a tan pocos metros del lago… Un ruido me alertó de que las Nurvas se habían enterado de lo que ocurría (como para no enterarse), y venían hacia aquí. El tiempo apremiaba. Durante una décima de segundo, pensé en liberar también a Enheas, pero luego me di cuenta de que eso estaba totalmente en contra de todo en lo que yo creía en aquél momento, y aparté esa idea de mi mente.Nunca había volado, y no tenía ni la más remota idea de cómo despegar. Busqué con todas mis fuerzas los músculos de aquellas alas, y en cuanto los encontré probé a moverlos… con tan mala suerte que en vez de avanzar hacia delante, retrocedí penosamente. Eso sí, derribé a unas cuantas guardias que se me estaban acercando por la espalda. A las demás les arrojé una gran bola de fuego y las evaporé sin mucho esfuerzo. Pero estaban llegando refuerzos, y la situación apremiaba. Como esperaba, en medio de todo ese barullo, estaba Marielle, cotilla como la que más. Se me acercó de entre unos escombros con el paso tan elegante como siempre. -Muy bien. Veo que lo has conseguido, al final vas a poder salir de aquí. Te felicito.-dijo, con voz melosa- Anda, corre, antes de que vengan más guardias. -¿No quieres venir? –Al fin y al cabo, le había acabado cogiendo cariño. -Daría más problemas que soluciones. No necesitas una carga más. -¿Una carga más? -Hombre, claro, no pensarás irte sin el chico fantasma. -Pues la verdad, me había planteado dejarle aquí hasta que las ratas fantasmas le devorasen sus malditos huesos. -¿Y que al final te declare culpable? ¿Tanto confías en él como para dejarle con tu vida en sus manos? La verdad era que tenía razón… No había pensado en que, en cuanto Enheas no aguantase más, con decirle alguna mentira a Delta sobre mí, yo estaría muerta, y él sería libre. No podía dejarlo aquí. Eso es lo que se llama ironía. -Está bien. Rápido, llévame hasta su celda. Ahora que está sin sus facultades podré cargar con él. -Es esta. Estaba al lado de la tuya. -Apártate. Se hizo a un lado y yo derrumbé la pared de otra llamarada. Enheas estaba acurrucado en un rincón, probablemente grogui bajo el efecto de la droga de algas. Era curioso, cuando dormía tenía una cara de niño pequeño que no recordaba para nada a él, el serio y frío fantasma. No se despertó cuando lo coloqué sobre mi lomo. Las Nurvas estaban esquivando los escombros en ese momento. Cada segundo era precioso. -¿Seguro que no quieres venir conmigo?- le pregunté con las alas ya desplegadas. -No, en serio. Parte tú. Suerte en lo que quieras hacer. Ha sido un placer conocerte, Princesa Aritnem. -El placer ha sido mío, Marielle. Espero que algún día nos volvamos a ver. Me cargué el muro que comunicaba con el exterior y volé…Me alejé de las Nurvas, de su maldita reina psicópata y de las celdas de mármol (ahora destruidas e inundadas) sin mirar hacia atrás. ¿Para qué? Ya me imaginaba la escena: La Nurvas enfurecidas, achicando agua, y Marielle observándome desde el boquete con una sonrisa en su cara felina. Por fin era libre… a ver que sucedía ahora. Me temía que la destrucción de Oldawa tendría que esperar. PD: Os presento (más o menos, en la imagen) a las princesa Aritnem. Las apariencias engañan, ¿verdad? xD CAPÍTULO 17!!! (y una buena razón más para no comprarte un gato parlante xb)![]() En prisión Después de llorar tanto por la traición de Enheas, no recuerdo lo que ocurrió. Debí de perder el conocimiento. Que vergüenza, ponerme a llorar delante de tanta gente…Desperté helada de frío en una oscura celda, por supuesto, toda de mármol negro, lo que no ayudaba mucho a iluminarla. Únicamente había una raja en la pared (no se le podía llamar ventana a aquello) por donde entraba un alargado rayo de sol. Tiritando, me envolví aún más en la capa. Mi bolsa había desaparecido. Dios mío, allí levaba todo lo importante: el mapa, los bálsamos…de todas formas -razoné- en prisión de poco me podían servir… “Las Nurvas nos ponían banda sonora” ¡Ja! Malditas sean las Nurvas. malditas, malditas, malditas. Y maldito Enheas también. Sí, Enheas… Me levanté llena de furia y me asomé a la ventana. Me hallaba en una de las pocas torres de Zityaren que sobresalían del lago, al menos así se veía desde el interior. El bosque rodeaba todo el lago, y allí, a los pies de ése árbol, en la orilla más cercana, era dónde Enheas me había tapado con la capa, por la noche… -¡Yo te maldigo, Enheas! ¡Me traicionaste a mí y a los de mi especie! ¡Así se te claven todas tus flechas dragonicidas delante de tus ojos! ¡Diosa de la suerte y de la desventura, haz que se cumpla mi ruego! ¡Te lo ordena Aritnem, princesa del Reino de las Plantas! Después de gritar, me sentí mucho mejor, más desahogada. Apoyé las manos en la pared, a ambos lados de la ventana y respiré hondo. No me había salido mal la maldición. Por supuesto, no se iba a cumplir (por desgracia), pero esa forma de maldecir me la enseñó una bruja en el mercado, y nunca me había atrevido a utilizarla. Me daba mala espina invocar a una diosa de la desventura…De todas formas, ojala funcionase. Por todo lo que me había hecho el maldito fantasma. Por…todo. De repente, una voz a mis espaldas me sobresaltó. -Aaaah…como duele el primer amor, ¿eh? Sobre todo cuando te traiciona, je, je, je. Todavía recuerdo mi primer amor… Creo que fue un granjero… ¿O fue un guardia? Bueno, es igual, el caso es que fue muy bonito…Oye, me ha encantado tu maldición, en los tiempos que corren ya no hay maldiciones tan buenas. ¿La tenías apuntada o qué? -¿Quién eres? -Es verdad, ¿quién soy?- me devolvió la pregunta con voz divertida- ¿quién crees que puedo ser? -Me rindo.-respondí con voz aburrida. No estaba para acertijos. -Oh, venga, vamos ¡Esto es muy divertido!-dijo, con una sonora carcajada. -He dicho que me rindo. Déjame, me estás haciendo un lío. Silencio. El lago se estremecía por el viento, formando ondas en su superficie. Por el color del reflejo del sol en el agua, intuí que debía ser ya el atardecer. -¿Cómo piensas escapar? -No lo sé. -¿De verdad? -Sí. -¿No se te ocurre nada? -No. -¿Nada de nada? -¡¡Noooo!! -Por la ventana no, desde luego. Suspiré y apreté los puños, hasta que se me pusieron amarillos. Cuando me di cuenta, agité rápidamente las manos, para que la sangre volviese a circular otra vez sin problemas. -Oye… -¿¡Quieres callarte ya!? ¡¡Por favor!-Bramé, volviéndome bruscamente, aunque así no logré ver a la persona a la que iban dirigidas mis palabras. -Bueno, bueno…-la voz aterciopelada parecía ofendida-. Mi intención era ayudarte, pero ya veo que Delta hizo bien en encerrarte. Por cierto, a tu “amiguito”, el fantasma también lo ha encerrado, ¿lo sabías? No, por supuesto que no lo sabías.No te voy a sacar de ahí, por haberme tratado mal, pero ¿quieres que te cuente porqué lo han metido en una oscura celda, como a ti? (Aunque hay que decir que la suya tiene una ventana más grande…). -Ni te molestes. No me interesa. -¿Seguroooo? ¿No tienes curiosidad? -No. -¡Imposible! -Oye, que tú seas cargante, pesado y cotilla no implica que los demás tengamos que seguir tu ejemplo. No me interesa -repito- nada de lo que le ocurra a ese traidor. -Yaa…claro, claro… -contestó ella irónicamente-. Bah, te lo chivaré de todas formas: parece ser que en la congregación esa estúpida en la que se reúnen todos los jefes de las especies y bla, bla, bla… total, que decidieron contratar al tío ese para que te vigilase, porque, al parecer, los libros prohibidos de tu torre informaron de que habías cogido uno, y eso no les dio buen rollo. Pero Delta prefiere actuar en vez de mirar -rasgo en el que, personalmente, estoy de acuerdo-así que en cuanto Enheas le informó de que estabais al lado de su lago, no dudó ni un momento, y te capturó. Y para prevenir desgracias (por lo que parece) a él también. Fin. -Ajá…-asentí yo, sin dejar de mirar por la ventana -¿y por qué le eligieron a él precisamente? -De eso solo tengo unas pocas palabras. Resulta que yo estaba fuera, con la oreja pegada a la puerta, y como resulta que esa puerta es una de las más gruesas del castillo, pues…Veamos: oí algo relacionado con los deseos esos que conceden las Lavas. Resulta que mirando desde su punto de vista, el deseo que había pedido ese chico les beneficiaba. -¿Y nadie te pilló espiando? -Por supuesto que no. Sé pasar desapercibida -comentó orgullosa. Después de otros minutos de silencio, tuve una idea. -Déjame que te vea. -¿Qué? -Verte. Quero verte. Acércate a la luz –dije, apartándome de la ventana. -Lo que la princesa desee -cedió, con una risita. Poco a poco, poniendo una pata delante de la otra elegantemente, el origen de la voz apareció ante mí. Con el pelaje blanco como la nieve reluciendo bajo el sol, la nariz rosada y los ojos de un curioso morado, no otro sino el gato del apoyabrazos de Delta me observaba divertido. ¿O debería decir… divertida? -¿Sorpendida? -¡Y ahora una gata parlante! ¿Y no te incomoda vivir bajo el agua?-fue lo único que se me ocurrió en ese instante... Delta caminaba con la cabeza bien alta y con media sonrisa por sus dominios, atravesando salas y pasillos, franqueando guardias y puertas hacia las mazmorras. Al abrir la puerta, no pudo evitar arrugar la nariz. A pesar de estar todas hechas de mármol, aquél sitio olía a aguas estancadas. Intentó recordar: la celda de la derecha era dónde había mandado encerrar a la princesita atrevida ésa. Cómo había llorado cuando ella le había revelado la traición de su querido fantasma. Desconsoladamente, a sus pies. Ni tan siquiera había ofrecido resistencia cuando la había destinado a prisión. Fue fácil, demasiado fácil… ella tendría que haber recordado que los fantasmas no son de fiar. La celda del chico era la de la izquierda, por lo tanto. Sólo había dos celdas, pero ambas eran amplias, y se podían meter varios prisioneros en una sola. Mas, de momento, sólo estaban ocupadas por ellos dos.Enheas había sido más difícil de capturar, pues poseía la ventaja de tocar sin ser tocado, y además sabía luchar, así que derribó a unas cuantas de sus guardias, hasta que se le ocurrió la maravillosa idea del hechizo aturdidor.Una vez desmayado, sus defensas no funcionaban, y el sortilegio desaparecía, así que ya podía tocarlo, y no fue complicado arrojarlo a la prisión también. Silenciosamente abrió la puerta, e igual de silenciosamente la cerró. El muchacho estaba sentado en un rincón, la espalada apoyada contra la pared, apoyando el brazo en una pierna. Delta pretendía acercarse y cogerle por sorpresa, pero él fue más rápido. -Un aposento acogedor, ¿eh? -dijo amargamente, con la mirada perdida. -Por supuesto -contestó la Nurva, plantándose enfrente de él.-Y el de tu amiguita es aún mejor. -¿Para qué has venido? –fue una pregunta seca y tajante. -Vaya, vaya. El fantasmita quiere respuestas rápidas, ¿eh? Muy bien. –comenzó a andar pausadamente de una lado a otro de la habitación. Allí abajo hacía un frío… -Verás, Enheas aquí las cosas funcionan como yo quiero, ¿sabías? Puedo hacer que os decapiten a los dos con solo chasquear los dedos. O, por el contrario, podría soltaros y hacer como que nada ha pasado. Porque algo ha ocurrido, ¿no? Ninguna respuesta. -Oh, venga, vamos. ¿No te habrás creído de veras que me tragué las mentiras que me contaste? No, eso lo hiciste para encubrir algo mucho más grande. Algo que, sin duda, terminará para siempre con esa niñita. Bueno, no tan niñita ya, pues de lo contrario no te habrías sentido atraído por ella, ¿no es así? -¿Qué tienes en su contra?-preguntó él sin hacer caso del comentario anterior. -Bueno, de momento nada en especial, pero comprende que no puedo sentir simpatía por la llave que me va a abrir a la fuerza las puertas del poder. Ella no la tendrá por mí.-dijo, burlonamente-Mira, es sencillo. Yo te suelto a ti si tú me dices qué es exactamente lo que estaba planeando la princesa. Estoy segura de que lo sabes. El consejo me halagará por haber capturado a tan peligrosa fugitiva. Seré la jefa… y tú, por tu parte, estate seguro de que no te quedarás sin recompensa. Puedes elegir entre: quedarte aquí hasta que se pudra hasta el contorno de luz que tienes alrededor del cuerpo (o ser decapitado, según me de a mí), o bien salir de aquí y además con premios. Todos saldremos ganando. Excepto, claro está, la princesita Aritnem –concluyó con una risita. -Poder, lo de siempre. Tú en lo único que piensas es en ti misma y en todo lo que podrías mandar por encima de los demás. -Exacto. Poder, Enheas, poder. La misma ansia de poder que sintieron los humanos al llegar a nuestro mundo. Es una sensación embriagadora, como una droga. La diferencia con ellas es que si juegas tus cartas bien, saldrás ganando, en lugar de perjudicado. Tendrías que probarlo, no es una sensación desagradable. A menos, claro, que las habladurías sean ciertas, y los fantasmas no podáis sentir. -¡Estás loca! –sentenció él con desprecio. -Y tú mudo.-De inmediato, la sonrisa de la cara de Delta desapareció- Dime lo que necesito saber y te dejaré en libertad. A tu princesita no, es una lástima, pero compréndelo. ¡Serás libre y rico!Ah, por si se te había ocurrido salir de aquí a través de la pared, que sepas que cuando estabas con las defensas bajas mis guardias te inyectaron una sustancia que te dejará aturdido y si tus habilidades durante… digamos meses. Las algas de aquí son fuertes aturdidoras, así que no tengas esperanzas en recobrarte pronto. Sólo yo puedo hacer que salgas de aquí, y tú lo sabes. Tan sólo dime lo que planea en realidad. -Prefiero mil veces más pudrirme en esta celda, que ayudarte a ti-respondió Enheas, mirándola fijamente-. Sobre todo si eso llevase a la muerte a Aritnem. La reina de as Nurvas frunció el ceño y se alejó entre la oscuridad. -Ay, Enheas, Enheas –se oyó-. Nadie conoce tus propósitos. Es posible que ni tan siquiera tú mismo. Pero ya cambiarás de opinión… pronto. -¡Espera un momento!- exclamó la gata blanca, y salió corriendo.Creía haber oído pasos, pasos que se dirigían hacia la prisión del chico fantasma. Ella era la mejor espía de Zityaren, nada escapaba a su oído gatuno.Conocía todos los secretos del castillo, contando con los chismes que musitaban las demás Nurvas unas a otras cuando nadie las veía. Pasaban de boca en boca, desde las guardias de la puerta hasta las celadoras de las torres y las almenas. La mayorías de ellos eran falsos, mentiras que se inventaban los peces en algunos de sus abrires y cerrares de boca, pero que entretenían a las mujeres del agua en sus ratos aburridos. Solían ser del mundo exterior: cuál era el material de moda en las Sanud ed Latem, si alguna Lava se había fugado con un bandido de la Noiger Adaleh…La gata se enteraba de todo eso y mucho más, acurrucada en un rincón, lamiéndose tranquilamente las patas delanteras. Y por eso mismo, para no herir su orgullo, necesitaba enterarse de lo que sucedía ahí dentro. Pegó la oreja a la puerta como tantas veces había hecho. Esa voz falsamente dulce era la de Delta, y aquella, firme pero serena (e irritada) tenía que ser la del muchacho.Fue una de las conversaciones más interesantes que había oído en mucho tiempo. Se le erizaron los pelos de la nuca con un escalofrío cuando el fantasma declaró que no pretendía hacer daño a Aritnem (“vaya, vaya, princesita, te llevarás una buena sorpresa”), y se sobresaltó con las últimas palabras de la Nurva.“Pronto…” ¿Es que iba a ocurrir algo y ella aún no se había enterado? ¡Inconcebible! Se pegó a una pared cuando la reina salió de la prisión, cerrando la puerta tras de sí. Cuando hubo subido ya las escaleras, y sus pasos hacían eco por otro pasillo, ella se permitió el lujo de encaramarse a un saliente de la pared, y mirar a través de las rejas que había situadas en la parte más alta de la puerta.Pues si que era apuesto el tío. “En su antigua vida debía tener a todas las chicas loquitas por sus huesos…” pensó, observándolo con interés. Porte elegante, fracciones agradables... ¡Hasta el pelo despeinado le sentaba bien!Y tenía unos ojos… raros. Brillaban demasiado. Ya desde lejos, se podía ver a través de ellos: odio, tristeza, orgullo, decisión…y amor. La gata no necesitó ver más. Aterrizó sobre sus suaves almohadillas en el suelo y fue a hablar de nuevo con la princesa Aritnem.Ésta estaba de nuevo mirando por la ventana con una sombra en los ojos, pero se volvió al oír su voz. -Tengo buenas noticias -exclamó el animal, jovialmente. -Bien.-Respondió Aritnem, e hizo un intento fallido de sonreir. Lo que le salió más bien fue una mueca extraña.- Pero antes me gustarías saber tu nombre, ya que tú sí que conoces el mío. -Marielle. Mi nombre es Marielle. oO A SONG (THE FIRST SONG?) BY CELIA!!! Oo![]() Bueno, hace poco me entró una venada y me puse a escribir una canción en inglés que la verdad es que no me ha salido tan mal, pese a que es un poco macabra. La letra ya está hecha (creo yo), pero lo que es el ritmo o musiquilla… en fin, ya veremos que tal. Por ahora, os dejo con lo que tengo hecho y con su traducción al castellano; por si las moscas. Espero que os guste ^^ Besooooos!!!! DIED IN THE END Died, died!!And this is only the beginning… Poison and swords sin all the worlds. I´m died. Because I don´t know Because I wasn´t new Because you don´t help me Because the torment won me In my beautiful darkness To hide with my wish Do you understand this madness? This is the end: I miss... Died, died!! And this is only the beginning Poison and swords in all the worlds I´m died My soul is failed My dreams never come true But this is the end And worries aren´t important today. .
MUERTA AL FINAL ¡¡Muerta, muerta!! Y esto es sólo el principio… Veneno y espadas en todos los mundos. Estoy muerta.
Porque yo no sabía. Porque yo no era lo nuevo. Porque no me ayudaste. Porque la tormenta me ganó.
En mi bonita oscuridad, escondiéndome con mis deseos. ¿Entiendes esta locura? Esto es el final: he perdido.
¡¡Muerta, muerta!! Y esto es sólo el principio… Veneno y espadas en todos los mundos. Estoy muerta.
Mi alma falla. Mis sueños nunca se harán realidad. Pero esto es el final Y las preocupaciones no son importantes hoy.
**ESPEJO**![]() Este es un cuento que me inventé hace poco ^^ Espero que os guste!!! Espejo Espejo vivía solo. No vivía solo por propia voluntad, de hecho la gente del bosque no sabía si vivía o no. Y como él no podía demostrarles que estaba vivo, tenía que aguantar con su propia presencia. Se limitaba a vagar entre los árboles, como una sombra más en la penumbra, reflejando todo lo que a él le gustaría ser: un gran lobo, un simple conejo, o incluso se conformaría con ser una minúscula mariposa. Lo que fuese por dejar de ser simplemente un reflejo. Reflejaba a las plantas con gotas nuevas de rocío, a las crías recién nacidas de un alce, a la presa nueva de un cazador… todo lo sabía y sin embargo, no podía decírselo a nadie pues todo el mundo veía simplemente a través de él. Tampoco podían ver sus lágrimas, las confundían con gotas de lluvia que se habían quedado en las hojas de algún árbol. La maleza se movía a su paso, y pensaban que era una ráfaga de viento, había una ondulación en el aire y se limitaban a parpadear confusos. Luego se olvidaban. Espejo no comía ni bebía: no lo necesitaba. Sin embargo, sentía que se moría de hambre cuando veía a las madres darles de comer a sus hijos y le ardía la boca al ver al rebaño bebiendo en el arrollo. Un día, Espejo, que todo lo escuchaba, oyó que un par de cazadores hablaban animadamente acerca de un mago que había llegado al pueblo, que decía saber todas las artes de la brujería y poder realizar cualquier milagro. Espejo no se lo pensó dos veces. Se echó la capa por encima de los hombros y emprendió una carrera reflejando ríos, árboles, abejas, flores, animales, y más tarde casas, y al final del todo, al reflejar una tienda de pieles y alfombras, paró en seco. Se acercó sigilosamente a la entrada y se asomó sin hacer ningún ruido. El mago era un viejo harapiento que mezclaba incienso y hierbas en una gran cazuela. El suelo tapizado ardía, y la tienda estaba llena de humo. -Pasa, muchacho- oyó decir al mago. Espejo sacudió la cabeza, confuso. Nadie podía oírle ni verle… o eso creía. Probó a decir algunas palabras, seguro de que se evaporarían en el aire antes de sonar. -¿Puede… oírme? -Por supuesto, muchacho, yo puedo oírlo y verlo todo. Espejo entró en la tienda y se sentó en el suelo, eufórico. ¡Al fin alguien que sabia de su existencia! No se lo creía, no podía ser posible. Pero lo era. Aquél mago le podría ayudar. -Necesito que me ayude. -Quieres ser un ser vivo. -Sí-reconoció Espejo, alegre. -Puedo hacerlo. -¡Hágalo, hágalo! ¡Por amor de Dios! No sabe lo que es que nadie sepa que estoy vivo, que existo. Quiero vivir. -Sí, comprendo de lo que me hablas. No existen muchas criaturas como tú, muchacho. Pero yo puedo verlo y oírlo todo, y las conozco. Pero dime, ¿de verdad estás tan seguro? Es una gran decisión. -Estoy preparado. -A mí me parece un gran privilegio lo que tú posees. Puedes verlo todo, lo sabes todo. Los mortales son tan simples que sólo ven lo que tienen delante de sus narices. -¿De qué me sirve verlo todo si luego no puedo contar lo que he visto? -¿De verdad lo necesitas tanto como tú crees? La gente como tú no está creada para comunicarse con los mortales. La gente como tú observa y reflexiona. Vigila que todo vaya convenientemente. ¿No es eso lo que haces tú? Espejo calló. Quizá el mago tenía razón. Eso era lo que él hacía. No moriría nunca, pero seguiría protegiendo y vigilando el bosque. Por mucho que le pesase, parecía que esa era su responsabilidad. No necesitaba comunicarse con nadie, ni contar lo que había visto. Con que lo supiese él bastaba. Se levantó y se alejó corriendo sin despedirse, absorto en sus pensamientos. Reflejó más y más cosas a la vuelta, y llegó al bosque. Los árboles seguían creciendo, los frutos madurando, los animales se escondían entre los árboles, por supuesto sin verle. Por primera vez en su vida, Espejo los miró desde lejos y sonrió, sin que nadie se diese cuenta. Luego se alejó entre las sombras de los árboles. PORRRR FINNN!!!!!! PORRRR FINNNNN EL CAPÍTULO 16!!! -.-'![]() Anda que no me ha costado poner este maldito capítulo… Jesse, hijo, si hasta mi ordenador te odia xDD La danza de las Lavas Las dunas se sucedían una tras otra.La arena se le metía en los ojos y en las zapatillas, y le ensuciaba el pelo. El calor era insoportable, y el amarillo horizonte parecía no tener fin.Pese a ello, los dos cuervos de ojos rojos guiaban a Jesse sin cansancio, deteniéndose a veces en pequeños charcos del camino para que el chico calmase la sed. Ellos parecían carecer de ella. No sabía por qué estaba andando tanto sin saber su destino, pero le parecía mejor idea seguir a esos dos cuervos que quedarse parado en medio de la nada. Además, no parecían tener malas intenciones. Pese a que el cuervo es un animal carroñero, y él hubiese sido un festín para aquellos dos pájaros, ni una sola vez habían permitido que desfalleciese de sed o de hambre, y por las noches le espantaban las serpientes que se acercaban. En resumen, que Jesse estaba intentando tomarse el asunto con calma e intentar ver el lado bueno de cada cosa, manteniendo la cabeza fría.Aunque en los peores espejismos que sufría de vez en cuando aún creía ver a Esperanza avanza hacia él, con los brazos extendidos. Mas cuando alargaba su mano para tocarla, la imagen se desvanecía en el aire, y su mano sólo agarraba tierra. Para él, aquella chica era un misterio. Sabía que tenía a todas las chicas del instituto (o a casi todas) detrás suyo. Las había guapas y feas, altas y bajas, flacas y no tan flacas, pero todas demostraban sin reparos el cariño que le tenían. Esa era su rutina, guiñar un poco el ojo por allí, sonreír por allá…Pero cuando se chocó contra aquella chica -“el alma en pena del instituto”, la llamaban- y se volvió hacia ella para disculparse, vio en sus ojos melancolía, soledad… no pudo resistir y desvió la mirada hacia otro lado, sonriendo para librarse del embarazo que sentía. Y luego estuvo el discurso que le soltó a la profesora. En su opinión, algo desproporcionado (la pobre mujer sólo hacía su trabajo) pero le sorprendió más el no saber porqué lo hacía. No tenía lógica alguna…Por lo que sabía, Esperanza era una buena estudiante, siempre intentando pasar desapercibida en las clases, y sin el menor asomo de rebeldía.La mirada que le dirigió antes de salir de clase disipó sus dudas. Él. Él era la razón. De todas formas, y sin saber porqué, esa chica extraña de la que todo el mundo se burlaba había llamado su atención. En cuanto la encontrase (si es que lo conseguía), intentaría averiguar más cosas sobre ella. En cuanto volvió a la realidad, observó que los cuervos graznaban entre sí. Era parecido a una conversación humana. Uno de ellos terminó la “conversación” con un graznido corto y tajante, y se alejó volando. El otro, por su parte, agarró al chico por la camisa con el pico y le obligó a avivar el paso.Y así continuaron el camino, algo más deprisa gracias a que el animal empujaba de vez en cuando con su cabeza la espalda de Jesse. Al poco tiempo de caminar, el chico vio algo que le hizo animarse completamente de nuevo: humo.Oscureciendo el sol del atardecer, una columna de humo ascendía hasta desaparecer en ese cielo rojo y sin nubes. Y si había humo, eso quería decir que… ¡habría vida inteligente! Corrió hacia ahí, el corazón latiéndole agitadamente.El humo procedía de una enorme hoguera situada en el centro de un corro de tiendas de campaña hechas con pieles, y todas amarradas a los troncos de las palmeras.Jesse tardó algo en distinguir a las figuras que danzaban alrededor de la hoguera. Se escondió detrás de una duna cercana y las observó. Parecían chicas…chicas de piel morena, de rojo pelo recogido en finas trenzas, de tops y pantalones tan rojos como su pelo. Parecían extrañas chicas de discoteca. Se movían unánimes, al ritmo de timbales, flautas y panderetas, en un baile agitado pero igual de armonioso.Movían la cintura, se entrecruzaban y en ocasiones parecían mezclarse con el fuego. La música fue aumentando la velocidad, más y más. Ahora las chicas ya no se distinguían. Todas ellas parecían también una hoguera, alzaban los brazos, los bajaban, daban vueltas, saltaban entre ellas…parecían irradiar fuego. Estaba tan embobado observándolas, que Jesse no se dio cuenta que le daban golpecitos en el hombro durante un buen rato. Al principio pensó que se trataba de uno de los cuervos, y agitó la mano en el aire para espantarlo. Los golpes se repitieron, y al volverse a regañadientes para ver qué ocurría, se topó cara a cara con una mujer parecida a las danzantes pero de apariencia más elegante, y por supuesto, más majestuosa. El pelo le caía largo y ondulado por la espalda, también rojo, y vestía lo que podría calificarse como vestido, pero que de primeras parecía un conjunto de trapos rojos atados, que le daban un aire frágil y ligero (ojala se pudiese decir lo mismo de todos los trapos atados). Sus pestañas eran sorprendente blancas, y parecían rozar las mejillas al pestañear, y sus ojos tan oscuros que casi no se distinguía el iris de la pupila. Los labios (que no podían ser de otra manera, sino rojos también) se curvaron en una amplia sonrisa al decir: -Bienvenido al campamento de las Lavas. Los dos cuervos planearon hasta posarse en sus hombros, y ella les acarició las alas suavemente, sin dejar de sonreír con sus labios de anuncio de cosméticos. -¡Carbón, Tinta, cuanto me alegro de veros! El baile no se interrumpió cuando la mujer guió a Jesse por el campamento, franqueando a las chicas que danzaban. El compás era frenético, pero ellas no parecían cansarse, y seguían saltando, dando vueltas y moviéndose. Alguna de ellas le dirigió una mirada coqueta al chico, invitándole a bailar con ella, pero desistió al ver la mirada gélida que le dirigía la mujer por encima del hombro. Al fin, llegaron a una enorme tienda, la más grande de todo el campamento, según parecía, porrada por dentro con cómodas alfombras que aislaban de la arena del desierto, y con tapices que representaban exactamente el baile que se desarrollaba ahí fuera. -Supongo que tendrás hambre. Objetó la mujer, con un extraño acento que no pasó desapercibido a Jesse. Pero desde luego, estaba hambriento, así que dejó eso a un lado y se sentó cómodamente, mientras la mujer agarraba lo que parecía una tetera llena de agua y la sostenía entre sus manos por la parte inferior.A los segundos, el agua hirvió y el vapor salió de la tetera por todos los orificios posibles y se extendió por la tienda, de modo que el muchacho no pudo ver ni sus propias manos en unos instantes. -¿Cómo has hecho eso?-preguntó interesado, y sí, un poco asustado también. Se escuchó una carcajada de la mujer. Era una voz clara y limpia, con un toque burlón. De repente, sus ojos aparecieron frente a Jesse de entre la neblina como dos pequeñas llamas. -¿Quieres aprender? (YO): Por cierto, alguien se ha preguntado cómo sería Jesse en carne y hueso? Pues bien, esa imagen de ahí es del cantante Jesse McCartney, el guaperas en el que me inspiré para crear al Jesse de Oldawa (mira que vaga soy :P). Y por si lo queréis ver más de cerca, también os dejo el enlace a un vídeo suyo… Para que veáis a Jesse en carne y hueso!!! Eso no ocurre todos los días xDDD (PD: Kién avisa no es traidor xD) http://www.youtube.com/watch?v=jqRwUISsABs Bayisss!!!
FALLOS TÉCNICOS...![]() Pongo este artículo para pedir paciencia a todos los que leéis Oldawa: El sistema Blogia es un sistema muy limitado, y en ocasiones (días, horas…) no se pueden escribir bien los artículos. Es decir, por poner un ejemplo: en Oldawa se me junta todo, hasta el punto de quedar casi inteligible. Mejor esperar un poco y leerlo en perfecto estado que leerlo todo junto y revuelto, ¿no? Que sepáis que yo voy a intentarlo una y otra vez hasta que salga bien, ¿vale?Os pido disculpas y aclaro que no es culpa mía.Muuuchos beeesoooosssss!!! PD: Por cierto, que sepáis que Oldawa mientras va continuando (eso va x ti, Ireth xD), así que no os preocupéis que aún quedan capítulos por poner (espero que durante un poco más de tiempo). MEMORIAS DE IDHÚN ^^ (of curse)![]() Bueno, doy prácticamente por sentado que todos conoceréis estos famosos libros de la escritora Laura Gallego García (que se va a convertir como en la J.K Rowling de España…q envidia xD), pero por si acaso voy a explicar que se trata de una triología de tocholibros, eso sí, pero muy entretenidos ^^. No voy a relatar toda la historia ahora (Dios, no!!!), pero puedo asegurar que le gustará a todo aquél al que le guste leer novelas de aventuras, fantasía y culebrones xD. Lo recomiendo sinceramente. Hace poco salió el 3 tomo, jujujuuu!!!! (friki contenta). Ya ahora, pasemos a lo verdaderamente importante xD Me han pasado algunos trailers que han hecho los frikis, y resulta que están muy bien, así que os dejo enlaces a los que más me han gustado para que os veáis, pero antes, por favor, mirad la descripción y la puntuación que hay debajo de cada enlace, para que os hagáis una idea, ok? ^^ Veamos: http://www.youtube.com/watch?v=Doe6pWM6YP0 Este es mi preferido, y pronto veréis porque. Me pasé al menos 10 minutos sin parar de reír por su culpa, y por ello, le doy el primer puesto: ***** http://www.youtube.com/watch?v=USj--rdPg88 Este es el que mejor hecho está, en mi opinión, y menudo morreo que le pega Kitash a Victoria!!! o.O Flipante… **** http://www.youtube.com/watch?v=6qoX_F03UvQ Este no está tan mal, pero no me gusta del todo. En realidad, lo que menos me gusta de todos los trailers es el cómo ponen a Jack. Uhhhhhh… lo ponen o muy crío o q parece una chica -.-. ** Y yastá. Espero que los hayáis disfrutado!!! Ya pondré yo x akí algún video mío que hice ;) Muchos besooos!!!! YYYY... (cómo x ahora no se me ocurre que más poner xb) CAPÍTULO 15!!!!![]() Preguntas sin respuestas Anduvieron por un túnel estrecho y oscuro lo que parecieron horas. Subían, bajaban, giraban…. Esperanza sentía pasar las bifurcaciones una tras otra, pero los dos hombres no se detuvieron ni un solo momento, y ella no podía hacer nada, así que se concentró en su antigua vida para pasar el rato. Lo recordó todo a la perfección: La clase, el rostro anonadado de la profesora, a Jesse, la tormenta, la luz blanca…y de nuevo el paisaje nevado. Por más que se intentaba exprimir los sesos para encontrar algún recuerdo entre la luz blanca y aquél páramo, estos se negaban a aparecer… o no existían. “¡Por supuesto que existen, Esperanza, no seas estúpida!” Aquella era la situación que muchos de los protagonistas de sus libros habían vivido tantas veces. Y pensar que ella les tenía envidia… ahora prefería estar recibiendo la bronca de la profesora a lo que estaba viviendo. Tuvo tiempo de lamentarse y de dar vueltas al asunto muchas veces, y cuando al fin llegaron a lo que parecía que era su destino, (una sala bastante grande que parecía hecha por un grupo de topos), la luz de unas antorchas casi la dejó ciega. Cuando al fin consiguió abrir los ojos, se encontró con que la sala estaba completamente llena de joyas, monedas de oro, y todo lo similar a ellas. Candelabros dorados sobresalían de enormes bolsas junto a rubíes, zafiros y collares de perlas. Había montañas de dinero en algunos rincones, y el suelo estaba tapizado de alfombras persas de ricos bordados. Aquello parecería la cueva de Aladino de no ser porque más hombres con cicatrices se amontonaban sentados al lado del dinero, riendo, jugando a las cartas o comiendo de forma salvaje. Al llegar los que escoltaban a Esperanza, todos se volvieron y esbozaron una mueca que se parecía a una sonrisa muy de lejos. Los dos hombres explicaron un par de cosas, y de repente, de un oscuro rincón apareció un muchacho, el más joven de todos aquellos hombres, pero casi igual de feo. Por suerte, su cicatriz sólo llegaba desde un lado a otro de la mejilla. Tenía el pelo negro, y vestía con andrajos que dejaban ver lo flacucho que estaba. El chaval pareció ofrecerse voluntario para algo, y los dos hombres, complacidos, empujaron a la chica hacia él, y se alejaron para jugar una partida a las cartas con sus amigotes. El muchacho le dirigió a Esperanza una sonrisa torva que hizo que se le revolviese el estómago, y luego le fue dando empujoncitos hasta el final de la sala, que acababa en una puerta de madera muy tosca. Llamó tres veces. Nada. Volvió a llamar, esta vez con más fuerza. Nada de nada. Nadie contestaba. Al final, abrió lentamente, y volvió a empujar a la chica hacia una nueva sala. Aunque ésta no estaba llena de oro, ni de joyas, los tapices y las alfombras la inundaban: por las paredes, por el techo, por el suelo… Estaba iluminada por candelabros, y aparte de ellos y de una mesa sobre la que había algo de fruta y vino en una copa de oro, la sala parecía desierta. Y en un rincón, entre las sombras, había una figura. Y aquella figura roncaba. Se acercaron cautelosamente hacia ella, y al agacharse, Esperanza se dio cuenta de que aquella figura no era nada más ni nada menos que un chico dormido, con los brazos tras de la cabeza y una sonrisa en la cara. El acompañante se arrodilló a su lado y le sacudió levemente la cabeza. Y entonces el chico dormido abrió los ojos de repente, sorprendido. Se incorporó bostezando, sin parecer enterarse de que Esperanza estaba frente a él. Pero en cuanto la vio, sus ojos se quedaron enredados en su pelo. Ni siquiera parecía antender al otro muchacho mientras éste le explicaba lo que quiera que fuese que le estaba explicando. Esperanza no sabía dónde mirar… Al fin, el acompañante terminó su informe y también se quedó mirando extrañamente a la chica. Ella paseó la mirada entre los dos, pues ya que ellos no tenían vergüenza, ella tampoco se veía en la obligación moral de tenerla. Uno desgreñado, con harapos, con el oscuro pelo y la cara sucios, y por otro lado, el otro, con el pelo naranja oscuro, casi rojo, perfectamente limpio (aunque no peinado) y ricas pieles para vestirse. Y un adorno extraño y extravagante que a ella le extrañó por encima de todo: en cada oreja, este chico llevaba muchos pendientes. Pero no pendientes pequeños cómo ella veía a veces a algunas personas, sino pendientes más o menos grandes, dorados, plateados, con pequeñas piedrecillas incrustadas, con forma de luna, de sol, de estrella…. Era muy raro, pero le quedaban bien. Y encima ella era la que parecía ser la extraña. Se miró las manos. ¡Pero si ella no tenía ningún adorno así, ni su corte de pelo era extravagante, ni llevaba un tatuaje muy grande, ni nada por el estilo! Si aquellos chicos eran listos, descubrirían que ella no tenía nada de interesante, y entonces la dejarían marchar… o eso esperaba. El muchacho extraño de los pendientes despidió con un gesto al otro, y en cuanto éste hubo abandonado la sala, se inclinó sobre Esperanza con una sonrisa pícara en la cara, y, para sorpresa de ella, le cortó las cuerdas que la maniataban. Guardó el puñal que había utilizado debajo de la manta más cercana y se sentó con las piernas entrecruzadas frente a ella, mirándola como si se tratase de un animal extraño. -¿De dónde eres?- (frases en séver traducidas a castellano para mayor comodidad del lector, y para que el Word no se me vuelva loco…)-¿Eres de la capital Ojab Orec? ¡Contesta, venga! La chica, por supuesto, no contestó, porque no sabía lo que le preguntaban, y se limitó a quedarse con la vista fija en el suelo sin saber que decir. El muchacho suspiró y se tumbó en el suelo tranquilamente, con las manos detrás de la cabeza. -Mira, no tenías nada de valor cuando te encontramos, así que no creo que te hagamos nada…por ahora. Si es eso lo que quieres, contribuye un poco, porque sino haré que te saquen de aquí a patadas, y que te dejen en la comodidad de tu árbol helado hasta que te mueras de frío. O, por el contrario, si me cuentas tu historia puede que simplemente pidamos un sustancioso recate por ti, o que…talvez…- dijo, mirándola de reojo- seas una buena bandida. Con esa pinta de mosquita muerta que tienes nadie sospecharía lo más mínimo. Eso sí; de aquí no vas a salir hasta que no me digas tu nombre y todo lo demás. Comenzaré de nuevo: ¿Cómo-te-llamas? Esperanza suspiró y decidió que se arriesgaría. Al fin y al cabo, ella había entendido el tono de la pregunta. Así que contestó lo primero que se le pasó por la cabeza. Lo elemental. -Yo… yo soy de Zaragoza, España-explicó, vocalizando mucho para hacerse entender-. No… no comprendo nada de lo que está pasando…yo… Y sin quererlo, comenzó a llorar, y el llanto ahogó sus palabras. El chico se le quedó mirando de nuevo con los ojos muy abiertos, para luego asentir y sonreír levemente. -Así que eres humana. * * *
El jefe de los bandidos salió de su habitación después de cerrar con llave, sin pronunciar palabra y silenciosamente. En sus brazos llevaba a una chica dormida, la cual no parecía pesarle mucho. Ni uno de sus hombres lo vio, pues se escabulló por pasadizos oscuros de la guarida que sólo él conocía. Al salir al exterior atravesando la roca, se alejó hacia el claro de los abetos dónde decían haber encontrado a Esperanza, y una vez allí, la dejó en el suelo y miró alrededor. No había nadie cerca. Se arrodilló al lado de la chica, agarró un trozo de nieve y se lo dejó caer en plena cara. Esperanza, se incorporó con un grito, mientras el chico se partía de risa. -Lo siento- dijo él entre carcajadas-. Es que era la única forma de que te despertases. -Pues podrías haberme sacudido un poco, pedazo de bruto.- Rezongó ella, quitándose la nieve de la cara. -Es que estabas dormida como un tronco, así que te he tenido que traer aquí personalmente. Y aun así te quejas. Hay que ver… en fin, paseo matutino: ¡allá vamos!- Exclamó el chico, alejándose entre los árboles alegremente. Esperanza no pudo ocultar una sonrisa al verlo marcharse como un niño pequeño. Habían pasado ya dos semanas desde que ella apareciese en aquél claro, y en aquellas dos semanas había descubierto y aprendido más cosas que en dos meses de su vida anterior. Nibor se lo había explicado todo en uno de sus paseos: “Hacía miles y miles de años que los terrícolas (humanos) no visitaban Oldawa. Y las veces que sí que lo hicieron no fueron por motivos turísticos, precisamente. Guerra. La sola palabra ya lo decía todo.En cuanto llegaron los humanos, la fiebre esa de poder tan molesta que tienen les incitó a conquistar el planeta, violando todo pacto de amistad y convivencia con los que vivían en aquellas tierras. Nurvas, Lavas, Dragones… todas y cada una de las especies se pusieron de acuerdo para contrarrestar aquella ofensiva. Se dice que fue una batalla increíble… “La estrella de Oldawa quedó dividida en dos partes: por un lado, los humanos, que para aquél entonces vestían como nosotros y luchaban con espadas y toscas armas de madera y hierro. Y por el otro, legiones y legiones de Magos, Dragones, Nurvas, Lavas, Hadas, Orcos, simples pueblerinos con rastrillos y hachas, soldados con lanzas, y algún que otro fantasma, que como siempre van a su bola, sólo alguno de ellos se dignó a participar en la batalla. Son criaturas extrañas, estos fantasmas… sacrificando toda su vida anterior simplemente para caer en el engaño de que conseguirán cumplir un simple deseo…Nunca he conocido muy de cerca de alguno de ellos, pero no desearía hacerlo. No se puede confiar en los fantasmas… bueno, continuemos. “Los dos ejércitos se lanzaron el uno contra el otro, gritando y enseñando los dientes. Se mezclaron y empezó la pelea. En el amor y en la guerra no hay reglas, como suele decirse, así que era la ley de la jungla. En contra de lo que se cree, no hay que matar, sino impedir que te maten a ti. Son términos diferentes, pero llevan al mismo resultado. Daba igual a quién matases, cosa que veías, cosa que te cargabas, incluso algunas personas descubrieron amargamente que habían matado a alguien de su propio bando. Esto que estoy contando claro está, es en el caso de los ejércitos de combate cuerpo a cuerpo. “Los Magos, los arqueros y todos los demás que poseían fuerza mágica atacaban desde lejos. Los arqueros humanos desde detrás de las rocas, y luego, como te podrás imaginar, las Lavas con volcanes y llamaradas, las Nurvas con grandes olas y tsunamis, y las Staress poniendo la fuerza de la Naturaleza de su parte. Ya me entiendes, enredaderas, espinas, etc, etc… los magos hacían el caos total con sus tormentas y esos hechizos que duermen, o que ahogan. Aquí todo el mundo nacemos con una pequeña fuerza mágica. Si la vamos desarrollando podemos convertirnos en magos, y, si no, la seguimos teniendo, aunque en poca medida, y sólo podemos practicar pequeños hechizos. Aunque ser mago no es todo un camino alegre y ameno. Hay que practicar mucho y arriesgarte a que los hechizos te salgan mal: algunos magos principiantes mueren cuando les da el rayo que acababan de invocar. El viaje para aprender se hace sólo, recorriendo Oldawa, desarrollando tú mismo tus artes, y según las que mejor te salgan te conviertes en mago de magia blanca o negra, oséase, de magia para atacar o para curar. Las criaturas mágicas como las Nurvas y compañía lo tienen fácil; como ellas mismas son la magia en estado puro no necesitan entrenar demasiado, sólo para controlarse. “Emm… ¿por dónde iba? Ah, sí: "Los dragones volaban y disparaban fuego desde el cielo. Algunos cayeron heridos porque las flechas de los humanos atravesaban la fina membrana de sus alas, haciéndoles agujeros, pero los dragones son unos luchadores muy orgullosos, y siguieron atacando desde la tierra, pegando zarpazos y mordiendo, con las alas bien plegadas a la espalda. “Huelga decir que los humanos perdieron escandalosamente aquella batalla. Su número de bajas fue seis veces más que el de los Oldawenses. Los únicos supervivientes que quedaron suplicaron piedad al verse vencidos, y los jefes se la concedieron. Les hicieron jurar que se comportarían como unos oldawenses más, que olvidarían su vida anterior, que no volverían a empuñar un arma y que vivirían completamente al margen de su planeta natal, La Tierra. Ellos juraron, (¿qué podían hacer sino?) y a partir de entonces se convirtieron en mercaderes, agricultores y semejantes. Bueno, cuentan que muy al norte, en el territorio de las plantas vive una princesa que dice llamarse Aritnem, y que dicen por ahí que es humana. Pero únicamente son habladurías.” -Me ha gustado mucho tu relato, Nivor- dijo Esperanza entonces- pero lo cuentas cómo si hubieses estado ahí en ese momento. Nivor suspiró. -Mi madre era uno de los supervivientes. * * * La vida para Esperanza en aquella guarida de bandidos no era demasiado fácil, ni placentera, pero lo prefería a que la reconociesen como humana y la ahorcasen, o algo así. Además, Nibor le daba comida y paseaba con ella una vez al día por los parajes helados. Sin embargo, Esperanza sabía que eso no iba a durar mucho. Sus temores se confirmaron cuando desde su habitación, (una sala hábilmente escondida al lado de la de Nibor) escuchó gritos y pasos provenientes de los bandidos. Tal era su curiosidad que ni esperó a que llegase su amigo para contarle lo que pasaba: se levantó rápidamente de la cama, entró a la habitación del jefe de los ladrones, cogió algo de ropa suya, se la puso, y se tapó media cara con un trapo. Luego, se atrevió a salir por primera vez a la sala que siempre estaba llena de hombres con cicatrices que jugaban a las cartas, gritaban o admiraban sus tesoros. En cambio, en ese momento no jugaban sino que ponían muecas feroces y gruñían por lo bajo como osos. Esperanza se metió entre la multitud y escuchó atentamente a Nivor, que como siempre destacaba entre los demás por su pelo rojo, y más aún si se había subido a un saco enorme de monedas de oro, como había hecho. -Bandidos, tengo noticias que os interesarán saber. Primero: la guardia de la capital Ojab Orec viene hacia aquí en posición de combate y con la bendición de las Nurvas, sus patronas –Murmullos de oso recorrieron la sala-. Segundo: como se ve, las malas noticias nunca llegan solas. Pues no hay duda de que ellos no habrían descubierto nuestro escondite si un traidor no se lo hubiese chivado –de nuevo murmullos-. Traidor, si sales ahora mismo y te declaras culpable no te haremos nada. En caso contrario, me dedicaré yo mismo a averiguar quién ha sido el desdichado. Y cuando lo descubra colgará de una bonita cuerda atada a un árbol –Esperanza se sorprendió al ver la mirada gélida que inundaba los ojos castaños normalmente tranquilos de Nibor-.Eso es todo. Partiremos ahora mismo hacia la región del desierto, a ver si por el camino nos encontramos con algo que nos pueda servir de guarida entre tanto. Bandidos, ya sabéis lo que tenéis que hacer. Llevaos únicamente lo imprescindible. Si es necesario, dejad aquí las baratijas. Comenzad. A ésta última orden toda la guarida se puso en marcha. Entre la multitud que iba y venía, Esperanza consiguió acercarse al chico por detrás. -Nibor - susurró-. Nibor, ¿es cierto? ¿Nos van a atacar? -¿Esperanza, qué haces tú aquí? –contestó él, también susurrando- Sí, sí es cierto. Ve a preparar cosas como el resto de los bandidos, Lo siento, yo estoy muy ocupado en estos momentos. Esperanza hizo lo que le mandaban y cargó sacos en los carros, aunque sin dejar de observar al jefe de los bandidos. Aquello le parecía algo sospechoso. No sabía porqué, pero le parecía extraño que tan de repente alguien se hubiese chivado de que había una guarida de ladrones en medio de un desierto helado. Además, por lo que Nibor le había contado, la ciudad estaba bastante lejos de la cueva, así que tampoco había porque partir tan rápido. Sí, aquello le parecía de lo más sospechoso. En algún momento, Esperanza observó que el chico estaba habando con un hombre con pinta no de oso, si no de King Kong. Parecía una conversación seria; Nibor asentía y el gorila negaba escandalosamente. Al final, Nibor le dio un par de palmadas en el hombro y se alejó. Cuando todos los sacos estuvieron cargados en los carros, los hombres se alinearon: algunos arrastraban los carros, otros iban por delante con algunas armas, por los lados, protegiendo los sacos, había bandidos con hachas, y detrás de todo estaban Nibor y Esperanza. La marcha comenzó con pasos cansados y resoplidos. Detrás de ellos la montaña de rocas tenía un puñal de oro clavado.
PD: ari, me he leido tu comentario.¡Me alegro mucho de que te guste! ^^ CAPI 14!!!! (dios... "capi"... en fin. xDD)Rayos sin fin -Esperanza, cariño, come algo más de ternera, que estás en los huesos. Desde luego, los adolescentes de hoy en día, no sé en qué estarán pensando; que si adelgazar, que si perder peso… en mis tiempos se comía mucho más que ahora, nos dedicábamos a jugar, a correr y a saltar, no a ir de tiendas, que sólo sirve para gastar dinero sin fundamento. ¿Más ensalada? Desde luego, no sé en qué estarán pensando… Pilar, madre de Esperanza y ama de casa compulsiva, era una mujer alta, de piel blanca, pelo rubio teñido y unas buenas dosis de pintalabios rosa chillón y sombra de ojos azul claro. Y no paraba ni un segundo. “¡Dios mío, no se callará ni dormida!”, pensó Esperanza, mientras se dedicaba a mover con desgana los trozos de ternera por el plato. -Esperaanzaa, deja de jugar con la comida, que pareces una niña pequeña. A Pilar también le había afectado la desaparición de Marielle, pero al contrario que a Tomás, a ella se le había desarrollado aún más el parloteo, hasta el punto de volverse algo insoportable. -Ya no tengo hambre. Me voy a la cama. Sentenció Esperanza, con voz cansada. Y aprovechó la conversación con sí misma que mantenía Pilar acerca de las rebajas para escaparse del filete de ternera que tanto le costaba tragar. Una vez en su cuarto, tuvo todo el tiempo del mundo para relajarse y leer, y al cabo de unas 50 páginas se durmió, al fin… Al día siguiente, se despertó 20 minutos antes de lo normal, no por las pesadillas, que las tuvo, sino porque… porque se sentía extrañamente alegre. Quería ver a Jesse, quería que él le volviese a sonreír. Se cogió una manzana para el camino y sin despedirse se fue al instituto dando brincos. Le brillaban los ojos…. -Esperanza García, ¿puede decirme cuál es la capital de Taiwán? ¿Esperanza? ¡Esperanza! Esperanza miraba al vacío desde la última fila, con una sonrisa boba en la cara. -¿Eh? Perdón, profesora… ¿puede repetir? Dijo, con voz asustada. -¡Mirad! ¿El alma en pena ha regresado! -¿Qué tal tu viaje por el inframundo? -¡Apuesto a que por eso ponía esa cara de idiota! -¿Soñando con Hades? Los demás alumnos de la clase rieron estrepitosamente. -¡Basta ya! Esperanza es una alumna muy aplicada y seguro que se sabe la respuesta perfectamente. Adelante, Esperanza, dinos la respuesta. -¡Enchufada! -¡Calla! Por su parte, Esperanza estaba en un gran aprieto, porque su mente no le respondía. “Taipei. La capital de Taiwán es Taipei. ¡Venga, Esperanza, dilo, por lo que más quieras!” Pero al ver a Jesse dos filas más adelante, haciendo garabatos en un cuaderno, otros pensamientos inundaban su cabeza: “A Jesse seguro que no le gustan las empollonas. No se fijará en mí si sigo con esta actitud. Tengo que conseguir impresionarle…” Así que, sin saber cómo, salieron de su boca unas palabras que ella nunca habría dicho en su sano juicio: -Lo siento, profesora, pero no entiendo la finalidad de la pregunta. ¿Para qué nos hacen estudiar la capital de Taiwán sabiendo que no nos va a servir para nada? Yo, personalmente, nunca pienso viajar a Taiwán, y creo que la mayoría de la gente aquí presente tampoco. Y déjeme añadir una cosa más: sinceramente, nunca me han interesado lo más mínimo ni los ríos ni las montañas de Europa. Al finalizar el discurso, toda la clase estaba con los ojos fuera de las órbitas, excepto Jesse, que no parecía tan impresionado, pero que tenía una mueca divertida en la cara, cómo observó satisfactoriamente Esperanza. La profesora se había quedado con la boca abierta, mientras la tiza que tenía en la mano derecha se resbalaba y caía al suelo, rompiéndose en mil pedazos. Entre tanto, Esperanza recogía sus cosas y se marchaba de clase, rogando al cielo que Jesse hubiese visto la expresión de suficiencia que acababa de poner. Más tarde, volviendo a casa después de haberse escondido durante la hora de clase que quedaba en los baños (la profesora la estaba buscando, y como es de suponer, a ella no le hacía especial ilusión que la encontrase), se arrepintió de lo que había hecho. Por mucho que impresionase a Jesse su actuación, se armaría la gorda en cuanto la profesora hablase con sus padres. La chica suspiró por lo bajo. Más problemas… De repente, sintió algo húmedo en la cabeza. Agua. Estaba empezando a llover. Oscuros y amenazadores nubarrones se agolpaban en el cielo, iluminados por momentos a causa de los rayos, que cortaban el cielo como grandes cuchillos. Un trueno hizo temblar el suelo, y Esperanza se estremeció. Pero no sólo ella había dado un bote. Había una persona detrás de ella. Se giró para averiguar de quién se trataba, y se le cortó la respiración: detrás de ella, con el rubio pelo chorreando, Jesse miraba al cielo con los ojos verdes muy abiertos. -¡Jesse! ¿Qué haces? ¡Hay una tormenta horrible! Y, además, tu casa no es por aquí. Le reprochó, confusa pero halagada (¿estaría él allí para hablar con ella?). Jesse apartó rápidamente la vista del cielo, y miró sorprendido a Esperanza, como si ella fuese la que estaba fuera de lugar. Luego recordó lo que quería decirle: -¡Ah, sí! Quería decirte que me gustó mucho tu “discurso” -Eh… si, bueno, a mí también-mintió descaradamente-. ¿Qué ha pasado luego en clase? -Bueno… digamos que ha cambiado un poco la opinión que tenían about you.-respondió él, sonriendo. Esperanza sonrió también, con mal disimulado nerviosismo, y ambos se quedaron así hasta que otro trueno resonó, mucho más grande si se puede que el anterior. -Bueno, espero que nos veamos más en el instituto. Ella estuvo a punto de hacer oír un “yo también” por encima de los truenos, cuando una luz que venía del cielo los iluminó brutalmente. Incapaces de abrir los ojos, los dos chicos se taparon la cara con el brazo rápidamente. Cuando la luz se desvaneció, tan rápida como había llegado, en la calle sólo quedaba la presencia de la lluvia, que rebotaba y chispeaba sobre las baldosas, incesante. Frío. Mucho frío. Cuando Esperanza abrió los ojos, lo único que vio fueron pequeños copos de nieve que revoloteaban frente a ella, se le estrellaban contra la cara y se le enredaban en el pelo y en las pestañas. Se levantó. Alrededor suyo abetos desfilaban, si dejar ver lo que había detrás de ellos. El suelo era nieve, y el cielo escarcha. Parecía uno de esos paisajes de navidad que hay en el interior de las bolas de cristal, esas que se agitan y los copos de nieve dan vueltas y se posan encima de los diminutos arbolitos y bastoncitos de caramelo. Sólo que esto era real, y mucho más desolador. Se frotó los brazos, sintiendo cómo la energía y el calor abandonaban su cuerpo. “¿Qué está pasando?” Recordaba perfectamente la calle de Zaragoza mientras caía la tormenta, y lo que le había dicho Jesse… “¿qué hago yo aquí?” Los copos de nieve seguían cayendo, indiferentes. La chica no se atrevía ni a moverse, pensando desesperadamente que aquello podía ser sólo un sueño, únicamente una imaginación suya. Así que decidió esperar a volver a la realidad sentada, apoyando la espalda en el tronco uno de esos abetos, que parecían enormes pasteles cubiertos de harina. Y sin querer, se durmió. Dos cuervos sobrevolaban el desierto, lenta, suavemente, con las alas desplegadas, inspeccionando la arena en busca de comida. Volaban juntos, mirando uno hacia la derecha y otro hacia la izquierda, para así tener mayores posibilidades de encontrar algo. Al fin, uno de ellos divisó lo que parecía un cadáver completo entre las dunas. Sin demora avisó a su compañero, con graznidos alegres, u los dos se precipitaron hacia el cuerpo tendido boca abajo, en la arena. Una vez en el suelo, descubrieron satisfactoriamente que la cena se trataba de un muchacho en muy buenas condiciones, con un extraño pelo amarillento. Eso les desconcertó un poco al principio, pero terminaron por ignorarlo. Aquél chico posiblemente sería el hijo de un comerciante que lo habría mandado al mercado, a vender, y al pobre muchacho se le habría agotado el agua, o le habría mordido alguna serpiente venenosa del desierto, ¡que importaba! Sería una cena grande y jugosa, habían tenido mucha suerte. Uno de ellos, el que lo había descubierto, lo atizó el primer picotazo en de la mejilla que tenía al descubierto, y la cena emitió un aullido, a la vez que se incorporaba y daba manotazos a diestro y siniestro, con la herida cubierta de sangre. El cuervo salió despedido hacia atrás, y él y su acompañante volaron asustados hasta situarse a una distancia prudencial del cadáver, (que ya no parecía tan muerto), sin dejar de observarlo con sus grandes ojos, rojos como rubíes. El chico se incorporó, lentamente y tambaleándose. Se acarició la herida y luego observó con los ojos entrecerrados su mano, como sin dar crédito a que estuviera cubierta de sangre. Miró a su alrededor, en un intento fallido de orientarse, para después frotarse los ojos, suspirar y fruncir el entrecejo. Los dos pájaros se miraron el uno al otro, y cómo leyéndose la mente, volaron hasta situarse mansamente en ambos hombros del muchacho, que dio un respingo e intentó espantarlos, pero ellos se agarraron más a la camisa con sus garras. Y de nuevo volvieron a actuar conjuntamente, agitando las alas y dando tirones de la ropa. Querían que les siguiera. Él comprendió y se dejó llevar, medio aturdido, pellizcándose para comprobar si aquello que estaba ocurriendo era real o era algún sueño algo más real que los demás. Había leído en alguna revista que el subconsciente podía llegar a jugar verdaderas malas pasadas. Pero de ahí a sentir el calor de un desierto o el dolor de una herida… La cabeza le daba vueltas. No le apetecía pensar, una reflexión más y su cabeza explotaría (ya se estaba imaginando con angustiante nitidez sus sesos desparramados entre las dunas más cercanas, y eso no lo ayudaba a mejorarse en absoluto). Así que se resignó a seguir a los cuervos. A algún lado tenía que conducir todo aquello… Alguien zarandeó a Esperanza salvajemente, haciendo que su cabeza rebotase contra el tronco del árbol en el que estaba apoyada. Gimió de dolor y abrió lentamente los ojos, sujetándose la cabeza con las manos. Lo primero que vio fueron dos botas negras y relucientes como escarabajos alejarse dando zancadas, haciendo un ruido sordo en la nieve virgen. Al ir levantando la mirada descubrió que el perteneciente de esas botas era un hombre de mediana edad, alto y atlético, con algunas canas ya por el cabello. Al volverse éste, Esperanza avistó que una enorme y blanca cicatriz le cruzaba la cara desde el pómulo hasta la garganta, lo que daba un aspecto amenazador a la sonrisa con la que la estaba mirando ése momento. Era como se había imaginado tantas veces a los malvados que aparecían en sus libros, para destruir el mundo, y cosas por el estilo. La diferencia era que el verlo en carne y hueso, era (con mucho), más aterrador aún, y sobre todo sintiendo que no está mirando al protagonista del libro tan malévolamente, sino a ti, y que las cosas no suelen sucede tan providencialmente como dicen los libros: que si aquel hombre quería matarla, no iba a aparecer de la nada un héroe dispuesto a rescatarla valientemente. Vamos, que Esperanza se estaba muriendo de miedo. El héroe no tuvo que aparecer, pero lo que sí que surgió de entre los árboles fue otro hombre, más joven de apariencia, pero con la misma presencia amenazadora que el primero. Y como el otro, también tenía una cicatriz en el cuerpo. Pero la suya se enroscaba alrededor de su cuello como si se tratase de una especie de gargantilla con ramificaciones, blanca y bastante fea. Los dos hombres de las cicatrices se saludaron como si se conociesen de toda la vida, y luego volvieron a observar a la chica, que se había encogido contra el tronco del árbol, con los ojos muy abiertos. Lo que se dijeron a continuación con voces roncas y sonrisas siniestras no fue asimilado por el cerebro de Esperanza; porque no entendía nada. De golpe y porrazo, se sentía más que nunca como una extraña en el sitio ése que parecía una bola de navidad, dónde los hombres tenían cicatrices, y hablaban raro. Porque ése idioma no se parecía en nada al inglés, ni al francés, ni a algún idioma del que ella hubiese oído hablar. Y lo más raro de todo era que le sonaba conocido, cómo cuando se tiene un nombre o una dirección en la punta de la lengua, pero no se es capaz de recordarlos. No tuvo mucho tiempo más de reflexión, porque el hombre más mayor de los dos se acercó hacia ella, rompiendo todas las barreras de tranquilidad que Esperanza había intentado crear devastadoramente. La chica se intentó liberar, gritó y pataleó, pero el hombre ya la había maniatado y amordazado en segundos. El otro de la cicatriz en el cuello le arrebató la mochila y la vació sobre la nieve. Lo único que consiguió fueron los libros de estudios de Esperanza, lo que pareció causarle gran enfado, ya que se puso a aullarle a su compañero en ése lenguaje tan raro. Por su parte, la chica, en aquél momento, maniatada por dos hombres con más pinta de mafiosos que de otra cosa, en un paraje extraño y desolador, no pudo evitar preocuparse por lo que le diría su madre si viese sus libros de matemáticas, sociales e inglés esparcidos, pisoteados y cubiertos de nieve. Los dos hombres, ahora aún más peligrosos que antes porque estaban enfadados, hicieron avanzar a Esperanza por los parajes llenos de nieve y hielo a empujones en la espalda, y así anduvieron bastante tiempo, descontando en el que levantaban a la muchacha una vez que se había caído de bruces por resbalarse en el hielo. La verdad es que no fue una marcha muy magistral. Pero al final los empujones y las caídas cesaron, para gran alivio de Esperanza, y los dos hombres de las cicatrices se adelantaron hacia una gran mole de roca con profundas grietas bordeadas de nieve, y algún que otro arbolillo triste y seco que crecía por allí cerca. Aunque los dos hombres habían desviado su atención en otra cosa, y le daban la espalda, ella no tenía muchas ganas de salir corriendo y huir. ¿Adónde iría? Y además, la idea de tener a dos hombres grandes y fuertes con cicatrices en la cara persiguiéndola por un desierto de hielo no le entusiasmaba mucho. Así que, como firmando ya su sentencia de muerte, se adelantó detrás de ellos con pasitos cortos. Parecían estar discutiendo por algo los dos hombres. Uno negaba y el otro afirmaba, pero al final, el mayor le soltó cuatro gritos al otro, y la conversación se resolvió de forma pacífica, sin ningún comentario más por parte del joven. Así que el mayor sacó en silencio un cuchillo de su bota, un cuchillo de la longitud que va desde la mano hasta el codo, con incrustaciones de rubíes y bañado de oro, lo cogió fuertemente y lo incrustó en la roca. El cuchillo no se rompió, pero la piedra se agrietó sonoramente, con rajas del tamaño de una persona bien alta. Los dos hombres escotaron a Esperanza a través de la grieta más grande, como si fuera lo más normal del mundo. Cuando ellos entraron, la grieta volvió a cerrarse silenciosamente, y la piedra quedó intacta de nuevo, con aspecto inocente.
CAPÍTULOS 12&13, SÍRVANSE USTEDES MISMOS!!! xD![]() Aclaraciones: De nuevo siento que se haya juntado todo, y dejando eso aparte, creo que es mi deber (y porque me apetece) señalar que el capítulo 13 es uno de los más importantes de la historia, por ahora el más importante que ha salido, según mi opinión. Así que no voy a enrollarme más, aquí tenéis el 12 y el 13!!!!! Difrutadlos!! 12Esperanza se despertó bruscamente… de nuevo. Se incorporó en la cama y se frotó los ojos. Las pesadillas no la dejaban dormir, ni esa noche, ni la anterior, ni la anterior… ya prácticamente no recordaba lo que era pegar ojo. Se estiró en la cama y miró el despertador. Pronto serían las siete de la mañana. Y tendría que volver al instituto, donde se volverían a reír de su pelo negro, de su piel blanca y de su extrema delgadez, y, el tema preferido de los alumnos: “¿por qué Esperaza es autista?”. Autista… qué tontería. Y no olvidemos los motes y las burlas que hacían de su nombre. ¿Acaso ella tenía la culpa de que a su madre le diera por ponerle un nombre ridículo? Menos mal que nadie sabía de las pesadillas que la atormentaban cada noche. Pesadillas de un lugar oscuro, y de una sombra de ojos brillantes que se inclinaba amenazadoramente hacia ella. Y en la parte que más miedo daba, una niña de cabellera rubia aparecía, gritando algo. De su cuerpo emanaban rayos, y la sombra desaparecía junto a ellos. Y entonces se despertaba. Siempre. Teniendo esos sueños, no era de extrañar que luego tuviera unas impresionantes ojeras por las mañanas, razonó mientras se observaba en el espejo del baño, al lavarse la cara. Ella a si misma no se veía fea, pero el rechazo y las risas y burlas de los demás habían dado pie a que se vistiera de negro y no se relacionara con nadie. Había acabado siendo “el alma en pena” del instituto… El despertador comenzó a sonar. . . . Después de mucho caminar, Enheas yo llegamos hasta el lago Luza. Se extendía ante nosotros como una larga sábana color cielo, y mecido suavemente por el viento daba una sensación de tranquilidad y de bienestar que nunca había experimentado. Enheas parecía indiferente. -Descansaremos aquí. Nos sentamos entre un grupo de árboles, a la orilla del lago. La hierba era verde y cómoda, y no pude evitar quitarme la capa y tumbarme bocarriba. El sol me acariciaba los párpados, al cerrarlos… y me dormí. Me despertó un viento helado. Instintivamente, me hice un ovillo y abrí los ojos. Mi capa me tapaba, y Enheas me miraba apoyado en un árbol. -El lago engaña. Durante el día hace un tiempo primaveral, y por la noche hace un frío helador. Estornudé, y me apreté aún más a la capa. Era verdad, la noche ya reinaba. Nos quedamos mirando la luna, callados, pues sabíamos que no hacía falta palabras en ese momento. Una dulce música sonaba de fondo; cientos de flautas nos ponían banda sonora. Eran las Nurvas, que cantaban a las estrellas… Esperanza abrió su taquilla, y buscó el libro de sociales y el de matemáticas. -Maldita sea, ¿dónde estáis? Susurró entre dientes. De repente, alguien le dio un golpe en la espalda. Se trataba de Jesse, el guapo estudiante de intercambio, que se dirigía hacia clase, seguido del habitual grupito de chicas cursis de risitas tontas. -Oh, excuse me, Esperanza. Dijo, mientras sonreía. El grupito de chicas se rió, creyendo que la sonrisa iba a ellas, taponaron el pasillo con sus chismorreos durante un buen rato. Pero una delgada figura, vestida de negro sabía a quién había sonreído Jesse. Cerró la puerta de la taquilla de un golpe. El corazón se le iba a salir del pecho. Jesse le había sonreído. Sus ojos verdes le habían mirado a ella. ¡A ella! Y además había pronunciado su nombre: Esperanza. Él era el primero que la llamaba así en mucho, demasiado tiempo. Tan perdida estaba en sus ensoñaciones que no se dio cuenta de que justo por detrás de ella acababa de pasar la chica más guapa del recinto: Andrea, a la que todos los chicos sonreían. Y tampoco se dio cuenta de que, a lo mejor, para un extranjero le era algo complicado decir “alma en pena”… Nada más terminar las clases, Esperanza se dirigió hacia la biblioteca. Era su lugar preferido, pues no había nadie allí, y se podía dedicar a leer novelas y cuentos, al abrigo de las acogedoras estanterías de libros que desfilaban por la estancia. Sus novelas preferidas eran las que comenzaban con un personaje desgraciado al que le sucedían cosas increíbles, como “Harry Potter”, pues se sentía identificada con el protagonista. Pero su historia solía ser mucho más cutre que la de sus libros: desde que su hermana mayor había desaparecido, sus padres estaban en el fondo de la más profunda melancolía. Aún no lo habían superado, y la existencia de Esperanza les pasaba inadvertida. Desde luego, tener un nombre como el de Esperanza y una vida así era pero que muy irónico… Ojala a ella también le ocurriesen sucesos increíbles… “Despierta, Esperanza”.-se dijo, agitando la cabeza-“Eso sólo pasa en esas novelas”. Devolvió tres gruesos libros, hizo los deberes y se marchó por fin a casa… -¡Papá, mamá, he vuelto! Gritó Esperanza, cerrando de un golpe la puerta de entrada, y tirando la mochila del instituto a un rincón, sin miramientos. Nadie respondió. “Era de esperar”, se dijo, mientras se servía un gran vaso de zumo de naranja, el que disfrutó largamente mientras se tragaba un culebrón sentada en el sofá. Al rato, su padre se dejó ver. Torpemente se acercó a la puerta y se apoyó en el marco cómo medio dormido. Tomás García era un hombre alto, moreno, de hombros anchos y buen parecer, y tenía el pelo negro cómo el carbón, el mismo pelo que el de Esperanza. Pese a su aparente buen aspecto físico, desde que Marielle se había dado ya definitivamente por desaparecida, el hombre andaba siempre por la casa como desorientado. -Hola, esto…Esperanza. -¡Ah! ¡Hola, papi! ¿Ya has vuelto del trabajo? -Mmmm… ¿trabajo? Preguntó Tomás, pasándose una mano por la frente, en señal de cansancio. -Sí, papá, el trabajo. Bueno, es igual. -¿Qué tal el instituto? “Bueno, al menos se acuerda de que voy al instituto…” -Muy bien, gracias, papá. “Realmente ha ido bien”, pensó Esperanza, recordando la sonrisa de Jesse, y sonriendo ella también. -Bueno, yo me voy a la cama. Suerte con los exámenes finales. Si estaban en otoño… La muchacha suspiró, y se dedicó a observar el cómo una chica rubia y un chico de pelo moreno se besaban apasionadamente, mientas la verdadera novia del chico los observaba desde un rincón con la boca abierta. 13 Un rayo de sol naciente trepó por mi cara y me despertó, haciéndome cosquillas en los párpados. Me desperecé con desgana mientras bostezaba, y busqué con la mirada a Enheas, en un movimiento casi robot. Y no lo encontró… Me puse con lentitud la capa y la bolsa, y, una vez ya preparada, comencé a preocuparme de verdad. Quizá me tenía que acostumbrar a esa faceta suya, quizá no teníamos que estar siempre uno al lado de otro… aunque me sentía muy sola sin él, porque, una vez acostumbrada a su forma de ser, había llegado a creer que me apreciaba de verdad. Fuese cómo fuese, mi instinto me decía que Enheas estaba bien. Ese fantasma tenía pinta de saber cómo cuidarse. Me asomé a la superficie del lago. Ni los pájaros cantaban, por temor a romper la serenidad de aquél lugar. Cerré los ojos y dejé que la suave y húmeda brisa me envolviese. La mano no había vuelto a dolerme. Eso era un alivio… Me la miré y solté un grito ahogado. Una mancha violeta se había empezado a extender por la palma, y se enroscaba a lo largo de los dedos cómo una enredadera. Mi brazo también había empezado a sufrir ese raro ataque. -¿Qué demonios es esto? Murmuré, palpando la mancha. Era de una sustancia dura y brillante, pero que se adaptaba perfectamente a los movimientos y a las arrugas de mi mano. Mientras observaba interesada mi mano, unas sombras emergieron estrepitosamente del agua y me agarraron de por debajo de los brazos. -¡Eh! ¿¡Qué pasa!? ¡Soltadme! No me sirvió de nada resistirme y patalear, porque las figuras me agarraban muy fuertemente como si en lugar de manos tuvieran tenazas, y me internaron en el lago bruscamente. Una vez dentro, me arrastraron con una sorprendente facilidad hacia una enorme puerta de cristal, situada entre un bosque de corales, y perteneciente a… De la sorpresa, abrí sin querer la boca, y de súbito me dio la impresión de que me había tragado al menos medio lago. Después de escasos segundos, (en los que no me ahogué por pura casualidad), las puertas del castillo de Zityaren se abrieron silenciosamente, y las dos figuras entraron llevándome a mí medio desmayada ya… Me arrojaron bruscamente a un frío suelo de mármol, dónde me quedé tumbada, tosiendo y vomitando agua, sin fuerzas. -¿Qué…qué sig…nifica todo esto?-Conseguí pronunciar, cogiendo aire entre cada sílaba. Nadie me hizo ni caso. -Señora, aquí está la princesa Aritnem. Al oír mi nombre, levanté la cabeza y me aparté el pelo mojado, que se había quedado pegado a mi cara… para ver a una bellísima criatura. Su cuerpo, transparente y ligero cómo el agua y con formas de mujer, se alzaba imponente delante de mí. Su cara era de rasgos delicados y de realeza, y su pelo era una lluvia de agua que, constante, caía por su espalda. Pero lo más bonito de todo eran sus ojos; pues tenían el iris plateado y brillante, y eran limpios y serenos. Toda ella parecía tan delicada, que difícilmente asimilé el semblante tan serio que ponía. Era Delta, reina de las Nurvas, conocida en las leyendas por ser la más bella de estos seres. Delta se levantó de su trono y avanzó hasta situarse enfrente mío. Observé que en un apoyabrazos de su trono había un gato blanco, que se lamía tranquilamente las patas delanteras. -Princesa Aritnem. Pronunció gravemente la reina. Parecía enfadada, pero… ¿Por qué razón? No había establecido en mi vida relación con las Nurvas. No podía ser… ¿Acaso había adivinado mi plan para soltar a la sombra? Jadeando aún, me incorporé. Con un movimiento de cabeza, Delta ordenó a las demás Nurvas que nos dejaran solas. -Princesa Aritnem, había oído hablar mucho de ti. Así que robando libros de las Sala Prohibida y escapándote de tu torre,¿eh?- Había un brillo extraño en su mirada, mientras daba vueltas a mi alrededor. El gato dejó de lamerse las patas, y nos miró, interesado.-Pues que sepas que te hemos descubierto. ¿¡Quéeee!? ¿Cómo podían haberme descubierto? -Yo…yo… No podía pronunciar palabra. La mirada de la Nurva me aterraba. -¿Quieres saber gracias a quién ha sido?- Me preguntó ella, poniendo un suave y falso tono de voz-Nos lo ha dicho todo tu gran amigo…Enheas. Una puerta se abrió, y de entre las sombras apareció Enheas, con el semblante serio, y la mirada, de nuevo, inescrutable. Delta se reía, triunfante, mientras yo me había quedado mirando al fantasma, las lágrimas resbalando copiosamente por mi cara. Otra traición, otra mentira… ¿mi vida estaba destinada al engaño? Definitivamente no me quedaba nadie en quién confiar. Estaba sola, completamente sola… Escondí la cabeza entre los brazos y me quedé llorando en el suelo, mi cuerpo temblando con cada sollozo, mientras una Nurva reía y un traidor me miraba. PD: Éste es un vídeo de uno de mis videojuegos preferidos, con el que crecí y al que quiero muuucho: Zelda. El vídeo es un trailer del nuevo juego que van a sacar, (supongo que para la nueva Game Cube), y tiene de fondo música de Linkin Park. Hala, por vuestra cara bonita!!!! xDDD http://www.youtube.com/watch?v=_sg_gOG8x5g 18/09/2006 17:54 Autor: celiadelgado. Enlace permanente. Tema: RELATOS No hay comentarios. Comentar. CAPÍTULOS 10&11. (quién iba a decir que ya fuésemos por ahí...) Bueno, dado que algunas personas que se leen este blog han pedido más capítulos de Oldawa más rápidamente, voy a concederles el deseo (xD) y os mando por ahora el capítulo 10 y el 11. Estoy pensando si poner un capítulo cada semana, o cada dos… no sé, no sé… ya me lo pensaré. Bueno, os dejo en esta compañía. Besitooos!!! (Pido perdón porque se haya juntado todo… es que es mucho texto, y aún soy demasiado novata como para controlarlo del todo. Espero que, aún así, se entienda.) 10Desperté bruscamente. ¡Me había quedado dormida encima del libro mientras lo estudiaba! Me desperecé y me asomé a la ventana. Tras horas y horas de leer lo único que había conseguido era cabecear. Y yo que creía que este libro de magia negra me daría alguna pista para mi venganza… pero no. “De toda formas,”-pensé- “no debo rendirme. Estoy segura de que hay alguna manera de vengarme de estos estúpidos.” Me vinieron a la cabeza las últimas palabras de Hilda.”Aritnem, no odies a nadie por lo que nos han hecho, pues recuerda que tú habrías hecho lo mismo…vive tranquila y…no…” Intenté retirar a Hilda de mi mente… resultaba demasiado doloroso. Pero justo entonces una idea me iluminó, y me dieron ganas de ponerme a dar saltos de alegría: ¡la sombra! La sombra que había acabado con mi aya podría sembrar la destrucción en Oldawa. Me imaginé a la gente vieja, al borde de la muerte, y entonces el monstruo que se revolvía constantemente en mi interior dio fuertes sacudidas, deseando que la masacre se realizara. ¿Qué los oldawenses me temían? Pues ahora tendrían una buena razón para hacerlo… Me centré de nuevo en el libro, deseando que se abriera en una parte de invocación. Como otras veces, el libro se abrió en la primera página de la parte deseada. Necesitaba rayos de nuevo… y otra persona para ayudarme a controlar a la sombra envejecedora, razoné. Al momento, pensé en Enheas. “Sólo quiero protegerte” dijo. Mas, avergonzada, negué con la cabeza. Él no me ayudaría… La verdad es que no podía contar con nadie. Desilusionada, apoyé la cabeza en el libro. ¡Y éste empezó a agitarse! Me levanté de un salto y comprobé que el libro había dado paso a una nueva página. Una página de crear seres vivos… “Crear un ser vivo es una tarea complicada, y con resultados peligrosos si no se realiza con suficiente habilidad. La cantidad de material necesario varía según el tamaño y la inteligencia del ser deseado. –El libro pasó a una página dónde se describía la creación de un oldawense con una inteligencia mediana. Cómo yo quería que mi ser creado fuera bastante listo, dupliqué aproximadamente todo lo que pude los ingredientes- Así pues, estos son los ingredientes necesitados para crear un oldawense: · Un animal (preferiblemente vivo), del que se deseen proporcionar sus habilidades al ser creado.· Cuatro mandrágoras de hoja amarilla.· Un colmillo de orco gigante.· Dos vasos de agua salada.· Una pluma de un pájaro del bosque de los Pájaros Terrestres.· Una palabra para nombrarlo.Aquél material era muy difícil de conseguir… excepto el nombre. Ya tenía pensada la palabra con la que nombrarlo. Si, él me ayudaría en mi venganza… Me terminé de leer la preparación: Todos estos ingredientes deben ser arrojados en el orden en el que aparecen a un gran caldero lleno con sangre de fénix, en una noche de tormenta. La misión que deba cumplir el ser creado deberá ser pronunciada nada más se termine el hechizo. Si esto no se hace, el oldawense creado tomará la libertad por su mano y se marchará… 11Comenzó a amanecer. El aire gélido de la noche se calentaba con la luz del sol, y la luna se retiraba, derrotada. Me colgué al hombro un bolso, del que colgaban varios saquitos de cuero, y le hice un pequeño encantamiento anti-gravitatorio a la bolsa para que no me pesara tanto. Luego me abroché una sencilla y tosca capa, tejida de finas enredaderas. Después de asegurarme de que la capucha me cubría bien la cara, salí de mi habitación. Bajar las escaleras y escaparme de la torre fue una tarea sencilla, pues nadie pareció darse cuenta de que, debajo de unos guantes, de un recio vestido y de la capa, se encontraba Aritnem, la supuesta princesa. En cuanto llegué al camino, abrí los brazos y respiré hondo. Los amaneceres de Oldawa eran únicos. Y olían tan bien… el ambiente me resultaba irreal, como el de un sueño… Con paso enérgico, comencé a andar por el mismo camino que había recorrido tantas veces con mi aya. Pero ahora lo veía desde otro ángulo. Ahora el camino no era el principio de un inocente paseo. Era el principio de una búsqueda. ¿Por dónde empezaría? Recorrí mentalmente el mapa de Oldawa. Lo más cercano era el bosque de los Pájaros Terrestres. Pues hacia allá me dirigiría. ¡A por la pluma! Después de dejar atrás la Latipac Atnalp, mi entusiasmo se enfrió. Nunca había pasado más allá de aquella ciudad. Peor tendría que hacerlo, si quería llegar a algún lado con la venganza… no tenía más remedio. Justo cuando estaba a punto de dar el primer paso más allá de la Latipac Atnalp, una sombra me tapó el sol por unos instantes. Miré hacia el cielo y vi lo que parecía un gran pájaro planeando lentamente, mientras descendía. Un momento. Aquello no se trataba de un pájaro. ¡Aquello era un dragón! Un enorme dragón de verdes escamas estaba a punto de aplastarme. Me tiré al suelo y rodé, hasta mantenerme lejos de su alcance. Cuando me incorporé, y le miré a la cara, me di cuenta de que su expresión no era de rabia, sino de dolor. Me acerqué con cautela y busqué entre sus escamas el origen de su agonía. Y lo encontré entre los omoplatos. Un pequeño dardo, casi imperceptible, estaba clavado profundamente. Cuando se lo arranqué, el dragón, antes tranquilo y quieto, expulsó una bola de fuego por su boca, al rugir. Se sacudió, pero yo lo calmé con suaves palabras. Taponé con la mano la hemorragia de la herida, mientras con a otra buscaba en mi bolso una botellita con un bálsamo que consiguiera curarla, o, al menos, calmar el dolor. Por fin la encontré, y vertí gran parte de su contenido en la herida. El dragón gimió. La extendí lentamente en círculos con unas hierbas, como me había enseñado Hilda, y luego di el trabajo por terminado. De repente, el dragón habló débilmente: -Observa tu mano. Me miré las manos, y comprobé con sorpresa que no había ni rastro de sangre en la mano con la que había taponado la hemorragia. Y tampoco estaban las hierbas manchadas de sangre. ¿Qué demonios ocurría? -Ahora sangre de dragón corre por tus venas. Sentenció el dragón. Luego, jadeando, desplegó las alas y alzó el vuelo hacia el horizonte… Yo no salí de mi asombro, pero una voz seria rompió mis ensoñaciones. -No durará mucho. El dardo estaba envenenado. Enheas salió tras unos matorrales, un arco al hombro y un carcaj en la espalda. -¡Tú!- sorprendida, di un paso hacia atrás- ¿Qué… qué haces aquí? -Es evidente. Matar dragones. -Así que fuiste tú quién le clavó el dardo. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué querría Enheas acabar con unas criaturas tan bellas cómo los dragones? Se encogió de hombros. -De alguna manera hay que ganarse la vida…princesa. Sólo cumplo lo que me mandan. -¿Lo que te mandan a ti? ¿a un alma libre? -¿Has conocido anteriormente a algún fantasma, para sentenciar que somos libres? Te sorprendería saber por lo que tenemos que pasar. Me callé, pensativa. Él se acercó un poco más. -Por cierto, que una princesa salga así por las buenas de su torre no es muy frecuente, ni está muy bien visto. ¿Te divierte saltarte las reglas? -Eso a ti no te incum… ¡ay! La mano izquierda me ardía. El dolor era tan fuerte que caí de rodillas al suelo, la mano apretada contra la tripa. Por primera vez desde que lo conocía, Enheas pareció preocuparse por algo. -¿Qué te ocurre? Déjame ver. Le tendí la mano, él la abrió lentamente y recorrió la palma con sus dedos. Su cara de concentración dejó paso a unas cejas encorvadas y una sonrisa. -Interesante. Retiré bruscamente la mano, más que nada porque me estaban empezando a entrar escalofríos, como cada vez que veía a Enheas. -Debo irme.- Declaré, mientras recogía mis cosas sin mirarle- Me espera un largo camino. Me estaba alejando ya cuando Enheas dijo a mis espaldas con una voz potente, casi gritando: -La mano empeorará. El dolor será más fuerte y agudo. Y tú no puedes hacer nada para calmarlo.- Me volví bruscamente, y él inclinó la cabeza con expresión de suficiencia- ¿me equivoco? AL ver que yo me había quedado petrificada, decidió especificar más. -Déjame acompañarte. Créeme, lo necesitas. Yo no sabía que decir. Por un lado, esa presencia misteriosa que llevaba siempre consigo me intimidaba pero, sorprendentemente, otra parte de mí había deseado siempre que él me acompañara… al final, me dejé convencer con que necesitaría a alguien que me protegiera, y Enheas parecía dar perfectamente la talla. Así que, irguiéndome, y con el semblante solemne, le comuniqué al fantasma mi decisión: -Está bien. Si prometes no matar más dragones, me acompañarás. Él soltó una carcajada, yo sonreí, y los dos pasamos de largo de la Latipac Atnalp. Y yo estaba alegre porque ya no estaba sola… 10/09/2006 15:40 Autor: celiadelgado. Enlace permanente. Tema: RELATOS No hay comentarios. Comentar. EL 8º Y 9º CAPÍTULO VIENEN EN UN 2x1!!!!!!![]() Por fin las puertas de la sala se abrieron, y los jefes de Oldawa se asomaron desde sus asientos, impacientes por conocer al muchacho elegido para cumplir la misión que tenían urgentemente que realizar. Por el bien de Oldawa, por supuesto. Y más de uno tuvo que hacer un esfuerzo por contener la sonrisa. Era perfecto. Mirada firme, paso decidido, y (como advirtieron agradablemente Firella, Delta y Stella Storm), se trataba de un fantasma bastante agraciado. El muchacho caminó hasta situarse en el centro del círculo, mientras la reina de las Staress volvía a su asiento. -¿Y bien? ¿Puedo conocer el motivo de esta reunión? Preguntó, mientras estudiaba las fracciones de cada uno de los allí presentes. Cervantes, como rey representante de los fantasmas, tomó la palabra el primero: -Egroj, ¿te acuerdas de tu deseo? -Enheas, me llamo Enheas-contesto el fantasma, algo incómodo-. Y si, claro que me acuerdo. -Solicitaste estar cerca de la princesa Aritnem, ¿no es así? Comento lentamente Firella, con voz calmada y relajante. -Si. -Pues bien, he aquí nuestro encargo.-Repuso Rodarepme, al tiempo que se levantaba. El muchacho enarcó la ceja. -Un momento, ¿encargo? -No te asustes, chico. Eres nuestro elegido. Es un cargo de honor. -Bien. ¿Y qué debería hacer, altezas? La respuesta de Rodarepme fue rapidísima, y la pronunció sólo después de mirar desesperadamente las caras de sus compañeros, como suplicándoles ayuda. -Tendrás que espiar a la princesa Aritnem. Mas el chico no se alarmó ni se enfadó, como todos esperaban. Únicamente sonrió. -Bien. 9-¿No te importa, pues, vigilar a la persona por la que has sacrificado tu cuerpo, y a la que seguro que querías proteger pon encima de todo? Preguntó Stella, visiblemente decepcionada por la reacción del fantasma. -Con todo el respeto, alteza, me consta que mis elecciones son únicamente mías. Ustedes querían que yo cumpliera una misión, y yo he accedido a realizarla-contestó serenamente Enheas-. Mas, ya que voy a vigilar a la princesa…me gustaría saber, al menos, a qué se debe mi intervención. -¡Ja, ja, ja! Bien, bien- aplaudió Rodarepme, agarrándose la gran barriga, cómo si temiese que se le fuera a caer de un momento a otro-. Eres un muchacho agudo, de eso no cabe la menor duda. Así que te lo vamos a explicar. ¿Cervantes? Cervantes se incorporó en su silla y tras lanzarle a Rodarepme una mirada heladora, se dispuso a relatar los hechos de su “original” modo: -La princesa Aritnem planea destruir Oldawa. Los libros de la Sala Prohibida nos informaron de que hace poco, la princesa retiró uno de su lugar. Eso no quiere decir nada bueno… -Ignora la primera parte. Y sólo son suposiciones… Se apresuró a añadir Firella. - Y desean que yo aclare sus suposiciones, ¿no es así? -Así es. -Será un honor. Zanjó Enheas, haciendo una teatral reverencia. -Bien, pues- Delta, la que hasta entonces se había dedicado únicamente a mirar aburrida la conversación, se levantó de repente.-siendo así, permitidme acompañaros hasta la salida. Anduvieron por tortuosos y zigzagueantes pasillos de mármol, atravesaron 38 puertas de madera labrada y al final llegaron a la puerta principal de Zityaren. Era una puerta imponente, de cristal aparentemente delicado, pero aun la más fuerte de las espadas no podría ni hacerle un rasguño… Imágenes de bellas Nurvas se hallaban esculpidas en las columnas que rodeaban la puerta, y un mosaico con la imagen de unas Nurvas sentadas en una roca, hechizando con su voz a unos marineros, adornaba el tímpano. Delta silbó, y unas cuantas Nurvas abrieron la pesada puerta, dando paso a un tifón que se planto en el centro de la sala, haciendo que todos saliesen despedidos hacia atrás (todos menos los fantasmas, a quienes el aire no afectaba, y, por supuesto, las propias Nurvas). Otro silbido de Delta, y el tifón salió fuera de la habitación y se situó en el borde de la puerta que comunicaba con el exterior. -Bien, ¿todos preparados? -Si, Delta, ya lo hemos hecho otras veces. Respondió Firella, incorporándose. -¡Pues hala!… ya os podéis ir. Contesto ofendida la reina de las Nurvas, cruzándose de brazos. -…Empieza tú, Rodarepme. Apremió Stella Storm. Rodarepme se incorporó y se acercó al fantasma. Principalmente le intentó estrechar la mano, pero luego de varias miradas significativas, se apresuró a desearle suerte efusivamente, y, avergonzado, se internó en el tifón. Giró sobre si mismo varias veces, cada vez más deprisa, y momentos después desapareció. Acto seguido, Cervantes le estrechó la mano (pues él era el único que podía), y también desapareció en el tifón. Luego vinieron Grounf y su traductor. Grounf, lo único que pronunció (según su traductor) fue un seco “hasta luego”. Posteriormente, Firella y Delta tuvieron dos largas discusiones: una por despedirse antes de Enheas (en la que ganó Firella), y otra aún más encarnizada; por la resistencia de Firella y de sus acompañantes a internarse en el gran tifón de agua. En esta ganó Delta, gracias a un fuerte empujón. Después de esto, la reina de las Nurvas se retiró a sus aposentos con la cabeza bien erguida. Sólo quedaba la reina de las Staress por despedirse del chico. Se le acercó, y le deseó suerte, al igual que los demás. Mas cuando estaba a punto de internarse en el tifón, se volvió hacia él y le preguntó: -Muchacho… ¿tú amas a la princesa? Enheas respondió fríamente. -Alteza, como ya le dije antaño, mis asuntos son únicamente de mi incumbencia. Lamento decepcionarle, pero no he cambiado de opinión. La reina de las Staress miró fijamente al fantasma durante unos instantes, y luego, en silencio, se internó en el torbellino, la melena verde oliva envolviéndole... PD: Para los que les guste el Final Fantasy para Play Station (creo), aquí teneis un vídeo-tributo-publicidad, miradlo como como queráis. A mí me encanta: http://www.youtube.com/watch?v=dRv1FRW1-18 02/09/2006 00:13 Autor: celiadelgado. Enlace permanente. Tema: RELATOS No hay comentarios. Comentar. YYYY... AQUÍ ESTÁ EL 7º CAPÍTULO!!!![]() Aquella era, sin duda, una gran reunión. Reyes y reinas representantes de todas las especies habitantes en Oldawa se hallaban parlamentando en La Gran Sala del palacio Zityaren, el que estaba situado en el fondo del lago Luza. Era un castillo magnífico. Plateado, con salas de mármol y almenas de cristal. Aunque parezca prácticamente increíble, ni una sola gota de agua se filtraba en su interior, pues un Hechizo Protector de Máximo Grado lo aislaba completamente de componentes no deseados en su interior, y, al mismo tiempo, cuando era necesario, como con la llegada de visitas, el castillo se llenaba de oxígeno. Y para entrar lo único necesario era lanzarse al interior del lago. Si Zityaren te dejaba pasar, aparecías en la entrada completamente seco. Si no, te habrías zambullido en un lago totalmente normal, y aparecerías chorreando en la orilla (si llegabas…). En el interior del castillo había tal numero de salas y de pasillos que un individuo que viajara solo, y decidiera aventurarse a recorrerlo, posiblemente no volviera a ver la luz del sol en su vida, o bien, (y esto era lo más probable), perdería el juicio. Esta maravilla era propiedad de las Nurvas, habitantes del agua, y llamadas vulgarmente sirenas. Y allí, en Zityaren, se habían reunido los distintos reyes/as y, también representantes de: los Hawerns, u orcos, conocidos por su brutal ferocidad, y su aspecto totalmente primitivo. Las Lavas, ninfas de fuego, cuyos bailes eran para los hombres lo mismo que los cantos de las Nurvas… Las Staress, o también llamadas hadas, las cuales revoloteaban de un lado a otro, impacientes, su larga melena verde oliva sin parar de ondear. También se hallaban allí los seres a los que llamaban simplemente, “Oldawenses” o “semi-humanos”, por ser iguales a éstos, pese a que este segundo nombre era lo más parecido a un insulto para ellos. Y por último, los fantasmas, o “los sueños sin cumplir”. Pues, en contra de lo que ocurre en la tierra, los fantasmas oldawenses son seres que vendan sus cuerpos a las Lavas, a cambio de que estas poderosas mujeres les concedan un deseo. Cualquier deseo. Y así, lo único que queda de estos individuos es su alma, que vaga por el mundo, dispuesta a cumplir su sueño, ahora que le han concedido el poder hacerlo… Todos ellos esperaban impacientes, sentados en unas altas sillas de madera labrada, las cuales estaban situadas de forma que formaran un círculo. Nadie sabía hacia donde mirar… Al fin, Stella Storm, la reina de las Staress, rompió el hielo. -¿Tardará mucho, Rodarepme? Preguntó secamente, dirigiéndose al emperador y representante de los Oldawenses. Éste, incómodo de pasar a ser el centro de atención de los presentes, comenzó a mesarse la barba pausadamente (“lo más importante es la imagen”, se repetía), y respondió: -No tardará mucho, supongo. -¿Estás seguro de que esto dará resultado? Comentó la reina de las Lavas, desconfiadamente. -Sin duda-Intervino el pedante consejero de Rodarepme, observando a los presentes con soberbia-.Él es el más indicado para estos casos, Firella. Dijo, refiriéndose a la antes nombrada. Era obvio que Firella y sus dos acompañantes (ambas mujeres, por supuesto) no se hallaban cómodas en aquel, palacio debajo del agua, y por ello desconfiaban más de lo normal de todo y de todos, (en cuanto al recién nombrado representante de los Oldawenses, más bien sentían compasión hacia el amedrentado hombre). Por supuesto, las Lavas no se acercarían bajo ningún pretexto a las Nurvas, pues estas dos especies eran, desde que fueron creadas, como “el fuego y el agua”, nunca mejor dicho… Algo rompió el incómodo silencio que se había vuelto a formar. Fue un gruñido procedente del jefe de los Hawerns, fácilmente reconocible por ser el más grande, fuerte y basto de todos (y el que más mal olía): -…drrragofness. Viendo que nadie de las sala había entendido realmente el sonido producido por el ser, otro hawern se apresuró a traducirlo, con evidente torpeza. -Dice quer donnde starr dragoness. Para sorpresa de todos, la reina de las Nurvas, Delta fue la que respondió con un deje de enfado en la voz. -Hasta el más diminuto y simple de los seres sabría que los dragones nos han traicionado, Grounf- dijo, refiriéndose al rey de los Hawerns-. Ya no se merecen estar entre nosotros. -¿A si?-preguntó interesada Firella- ¿Y cómo ocurrió? -Vosotras las Lavas nunca os enteráis de nada… claro, viviendo en el centro del desierto, dudo que las nuevas os lleguen.-Firella pasó por alto éste comentario- Los-dragones-se-negaron-a-seguir-el-plan-establecido. Recitó Delta, haciendo como si le costara mucho esfuerzo contarlo. -Ah, vale. Zanjó la representante del fuego, y se recostó en su silla de madera con la cabeza bien erguida, a pesar de que aún no terminaba de comprender en qué consistía el tal plan que los dragones supuestamente habían rechazado. A Firella le caían bien los dragones. Le parecían seres ingeniosos, rápidos e inteligentes. Quizás un poco orgullosos y excesivamente independientes, pero buenos amigos. El brillo de sus escamas, la majestuosidad de sus movimientos… eran los seres perfectos. Lástima que los demás reyes y emperadores no opinasen lo mismo… Posiblemente habría sido su independencia la que habría formado la imagen de traición en las mentes de los demás seres. Era comprensible… de no ser porque las Lavas también eran una especie independiente frente a las demás. Aunque, por supuesto, no tanto como los dragones. Los espectaculares dragones. -Volviendo al tema inicial- Comentó aburrida Stella Storm, mientras volaba hacia Cervantes, jefe de los fantasmas.-¿Por qué tuvo ese chico que convertirse en fantasma?¿Cuál era el deseo que con tanto anhelo necesitaba cumplir? -Puesto que nosotras somos las que concedemos los deseos, creo que esta pregunta tendría que ir dirigida a mi, Stella. Intervino Firella. Delta soltó un resoplido por lo bajo. -Bien, pues, ¿cuál era el deseo? -Eso no es de tu incumbencia. Únicamente lo necesitamos para detener a la princesa. -¿A la humana? Firella asintió con la cabeza. Sus largas pestañas blancas relucieron. Stella Storm se volvió hacia Cervantes, alarmada. -¡Pero si el chico es un fantasma! Es decir, un alma libre. ¡Únicamente puede cumplir su deseo, nada más! Cervantes sonrió. Fue una sonrisa terrorífica y perversa. -Exacto, su deseo. -Resulta que el chico ha deseado mantenerse cerca de la princesa. Aclaró Rodarepme, sin darle importancia, bajo una mirada acusadora de las Lavas. Pero Stella no acababa de comprender. Se situó de pie en el centro del círculo para evidenciar más su preocupación. -Pero… ¿no será para protegerla? En este caso, fue Firella la que respondió con una media sonrisa en la cara. -El simplemente dijo: “deseo estar cerca de la princesa”. -Para protegerla. El hada seguía en sus trece. -Posiblemente. Respondió Firella, aún más sonriente. Y YA Q STAMOS, ESTOS SON EL 5ª Y EL 6ª, JEJEJE.(SQ EL 5ª ES ALGO CORTO) 5Después de lo ocurrido no paré de llorar durante una semana. Me encerré en mi habitación y rechacé todo tipo de comida, ayuda y visita. Cada vez que veía a un Oldawense el fuego de la rabia volvía a arder en mi interior, amenazándome con vengarme por lo que había creído durante toda mi vida. Y aún no había asimilado lo de ser humana. ¿Cómo puedo ser de un planeta del que sólo se hablaba en las leyendas? Supongo que sería la única persona humana que procedía de aquel planeta. ¿Y qué habría pasado con mis padres? Posiblemente me habrían olvidado… o aún sufrían por mi ausencia. Me sentía tan mal por todo lo que había pasado que no podía siquiera levantarme de la cama… aún así lo intenté. Me incorporé, temblorosa, y conseguí acercarme hasta el espejo que se hallaba encima de la mesa. Y me miré la cara. Mi rostro, antes blanco como tiza, ahora estaba enrojecido a causa de las lágrimas, mis ojos, antes de un azul intenso y alegre, se habían transformado en dos trozos de negro y reluciente carbón. Y mi pelo… mi pelo seguía siendo tan rubio y resplandeciente como siempre. Mi mano se deslizó hacia la mesa, y toqué algo frío y delgado. Unas tijeras. No pude evitarlo. Largos mechones rubios cían al suelo, unos tras otros descendiendo lentamente. Y yo empuñaba las tijeras firmemente con una mano, y con la otra agarraba fuertemente el mechón siguiente, esperando así no arrepentirme de mi decisión. De todas formas, ya no había marcha atrás. A partir de ahora la Mentira me había dejado marcada, como indicaba mi nombre. 6 Después de tumbarme en la cama durante lo que me parecieron 2 horas, conseguí por fin que una idea se abriera paso entre la rabia y la frustración. Una idea de venganza. Una idea arriesgada, pero letal… Salí de mi habitación dando pasos pausados, con la cabeza erguida y el semblante serio. No miré a los guardias que me encontraba por el camino, aunque ellos hacían grandes aspavientos al ver mi pelo, o mejor dicho, lo que quedaba de mi pelo. Hasta Egroj se asustó, y tartamudeando, se acercó a mí y trató de averiguar la razón de mi extraño corte. Pero yo le hice callar con un gesto brusco de la mano, y seguí impasible hacia mi destino. Aquél chico de pelo oscuro y ojos grises no tenía de lo que sentía, y por mucho que lo deseara, nunca podría ayudarme… Por fin llegué… a la sala prohibida de mi torre. Las advertencias sobre esta sala resonaban en mis oídos… Y no eran formuladas en vano. Los libros de magia oscura se hallaban abiertos y esparcidos por toda la sala, como incitando al visitante a leerlos. Extraños y terroríficos seres se asomaban desde cuadros y botes de cristal, y las telarañas (que no escaseaban) le daban un aire peligroso y lúgubre a la estancia, si eso era ya posible. Aunque el enfado me cegaba todos los sentidos, tuve el suficiente sentido común para advertir la hostilidad de la habitación… Pero aún así di un paso, y luego otro. Primero temblando, y luego más y más firmemente. Pero una voz sonó detrás de mí, y me hizo dar un salto. -Yo que tú no lo haría. Me volví lentamente, y vi a Egroj, flotando detrás de mí. ¿Flotando? Si, Egroj se hallaba levitando, y lo que era más desconcertante: su piel se había vuelto plateada, casi transparente, como la de un… fantasma. Y su rostro, por primera vez desde que lo conocía, me miraba enfadado. -E…Egroj… -No lo hagas. Eso ya sonaba a amenaza. Pero yo estaba tan conmocionada por verle en ése estado que no pude responderle. Me costó horrores cerrar la boca. Me acerqué un poco a él, e intenté tocarlo, pero mi mano, simplemente… lo atravesó. Me retiré, asustada, mas él me seguía mirando con el mismo deje enfadado. -¿¡Qué te ha pasado!? Egroj continuó con su mirada inexcrutable. -Lo que me pase o me deje de pasar no es asunto tuyo, niña. Sólo he venido aquí para advertirte. -¿Ad… advertirme? Este no era el Egroj de siempre, tan cariñoso y animado. Este fantasma que tenía frente a mí era brusco y frío, y sus fracciones se habían vuelto más delicadas…en mi opinión, le favorecía este aspecto… ¿¡¡¡¡Pero en qué estaba pensando!!!!? El caso es que Egroj estaba raro. Muy raro. Me acerqué a una mesa y, automáticamente, el libro que necesitaba se lanzó a mis manos. Parecía que los libros estos también leían los pensamientos. Para comprobarlo, deseé que el que tenía entre mis manos se abriera, por ejemplo, en la página 56. Deseo concedido. La página 56 apareció limpiamente ante mis ojos. Sonreí y cerré el libro. Luego me lo apreté contra el pecho y me dispuse a salir. Pero Egroj se interpuso entre mí y la salida. Casi me había olvidado de él… Lo miré a los ojos, desafiante. -Déjame pasar. El ni se inmutó. -Egroj, te lo advierto. Me estaba empezando a enfadar. Al fin y al cabo, era un estúpido oldawense que me quería separar de mi propósito. ¡A mí! Egroj habló, pero esta vez sus palabras fueron más amables, aunque no tanto como antaño. -Aritnem, eres sólo una niña. No dejes que el odio influya en ti como lo está haciendo. -¿Influirme? ¿El odio? ¿De qué me estás hablando? ¿Cómo sabía el nada? Por lo que yo suponía, el no podía adivinar mis pensamientos… -Percibo el aura de las personas. En estos momentos, tu aura contiene un odio tan intenso que se ha extendido por todo el castillo. Temo por lo que puedas hacer. - ¿Temer? ¿Qué ibas a temer tú, fantasma? Mira, no sé por qué has adoptado la forma de Egroj, ni qué asuntos te han obligado a molestarme…-me estaba sacando de mis casillas- pero no necesito que te metas en mi vida. Él frunció el ceño y se acercó más a mí. Un escalofrío me recorrió de arriba abajo:-¿De verdad crees que no soy Egroj?- parecía divertido –No tienes pruebas-. -¡Egroj no era un fantasma! ¿Egroj era un…! Había estado a punto de decir “humano”. De repente y sin saber cómo, las lágrimas resbalaban por mis mejillas. Bajé la cabeza para que el fantasma no me viera llorar. -No sé ni quién eres, ni cómo sabes tanto sobre mí… Ni siquiera sé cómo debo llamarte, fantasma. Él me levantó la cabeza y me limpió las lágrimas. -Llámame Enheas. Enheas… ese nombre no tenía ni pies ni cabeza, pero le quedaba bastante bien. -Aritnem, lo único que quiero es protegerte. Dijo mientras me cogía la cabeza con las manos: -Mientes. Tú lo que quieres es ayudar a los oldawenses. -Te equivocas. -Entonces, ¿por qué adoptas la forma de uno de ellos? Su mirada, antes tan dulce, cambió de repente para volverse fría de nuevo. Pero no me soltó. Y, de repente, me di cuenta de algo. -Enheas ¿por qué tú me puedes tocar y yo a ti no? De nuevo, su expresión se dulcificó. -Es una de las “libertades” de ser fantasma. Dijo, como sin darle importancia. Levanté más la cabeza. Sus ojos me atraían, de algún modo. Eran tan…expresivos. Sin darme cuenta me había quedado embobada mirándole. Y él lo percibió. Riéndose, se alejó de mí. Yo me sonrojé hasta la médula y el silencio se volvió algo incómodo. Hasta que me di cuenta de que llevaba un libro entre los brazos. Aprovechando aquel momento de distracción por parte de Enheas, eché a correr hacia la salida y no paré hasta llegar a mi habitación y cerrar la puerta rápidamente. Los gritos de Enheas me persiguieron durante la escapada, pero luego no supe más de él… ni de sus expresivos ojos. Cada vez que los recordaba un escalofrío me erizaba el cabello. Pero había conseguido el libro. Y mi venganza daría comienzo por fin.
NUNCA VIENE MAL ALGO DE POESÍA...no?![]() Weno, visto q stoy mu emocionada cn todo esto d los relatos, se me ha ocurrido la (por supuesto, brillante ESPERANZA: Cuándo la luz desaparece Cuándo sólo queda el final Y ha vencido la soledad. Cuándo el océano es un lago, El huracán, una brisa Todo se vuelve más pequeño Y el tiempo pasa más deprisa. Ya no tienes fuerza suficiente Para alzarte y plantarle cara Al demonio impertinente Que se asoma a tu ventana. Nunca te lo has planteado Pero, tal vez Aún queden esperanzas En tu mundo desdichado. La niebla se desvanece -poco a poco- Y ya ves con tanta claridad Que sospechas haberte vuelto loco. El mar ya es grande y salado, El huracán aún no ha parado Y lo vives todo muy lento Pues disfrutas de cada momento. Cuándo la luz desaparece, Cuándo todo se desvanece Cuándo sólo queda el final Y ha vencido la soledad. Cuándo te ocurra eso Espero que no puedas olvidar -y atente bien a esto- Que con una buena amiga siempre podrás contar… El demonio huyó…
Y CON TOOS USTEDES:AQUÍ VIENE EL 4º CAPÍTULOOO¡¡¡¡¡¡¡¡¡ 4Me desperté en un lugar muy familiar: mi cuarto. Me hallaba tendida sobre la cama, aún con mi vestido de paseo, y cubierta de sudor. Respiré hondo y busqué con la mirada a Hilda. Esperaba encontrarla a los pies de mi cama, velando por mis sueños, como cada vez que me iba a dormir. Estaba pensando eso cuando todos los recuerdos vinieron a mi mente: aquella terrorífica sombra, la niña llorando y Hilda… ¿y Hilda? Me levanté rápidamente, aunque mis pocas fuerzas casi me hacen caer de nuevo. Recorrí todo lo deprisa que pude la estancia, y bajé a la habitación de abajo, donde Hilda y yo solíamos comer… Allí me encontré a varios guardias, que se alarmaron al verme. -¡On, asecnirp Aritnem, on edeb rajab íuqa! Esayab. - On os osneip olrecah.-respondí yo firmemente- ¿Ednod atse Hilda? -Aroha on edeup rev a us aya. El somagor euq es ayav.-Me dijeron ellos, empujándome hacia la puerta. -¡ON! OREIUQ REV A IM AYA. ¿EDNOD ATSÉ? Estos malditos pesados ya me estaban empezando a cansar, y yo a ellos también. Y justo cuando uno de los guardias iba a perder la compostura, una voz que me resultó familiar me llamó débilmente: -Aritnem nev… Me acerqué lentamente hacia la procedencia de aquellos susurros. Provenían de una cama que se hallaba en un rincón de la estancia. -No tengas miedo, pequeña. Estaba utilizando el lenguaje humano… ése lenguaje sólo lo conocíamos dos personas: ¡Hilda y yo! La alegría me invadió, y corrí hacia la cama. Pero en cuanto me asomé a ver a mi aya no pude evitar gritar. Ésa no era Hilda. ¿Qué había sido de aquella piel sonrosada? ¿Y de aquél pelo fuerte y sedoso? Esta persona no me recordaba a Hilda para nada… Ahora la piel era pálida como la de los muertos, seca y llena de… arrugas. Y su pelo estaba lacio, fino y blanco como la nieve. No hay nadie que responda a ésta descripción en Oldawa, todo el mundo vive cientos de años con el mismo aspecto. Y nadie ha envejecido nunca. Sólo conocemos la vejez a través de los cuentos que nos leen, y que, al parecer, han ido pasando de generación en generación. Cuentos fantásticos. Esto es algo FUERA DE LO NORMAL. Con razón los guardias estaban tan conmocionados… -Aritnem, corazón, no me va a pasar nada.-Me dijo ella con su voz tranquilizadora, ahora más ronca y apagada- Escucha, acércate. Al fin y al cabo, se trataba de mi aya, ¿no? No tendría que sufrir repelús de ningún tipo… así que me acerque más a ella. -Hilda, ¿qué te han hecho? -No me queda mucho tiempo, así que te contaré todo lo que pueda. -¿De qué estás hablando? ¿¡Hilda, qué te pasa!? -Aritnem, por favor, déjame hablar. Tragué saliva y asentí. Hilda estaba demasiado cariñosa. “¿Te acuerdas de cómo eras de pequeña? No, claro que no te acuerdas. Tú naciste en una casa terrestre, de unos padres humanos. Te encantaban las tormentas… te gustaba ver la energía en su mayor plenitud, por muy peligrosa que resultase. Un día saliste de casa cuando la tormenta estaba en su mayor intensidad. Rayos caían por todas partes. Los truenos resonaban en tus oídos, y la lluvia te despejaba la mente. ¿No es así? Asentí, aunque extrañada. Hilda no sabía nada sobre mi anterior vida… ¿o sí? “Tus padres intentaron impedir que salieras, pero tú, como de costumbre, los ignoraste. Y de repente, te cayó uno de los muchos rayos que iluminaban el cielo. Y desapareciste. Del resto seguro que te acuerdas.” Sí, cómo me iba a olvidar de cuando me hallé de repente en un bosque profundo y oscuro…Estuve buscando la salida durante horas, sin resultados. Lo único que encontré fueron árboles y más oscuridad. De vez en cuando se oía algún graznido o pitido, lo que me asustaba bastante. Incluso vi a sombras esconderse rápidamente tras los árboles, y acecharme tras éstos, sus ojos reluciendo amenazadoramente. Pero hubo unos instantes en los que el bosque entero guardó silencio completamente, lo que lo hizo aún más amenazador aún… Y yo empecé a inquietarme de verdad. De momento, un agobio empezó a extenderse por todo mi cuerpo (ya se ve que soy como un imán para las sensaciones extrañas). La sensación de estar atrapada como un ratón en una ratonera. La sensación de desolación que da el no poder escapar. Una sombra con ojos brillantes se me acercaba, envolviéndome. Y no podía gritar, ni moverme. La sombra se cernía sobre mí… yo gritaba e intentaba revolverme, pero era en vano. Jadeé, pensando que era el fin, y que todo había terminado para mí… Y entonces llegó Hilda. Fue avanzando lentamente hasta acercarse a mí y a la sombra. Nos miraba sin que un solo atisbo de miedo se reflejara en su mirada. Reconozco que me impresionó enormemente…Pronunció unas palabras muy extrañas y cielo y tierra se removieron, para dejar paso a unos imponentes rayos que cayeron alrededor de nosotros, sin rozarnos. Esos rayos que a mí tanto me gustaban, pero que a partir de ése día odio… Mi salvadora me rescató de las garras de aquel ser, y yo me escondí tras ella, sollozando, y lo único que pude ver fue como uno de aquellos rayos que caían le acertaba de lleno a la sombra, sin duda por obra de Hilda… (Que quede claro que yo aún desconocía la identidad de la mujer) La sombra fue envuelta por el rayo, y momentos después desapareció sin dejar rastro, junto a la tormenta creada por Hilda. Más tarde, los ciudadanos de la Latipac Atnalp me nombraron su princesa, y edificaron una torre para que me sirviera de vivienda. Mi torre. Y Hilda se presentó voluntaria para convertirse en mi aya, y por lo tanto, para cuidarme y hacerse cargo de mí. Y ésta es mi historia… ¡Un momento! Las piezas del puzzle encajaban: la sombra era idéntica en los dos casos, así que debió ser la misma… los rayos, la niña… ¡a la niña que lloraba también le debió caer un rayo, y por eso apareció en la plaza de la Latipac Atnalp! Claro que siempre podía ser una simple niña Oldawense. Pero si mal no recordaba, en la plaza no había ni un alma, así que las probabilidades de que una niña tan pequeña apareciera así por las buenas en esas circunstancias era prácticamente nulas. Así que tendría que ser humana. Y en cuanto ala sombra… la sombra desapareció la primera vez gracias a un rayo provocado por Hilda (en Oldawa el emplear la magia es un acto corriente)… me pregunté si uno de mis rayos le habría hecho desaparecer… Y Hilda… ¿eso es lo que pasa cuando la sombra te atrapa? Las dudas bullían en mi mente. Mi aya, al ver mi cara pensativa, adivinó lo que acababa de descubrir. -Aritnem, dime, ¿te has preguntado alguna vez por qué mi nombre no se pronuncia al revés, en el idioma séver? Pues la verdad es que no. Para mi Hilda siempre había sido así, Hilda. Nunca había dudado nada, lo veía todo tan claro…antes. -Yo también fui humana, Aritnem. ¡Claro, por eso era la única persona que conocía el idioma terrestre! Hilda me cogió las manos con las suyas, huesudas y pálidas, haciendo que un escalofrío me recorriera de pies a cabeza (otra vez). En sus ojos había un destello de cariño, pero también… de tristeza. -¿Sabes por qué te nombraron los oldawenses su princesa, a mí tu aya, y nos llevaron a esta torre, Aritnem? Negué con la cabeza. -Dime, ¿qué harías tú si fueras terrestre, no supieras nada sobre este mundo y de repente apareciera por el cielo de tu ciudad un dragón? -Lo…encerraría. Supongo. Mi aya asintió, complacida. -Pues eso es lo que nos han hecho a nosotras, cielo. Los oldawenses consideran al género humano una amenaza, y es lo más natural, pues todo ser vivo teme lo que o conoce. Y en este caso temían de nosotras, una simple mujer y una niña… “Nos consideran peligrosas, Aritnem. Por eso nos alejaron de la capital. Por eso vivimos en una torre. El título de princesa fue una excusa para traernos aquí, corazón. Recuérdalo. No me podía creer lo que estaba diciendo mi aya. Miré hacia los soldados, (los que nos observaban algo asustados, a causa del lenguaje que estábamos utilizando), y no pude contener el extraño fuego que empezaba a arder en mi interior. El fuego de sentirse traicionada, de creer en algo que nunca había existido, que sólo había servido para encubrir una verdad espeluznante… Pero no pude concentrarme por mucho tiempo en ése odio, porque Hilda habló de nuevo: -Aritnem, no odies a nadie por lo que nos han hecho, pues recuerda que tú habrías hecho lo mismo… vive tranquila y… no… -¡¡¡¡Hilda!!!! ¿Qué pasa? ¡¡¡¡Hilda, responde!!!! Hilda no terminó la frase. Exhaló su último suspiro y murió. Y ESTE ES EL 2º CAPÍTULO (Q TMBN ES MU LARGO)... Xd 3 Poco a poco me fui acercando hacia el mercado y los gritos se iban oyendo más y más. Al final, llegué a la desembocadura de la calle en la plaza. Los gritos ya retumbaban en mis oídos. Cautelosamente, me asomé para averiguar qué estaba pasando y lo que vi me dejó atónita: Los gritos procedían de una niña muy delgada, que estaba hecha un ovillo contra la pared, la cabeza tapada por los brazos. No me di cuenta de qué era lo que la hacía gritar tan desesperadamente hasta que un rayo que anunciaba el comienzo de una tormenta lo iluminó. Una gran sombra negra daba vueltas alrededor de la niña una y otra vez, amenazadoramente. Era realmente aterradora. Al verla, algo se despertó dentro de mí. Una sensación (otra) de poder y energía que nunca había experimentado. Esta, junto a la sensación que había sentido anteriormente, me provocaron unas ganas irrefrenables de salir y enfrentarme contra esa sombra. Tales eran esas ganas que, sin pensármelo dos veces, me planté en el centro de la plaza. La sombra se volvió bruscamente y la niña dejó de gritar… -¡Déjala en paz! La sombra emitió un sonido parecido al chocar de dos sartenes. Se estaba riendo. Dejó de girar alrededor de la niña y se acercó a mi. Pero yo no me dejé intimidar. Me quedé inmóvil y mirando al frente fijamente mientras ella daba vueltas lentamente a mi alrededor. Aún se reía. Pero ella no sabía de lo que yo era capaz en aquellos momentos. No, ella no lo sabía… El odio y una repentina furia que me invadían eran más fuertes que el miedo que sentía hacia esa sombra que me amenazaba. Al fin y al cabo, yo era una princesa, se supone que debía ser valiente, y defender a mis súbditos de seres peligrosos aunque pusiera mi vida en ello, ¿no? Así que apreté los puños y le miré a la… a lo que supongo que sería su cara. Me horroricé. Aquella sombra lo único que tenía eran unos ojos muy extraños y terroríficos. Eran blancos, pero tenían doce puntitos que los rodeaban, y dos palos, uno más largo que el otro, los cuales estaban ahora señalando a dos puntitos diferentes. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, y apreté más los puños, hasta hacerme daño. De repente, la sombra paró y miró hacia una calle. Yo miré también hacia allí, y vi a Hilda corriendo hacia aquí, y agitando los brazos. Yo le grité que no se acercara, pero ella no hizo caso, y vino gritando mi nombre, los pelos revueltos por la carrera. Y se quedó parada al observar la escena. La sombra se acercó lentamente hacia ella. Yo , de repente, me había quedado paralizada, y no podía ayudar a mi aya… sólo podía gritar. La niña seguía sollozando, pero al menos no con tanta fuerza como antes. Su llanto se había aplacado un poco, pues la sombra había dejado de acosarla, pero aún miraba aterrada como se iba aproximando hacia Hilda, lenta pero inexorablemente. Imágenes horribles me invadían, y eso hacía que esa energía que se estaba desatando dentro de mi creciera. Imágenes de Hilda gritando de dolor, mientras la sombra se cernía sobre ella… Por su parte, mi aya verdadera también se había quedado totalmente rígida, mirando a aquel ser. Su piel iba perdiendo rápidamente su rosado color, y sus ojos, literalmente, se le salían de las órbitas. Como en las imágenes que se me aparecían, la sombra se cernió sobre Hilda. Pero, al contrario que en estas la mujer no emitió sonido alguno. Se limitó a mover los labios rápidamente, pronunciando palabras que desde mi situación no pude oír. Mi mente se nubló. Aquella cosa iba a hacerle daño a la única persona que me había cuidado y protegido desde que nací. A la que me enseñó y me quiso como nadie. Aunque era un poco mandona, Hilda era la única persona que me quedaba. Y no iba a permitir que le hicieran daño. Al pensar esto, de repente la energía que se me había estado acumulando se disparó. De mi cuerpo empezaron a brotar pequeñas chispas. Luego más grandes. Y, finalmente, una luz dorada me envolvió, y miles de rayos se dispersaron hacia todos lados desde mi cuerpo. Energía transformada en increíbles rayos que iluminaron la plaza durante unos instantes, como si hubiera salido de nuevo el sol, y se hubiera multiplicado su luz…pues desde que aquél ser había llegado a la ciudad, todo se había oscurecido, como si un dragón se hubiera tragado las estrellas. Grité de rabia… Y de repente, todo lo que me rodeaba desapareció. Lo único que sentí antes de perder el conocimiento fue que me levantaban y me transportaban con ligereza y suavidad, como si fuera una pluma… WENU, POS ESTE ES EL PRIMER CAPÍTULO D OLDAWA, OK? ES MU LARGO...![]() Oldawa Mi profesora particular me ayuda a estudiar geografía, y también a desenvolverme con el idioma séver, pero es muy difícil acostumbrarme a decir “¡Aloh!” En vez de “¡Hola!”. Bueno, después de este pequeño incidente, y después de escapar de la regañida de Hilda (al final me encontró,, escondida en un tronco hueco en compañía de unas ardillas) nos encaminamos hacia Latipac Atnalp por el sendero principal. Por el camino, muchos carros cargados con mercancías para comerciar en Sanud ed Latem se nos cruzaron, haciendo un ruidillo muy agradable cuando las ruedas pisaban la grava. En cuanto vislumbramos las casas de la ciudad, yo me puse muy contenta, y eché a correr, seguida de los familiares gritos de Hilda. Pero cuando me fui acercando, me di cuenta de que lo que oía no era el bullicio propio de la Latipac, sino otro tipo de sonido, uno terrible, que me producía escalofríos por todo el cuerpo… el ramo cayó al suelo. OLDAWA AL ATAQUEEEE¡¡¡¡¡¡¡![]() Últimamente estoy escribiendo una novela de ciencia-ficción y fantasía, a la que aún no le he puesto título, pero que la gente se ha empeñado en llamar Oldawa, pues así se llama el mundo donde transcurre la historia, así que al final no he tenido más remedio que llamarla así... de todas formas, estaba desesperada por conseguir un buen título para ella,y ése me viene como anillo al dedo Así que este espacio está reservado para trozos de la novela que iré escribiendo y renovando,ok? Bueno, espero que os guste... actualmente llevo únicamente (¡¡unicamente!!) 18 páginas a ordenador así que...bueno, voy a tener que escribir mucho... que perezaaaaaa¡¡¡¡Me parece que lo que voy a hacer es cortar y pegar, cortar y pegar... si, eso será lo mejor (y lo más fácil, jejeje) Por cierto, que no he hablado sobre mi, me refiero a los libros que me gustan...(me encanta hablar sobre mí...) bueno, con el 1º puesto va "Memorias de Idhún", un autetico culebrón..¡¡¡me encanta¡¡¡¡ mi preferido es Kirtash o Chiristian, es igual.. con el 2º puesto va "Harry Poter", pero va bajando, eh? y con el 3º puesto ( y subiendo) está la trilogía de "Los Elegidos". Lo recomiendo,en serio... en fin, esto es todo por ahoraaa¡¡¡ Y como siempre, la adorada imágen... 11/04/2006 16:16 Autor: celiadelgado. Enlace permanente. Tema: RELATOS No hay comentarios. Comentar. |
*VivO pArA DeMoStRaR lO iMpOsIbLe*Felices los que nada esperan, porque nunca serán defraudados...
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